Por: Arturo Cruz Flores 

Josmarq Alvarado y Sojue Stradac han combinado sus conocimientos de música culta, gustos musicales, caracteres sonoros, inteligencia y sensibilidad melódica, desde que formaron Scolopendra y comenzaron a trabajar en “Cero”, su primera producción.

Esta banda híbrida del Estado de México y de Hidalgo genera una propuesta donde el poder de las guitarras, la flauta dulce y los sintetizadores forman dimensiones sonoras.

Scolopendra es una de esas bandas cuya obra dedica su existencia al caos y a la tranquilidad. “Cero” es una producción que tiene una duración de 44 minutos fragmentados en cuatro piezas sonoras. Este álbum nos habla de un apocalipsis terrenal que camina y se desdobla, se antepone en un espejo y continúa hasta desplegarse nuevamente, como si estuviera en una espiral.

Son proyecciones en espejos, dicen los músicos respecto a las cuestiones técnicas de las piezas originales, es la maravilla sonora que permite trabajar el rock progresivo, afirman.

A pesar de no ser exponentes de un género comercial, Scolopendra ha generado su propia audiencia, gente que los sigue en sus presentaciones en vivo, o como ellos consideran, una audiencia que es atrapada por las melodías que salen de sus instrumentos cuando trabajan con toda pasión universos sonoros.

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