El pasado domingo, con la simpleza propia de un analista estéril que sólo muestra una gráfica, se puede argumentar que el PSOE liderado por Pedro Sánchez había ganado las elecciones de forma y contundente en España. Incluso, estuvo muy cerca de alcanzar la mayoría para formar gobierno. Sin embargo, en los sistemas parlamentarios se necesitan números precisos para alcanzar una mayoría y gobernar. Lo que sí consiguió el PSOE es una posición política muy cómoda y una oposición muy debilitada por fracaso del PP.  Así, las pasadas elecciones generales registraron que, con el 99% de los votos escrutados, el PSOE logró 123 escaños y Unidos Podemos 42. Mientras que el PP se quedó con 66 escaños, una disminución muy considerable si se compara con los 135 escaños que obtuvo en 2016. Ciudadanos subió a 57 e irrumpe el polémico partido VOX que entra por primera vez a la Cámara con 24. ERC obtendría 15 escaños, lo que lo que por primera vez lo ubica como el ganador de la Comunidad de Cataluña. Junts per Catalunya obtuvo 7 y el PNV subió  a 6s. Bildu aumento al doble y logró 4 escaños.

A partir de este resultado hay muchas lecturas. En primer lugar se observa una derrota desastrosa  de la derecha que se fraccionó en tres partes. Esto, benefició al PSOE, que es el único partido que tiene en sus manos construir mediante acuerdos una mayoría . En la derecha, Ciudadanos tuvo cierto éxito pues estuvo muy cercano de arrebatar el liderazgo de esa ideología al PP. De hecho, un pacto de unión con el PSOE, le permitiría sumar la mayoría absoluta. Pero el líder de este partido, Rivera, descartó esa posibilidad. Por su parte el PSOE tampoco tiene intención de pactar con el partido de Pedro Sánchez.

En la batalla de las ideologías, la izquierda ganó con claridad el PSOE y Podemos, sumando 164 curules. Es decir, 18 escaños más que la derecha (PP, Cs y Vox). Lo cual, forzará en estos partidos una recomposición interna y deja muy tocado al líder del PP, Pablo Casado, que ha tenido el peor resultado de la historia del PP, después de alcanzar él su liderazgo. Por su parte, la extrema derecha de VOX encabezada por Santiago Abascal ha sido la gran protagonista de las elecciones, al entrar de forma contundente en el Congreso, con 24 parlamentarios. Sin embargo,  no son decisivos para formar Gobierno y se han quedado muy lejos de sus cálculos.

En cuanto a los independentistas, la victoria de ERC frente a Junts per Catalunya, el grupo de Carles Puigdemont, en su batalla por el liderazgo del independentismo, ha logrado 15 escaños frente a 7 de los rivales, lo cual da margen tanto a Sánchez para buscar un acercamiento. Pero Sánchez ni siquiera lo necesita.

Ciudadanos es otro de los grandes ganadores de las elecciones, aunque su éxito puede ser inútil. A pesar de la aparición de VOX, el partido de Albert Rivera habría logrado subir 25 escaños y quedarse a solo nueve del PP. Este partido ahora será un referente claro del espacio del centro-derecha.

Desde estos días y en las próximas semanas, llega el momento de hacer lo propio con los acuerdos. Pues, para Sánchez de poco sirve la presidencia si no puede ejercerla  con plenitud. Así que, la pregunta de importancia es cómo y hacia dónde gobernará. Lo que es un hecho es que, el punto mínimo para garantizar la gobernabilidad está en la mitad más uno de los escaños, y así exista una mayoría de 176 nítidamente de izquierdas en el nuevo Congreso: la formada por el PSOE, UP, En Comú Podem, Compromís, ERC, y EH Bildu (185 diputados).

El mapa plasmado después de la elección advierte muchos caminos, pero para alcanzar la estabilidad que requiere España, dependerá de cómo los líderes y los partidos revisen sus respectivas estrategias y  acuerdos.

Comentarios

Comentarios