Un texto sobre la omnipresencia de Krafterk en el pop.

Por David Cortés

“Metal on Metal”: a los sonidos sintéticos de los teclados se une el golpeteo de una percusión metálica. La mixtura resulta extraña, pero de ninguna manera repele. El tema es un corte que aparece en Trans-Europe Express, álbum de Kraftwerk editado en 1977 y cuyo sonido, unos años después, retomarían los británicos de Depeche Mode en “Pipeline”, incluido en Construction time again. Se vivía el futuro, aunque para  los oriundos de Düsseldorf, Alemania, ya era agua pasada.

1982, Afrika Bambaataa y su Soulsonic Force soliviantan el Bronx con un tema que muchos años después (2004) entró en la lista de las 500 mejores canciones de todos los tiempos según la revista Rolling Stone. “Planet Rock”, bailable, pegajosa, incluyó un sampler de “Trans-Europe Express” y una base rítmica tomada de “Numbers”, ambas composiciones de los alemanes.

Un año después, el pianista Herbie Hancock deja momentáneamente las aguas del jazz y se adentra en los pliegues de la electrónica con “Rockit”, una melodía firmada por él en colaboración con Bill Laswell, Michael Beinhorn y bajo la producción de Arthur Baker. Dice el último: “Fue cuando me convertí en DJ que descubrí a Kraftwerk, porque era posible bailarlo. Bambaataa también amaba eso” (Pascal Bussy, Machine, man and music, p. 123).

El pasado vergonzoso

La historia del rock teutón habla de Organisation, un cuarteto que en realidad creció a partir de la confluencia de un par de amigos: Ralf Hütter y Florian Schneider. Al despuntar los setenta lanzaron un álbum llamado Tone float en el cual predomina la experimentación. Se trata de una disco difícil, denso, incluso carente de una idea dominante.

La aventura no tuvo consecuencias y Hütter y Schneider, con la ayuda de un par de baterías, entre ellas la de Klaus Dinger (Neü!), incubaron el primer disco de una saga que el tiempo revelará exitosa. El debut de Kraftwerk en 1970, seguido por un segundo volumen al año siguiente -ambos con una portada austera en la que aparece un cono de tráfico, rojiblanco y verdiblanco, respectivamente-, muestra al grupo en una vena enmarcada totalmente en el krautrock.

Es el punto de quiebre. Los fanáticos del grupo se escinden; algunos glorifican este par de producciones por su carácter audaz y su experimentación (el ensamble internacional Zeitkratzer entregó este 2017 una revisión de las canciones de estos primeros discos en un gesto que rinde tributo y recuerda su importancia para la música de vanguardia en la obra Zeitkratzer performs song from the albums Kraftwerk and Kraftwerk 2); para otros, incluidos Hütter y Schneider, se trata de trabajos considerados como errores y que les gustaría borrar, al grado de que de la totalidad de su obra, estos dos no han sido reeditados. Un disco más, Ralf & Florian (1973), que marca una transición, también es menospreciado por la dupla.

Una empresa, más que un grupo de pop

Hütter y Schneider reconfiguran sus metas. Para ellos, la música alemana debe tener otro matiz y no ser una versión cercana al hippismo. Inician la construcción de su propio estudio que habrá de ser fundamental en la consecución de su planes. Es importante señalar que en la discografía heredada por el rock alemán, el trabajo de algunos de sus principales grupos (Can, Faust, Kraftwerk) se lleva a cabo porque estos logran construir sus propios estudios de grabación.

Hütter y Schneider gestan Kling Klang, un laboratorio sonoro, un reducto secreto al que pocos han tenido acceso en el tiempo y en donde la mística es la del trabajo de oficina. Diariamente, aunque sin checar tarjeta, ambos, más Wolfang Flür y Karl Bartos, que se unirán en el futuro, trabajan primero en el diseño y equipamiento del estudio; luego lo harán en la búsqueda de esos sonidos que los volverán muy influyentes para la escena musical y que comienzan con la aparición de Autobähn, el disco que les dará reconocimiento.

Wolfgang Flür: “¿Cuál es la historia detrás de Autobähn? Básicamente es la descripción musical de un viaje en automóvil de Düsseldorf a Hamburgo.  Si conoces la ruta reconocerás los sonidos. Los sonidos metálicos representan el valle industrial del Ruhr, los centros mineros de Bottrop y Castrop-Rauxel. Luego tienes el largo estrecho a través de la Münsterland rural, donde el aspecto campestre está simbolizado por la flauta y la canción es completamente diferente en sentimiento. En corto: VW y Daimler, Thyssen y Krupp, hermosos paisajes y en medio la larga y sinuosa autobähn, una historia clásica alemana” (Rudi Esch, Electri-City, p. 90).

