Por Mixar López

Días Distintos: La Fabulosa Trilogía de Fin de Siglo de Andrés Calamaro (Ed. Gourmet Musical)

Tener una vida es algo sumamente complejo”, apunta Walter Lezcano, un escritor íntimamente ligado al rock y el under argentino y que por estos días presenta Días Distintos: La Fabulosa Trilogía de Fin de Siglo de Andrés Calamaro (Ed. Gourmet Musical). Se trata de un autor polifacético que ha pasado por la poesía, el cuento y la novela; además de colaborar asiduamente en diferentes revistas y diarios. Es el comandante del sello Mancha de Tinta.

Conversé con un infatigable protagonista de la escena porteña fascinado por su perseverancia y por una biografía que lo vio emerger de una familia modesta, desempeñar oficios poco gratos y dedicar tiempo a la docencia; sin que nada de ello le impidiera desarrollar una obra visceral y reflexiva a partes iguales.

¿Qué recuerdas de ser ayudante de albañil, y qué tiene que ver esto con la poesía?

Lamentablemente. fui un pésimo ayudante de albañil. Pude haber aprovechado mejor esas horas y aprender cosas muy valiosas para cualquier ser humano: como levantar una pared, hacer un buen revoque, construir una casa. Ahora, esas fallas, o esas ausencias de saberes, trato de saldarlas con la lectura y el estudio de la poesía que hago todo el tiempo que puedo. Después, cuando escribo poemas se ponen en relevancia otro tipo de intenciones estéticas, arquitectónicas y hasta políticas. Pero en principio diría que estoy metido en la poesía como me hubiera gustado estarlo en la albañilería. 

¿Qué es lo peor que te ha pasado como docente?

Siempre es la misma pesadilla: que a fin de año me digan que de grandes quieren ser policías. O, peor, militares.

¿Cuál es la mejor manera de leer a Walter Lezcano?

Considero que la persona que escribe jamás debe dar pistas o señales de cómo los demás deben acercarse a lo que escribe. Ya tener un lector o lectora es una suerte de milagro en este planeta como para encima andar dando imposiciones.

Es una causa personal: hay que destruir el ego y las esperanzas de todo tipo. Vamos a morir: no hay tiempo de mirarse el ombligo.   

¿Cómo llegaste a Él Mató a un Policía Motorizado, grupo del que luego escribiste un libro?

A través de un blog donde se hablaba de su primer disco. Lo que derivó en la búsqueda de sus canciones en la Web. Y de ahí a verlos en vivo fue un paso inmediato y maravilloso: había un fuego sagrado en esos recitales. Se trató de uno de los grandes descubrimientos de mi vida adulta.

¿Es Luces Calientes (Ed. Tusquets) un libro autobiográfico?

Es una carta de amor a mi generación. En el proceso de escrituras utilicé materiales que tuvieron que ver con mi vida real en esos años (fines de los noventa y comienzos de los dos mil), pero también con situaciones laterales que presencié o me contaron. Incluso, metí y utilicé ideas que tuve en esa época y que finalmente abandoné con los años (la adultez es una estafa y un infierno, pero es otro tema). En ese sentido, creo que Luces calientes activa uno de los posibles destinos que no tuve pero que quise explorar hasta las últimas consecuencias.

El Movimiento Punk es un proceso de cuestionar y de comprometerse, que recala en el progreso individual, y por extrapolación hacia un progreso social. ¿Qué simboliza para ti? ¿crees que ya haya muerto?

