Por Emilio Carrera Rivera

A simple vista la novela La muerte de Bunny Munro de Nick Cave puede percibirse  como un acto de provocación, un desafió irreverente, una ocurrencia de una celebridad consagrada y un puñetazo directo al rostro de la corrección política, pero en realidad la novela es algo mucho más complejo y profundo; nos muestra la tragedia de un hombre atrapado en sus adicciones, y su degradación paulatina, hasta perderlo todo.

Bunny es vendedor de productos de belleza, mentiroso y zalamero, presuntuoso y bufonesco,  que aprovecha la soledad de sus clientas, más necesitadas de atención que de cosméticos, para triunfar como mercader de ilusiones. Alcohólico y adicto a los somníferos, sufre una condición particular: Todos sus pensamientos y acciones están orientadas al sexo. Aún en las situaciones más extremas y funestas Bunny no puede controlar la compulsión.

La vida de Bunny cambia tras el suicidio premeditado de su esposa, Libby.

Tras la  rotunda negativa de ayuda por parte de su familia política —Que lo responsabiliza, justificadamente, de la muerte de su hija—, deberá hacerse cargo de su hijo de nueve años. Agobiado e incapaz de razonar con lucidez, intentando escapar del remordimiento y de la imagen de su esposa colgada en el baño, decide llevar al niño a su ruta de ventas, para “enseñarle” con el ejemplo cómo ganarse la vida.

Bunny boy, en su nueva faceta de copiloto, tratando de ignorar la tragedia, busca ganarse el afecto y la aprobación de su padre y ante su indiferencia, materializa el recuerdo de su madre para hacerse compañía. Bunny boy, desde el asiento del pasajero, es testigo del progresivo deterioro mental y físico de su padre, y de las cada vez más constantes humillaciones que sufre por sus conductas aberrantes.

Bunny recibe el ultimátum telefónico de la enfermera que cuida a su padre:

—Lo dejo. Su padre se muere, señor Munro.

La confrontación con Bunny Senior, enfermo de cáncer, es el empujón final hacia la locura y la muerte. Tras una discusión con su padre, en un ataque de nervios, Bunny encontrará la muerte.

Un asesino disfrazado de diablo, un camión de color granate conducido por un sujeto de brazo tatuado, Kylie Minogue y Avril Lavigne acompañarán a Bunny en su fuga, aferrándose a sus fantasías sexuales y a la masturbación compulsiva, en un intento desesperado para evadirse de la realidad.

Es difícil comprender la lógica de un adicto conductual como Bunny. Su comportamiento aberrante, que lo lleva a masturbarse durante el velorio de su esposa, o sus asquerosas fantasías, como la de encontrar una caja de cerillos que contiene una buena cantidad de clítoris que se retuercen como pequeños gusanos, hacen de Bunny un sujeto repugnante.

Nick Cave nos describe de forma explícita y directa, con humor mordaz e irónico, el infierno en el que vive un adicto al sexo, su aislamiento, y el sufrimiento al que somete a las personas que lo rodean.

En estos tiempos, en los que priva los prejuicios bajo la bandera de lo  políticamente correcto, como una sutil forma de censura, y abundan los inquisidores de buenas conciencias, sorprende la nueva edición de Editorial Malpaso. La muerte de Bunny Munro es un libro que rompe con la tendencia actual de evitar, en medida de lo posible, palabras o describir situaciones que pudieran ser ofensivas o herir susceptibilidades. La portada misma del libro puede escandalizar a más de uno ahora que hemos llegado al exceso de considerar ofensivo exhibir a una mujer desnuda.

Como el título nos indica, la suerte de Bunny terminó, pero Nick Cave le concede la redención antes de partir.

“Es verdad que yo era comerciante, repartía dolor de puerta en puerta”.

 

La muerte de Bunny Munro es la segunda novela de Nick Cave, retomada este año por Malpaso

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