No todo está perdido, la brecha digital entre el pasado, el presente y el futuro es cada vez más reducida. Los jóvenes determinados que saben buscar en el mundo digital, con las herramientas interdisciplinarias de los viejos tiempos, serán aquellos que encuentren las respuestas más pertinentes para el futuro inmediato. Ellos serán los primeros en derribar los absolutos que polarizan nuestra sociedad o pereceremos como raza en el intento.

Al final la vida se nos va en sentir. En sentir desde nuestra respiración hasta la pena/ira que acompaña la pérdida material/espiritual de un ser amado. No sabemos cómo transitar entre reír y llorar… cosa que a los griegos se le atribuyó en occidente, el descubrimiento de la dicotomía existencial del ser humano.

Qué esconde la música de una parte de este presente sino la semilla de toda una generación fresquecita. Consientes, los menos, del mundo en ruinas que les está siendo entregado en forma de deuda por el amo Capital.

A estas alturas y con tanta información ya todos deberíamos saber que todo está perdido, pero es que somos aferrados al instante y al potencial eterno que en el recuerdo yace, para soportar nuestra ausencia una eternidad.

Vivimos en un tiempo de consignas atemporales que siempre han existido y siempre en todos los tiempos, entre todas las personas, han tenido razón de ser y terminan siendo las excepciones que rompen las reglas. No somos especiales, pero viviremos el momento, y el momento vivirá por siempre.

 

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