Este disco también les da autonomía artística al generarles excelentes ingresos. Dice Karl Bartos: “El equipo nunca fue un problema, comprar un nuevo sintetizador o lo que fuera. Lo bueno de ser rico es que te hace independiente, no tienes que ser parte del negocio de la música donde todos viven de ti. Tú solo entregas una cinta cuando quieras” (Pascal Bussy, Kraftwerk, man, machine and music, p. 68).

Kraftwerk empieza a ser noticia y a diseminar su influencia. A sus preocupaciones por los medios de transporte, que también se reflejarán en su disco Trans-Europe Express y tardíamente en Tour de France, se añade su interés por la tecnología y los efectos de la misma, las cuales aparecerán en obras cono Man machine y Computer world. Es también el punto en el que la separación con la experimentación se hace más clara para entrar en los dominios del pop. En Francia, país donde la banda crea un gran nicho, esto se logra gracias al trabajo de promoción de Maxime Schmitt, amigo y colaborador del grupo: “Para mí, Krafterk era típicamente rock. Tuve suficiente tiempo para explicar a la gente que la banda estaba haciendo música pop. Sin el entendimiento público de esto, creo que no hubiera pasado nada con ellos” (Pascal Bussy, Ibid., p. 75).

Kraftwerk es una banda icónica no solo por su música, sino por los conceptos que pone en boga. La imagen hippie de sus primeros álbumes es abandonada para dar paso a una imagen más controlada, mas estética, minimalista y lejana a los estereotipos del rock. Asimismo, poco a poco se distancian de las presentaciones en público, para concentrarse en actuaciones en museos u otros lugares (la gira que hicieron recientemente y que se recoge en la caja de ocho discos Kraftwerk. The catalogue 3-D,  agrupa directos en lugares atípicos para una banda de rock:  el Museo de Arte Moderno de Nueva York, la Neue National Galerie de Berlín, el Museo Guggenheim de Bilbao, entre otros).

La cuarteta se ha transformado con el tiempo. De su alineación original solamente se mantiene Hütter luego de la partida de Schneider en 2008 y si bien no han grabado nada desde 2003, su influencia es innegable. Cuenta Patrick Codenys de Front 242: “Cuando compré Autobähn tuve la sensación de que estaba hecho por una sola persona. Esto me llevó a pensar: ¿Por qué no puedo hacer yo solo mi propia música? En ese momento, Kraftwerk representaba el siguiente paso después de Can, Tangerine Dream y Neü!, al hacer algo más preciso. Fueron el primer grupo en expresar una disciplina, un proceso” (Pascal Bussy, Ibid., p. 59).

Es una influencia cuyo influjo modificó la música en los ochenta y décadas subsecuentes. De manera temprana, Inglaterra fue una de las mecas que primero absorbió las ideas industriales -que en ese entonces no recibían ese nombre- pregonadas por Kraftwerk y esta absorción se hizo patente en bandas como Throbbing Gristle y Cabaret Voltaire, mientras en Estados Unidos, Suicide hacía lo propio.

DAF, Einstürzende Neubauten, Die Krupps, Pyrolator, Test Department, Nitzer Ebb, Laibach y Nine Inch Nails, por solo mencionar a unos cuantos, deben mucho de sus logros al influjo que Kraftwerk ejerció sobre la música.

¿Hay futuro para Hütter y compañía?, ¿este se acabó con la aparición de su último disco? La respuesta está dividida y engloba concepciones distintas. Ya en 1992, Karl Bartos, un tanto fastidiado por la poca productividad del grupo, hacía esta observación: “Todas las oportunidades estuvieron allí y todas fueron declinadas. Recuerdo haberle dicho a Ralf: ‘Es como si tuvieras un Jumbo en el jardín y nunca despegara’ […] En este negocio si necesitas cinco años para sacar un disco la gente se olvida de ti. OK, es agradable ser homenajeado y tener una buena reputación, ser mencionado como una influencia en todos estos grupos, pero…” (Pascal Bussy, Ibid., p. 153).

En otro momento, ese mismo año, Hütter hacía una declaración que se ha hecho realidad: “Kraftwerk es permanente. La durabilidad es un concepto central en el arte. Nuestros sonidos y programas son inmortales. Gracias a la computadora alguien más será capaz de continuar lo que hemos hecho.” (Pascal Bussy, Ibid., p. 163).

Comentarios

Comentarios