El punk como sistema de vida, lo demostró Greil Marcus en el libro Rastros de carmín, se resignificó con el tiempo porque la vida en sociedad es insatisfactoria por donde la mires. Lo que Freud llamó, en un texto precioso, el malestar de la cultura. Si antes fueron los situacionistas europeos, luego se trató de unos descerebrados con seguro social en la Londres de los setenta y ahora son los hackers: es el mismo phatos existencial. Me refiero a que el punk es una idea que cada uno lleva adelante con su cuerpo como puede y con las herramientas que tiene a su alcance; y que, por supuesto, excede el marco decorativo musical y de utilización de cierta vestimenta. Los punks, en definitiva, siempre fueron los que trataron de hacerle trampas al sistema, cagar a la Matrix. Se trata de la destrucción, pero también de poder construir una alternativa a esta vida insoportable que llevamos los humanos en tiempos de poscapitalismo.

¿De dónde proviene toda la violencia en tus textos? ¿es por pragmatismo o imposición?

Tiene que ver con el tipo de materiales con los que no puedo dejar de trabajar y los incluyo constantemente en mis textos. Pero me gustaría pensar que esa violencia de la que hablas también forma parte de algo más interesante y atractivo porque lo que más me interesa es poder concebir y poner en juego máquinas literarias que funcionen y puedan trascender el discurso social imperante. Mi búsqueda también va por el lado de modificar —y eso siempre es violento— la subjetividad del que lee. O digamos que me interesa poder destruir los cimientos de esta sociedad tal cual está planteada (de lo micro a lo macro) y lo intento llevar a cabo con cada uno de mis libros. No lo logro, pero sé que tengo una misión ante la cual responder y a la que le voy a dedicar toda mi vida. Encontré algo por lo que vivir.    

¿Qué representa para ti El Juguete Rabioso, de Roberto Arlt?

Es una lectura inaugural que marca un camino y, casi te diría, un recorrido. Ricardo Piglia dice que la literatura argentina se divide entre los que empezaron leyendo a Borges y los que arrancaron con Arlt. En mi caso, el descubrimiento de Borges (un autor que releo todos los años) fue más significativo y determinante. Arlt funciona en mi sistema como una suerte de héroe y espíritu que inspira, pero una vez que leí sus libros ya no pude volver a ellos ni retomarlos.    

¿Tu relación con la literatura de David Foster Wallace?

De fan absoluto. La broma infinita es uno de los libros de mi vida y, te diría, que para la generación que ahora nos acercamos a los cuarenta toda su obra es valiosísima y determina un piso de calidad muy poderoso. Foster Wallace hacía todo bien. Ninguno de sus libros es un desperdicio. Todos tiene algo enorme para darnos y leerlo es ingresar al territorio de una mente superior que utilizaba la inteligencia como un arma de destrucción masiva. 

Por otra parte, tengo una obsesión con los escritores y escritoras suicidas.

¿A qué autores under has editado junto a Patricia Giménez en Mancha de Aceite?

Nuestros autores y autoras son y siguen siendo del under. Creo que es nuestra medallita de honor. Matías Gómez, Cecilia Díaz, Luis Orani, Diego Vecino, Martina Broner, y demás. Gente muy talentosa que nunca antes había publicado. 

Saltemos de nuevo hacia el rock; Dame un par de palabras —al puro estilo de Walter Lezcano— acerca de Luca Prodan, el líder de Sumo. -tengo una obsesión por este personaje-.

Luca miró al abismo, pero se olvidó que el abismo también lo estaba mirando a él. Podés escapar de cualquier lugar menos de vos mismo.

Porque el mundo es un lugar injusto y despiadado. Y yo estoy en guerra contra el mundo. Por ahora: vengo perdiendo. Deséame suerte para más adelante. Nevermind: hay que seguir.   

Ahora lo mismo, pero con Federico Moura, el también fallecido fundador de Virus

Si vas a hacer una revolución, lo mejor es ir bien vestido y con buena música detrás. Y no hay nada más revolucionario que el propio deseo. Hay que ir tras él y concretarlo; y lo demás bueno o malo, pero ya no importa viene solo.

¿Qué biografía te gustaría escribir?

La que estoy escribiendo en estos momentos. Es sobre la increíble banda Suarez y la artista y cantante Rosario Bléfari, que para mi paladar es más grande que Patti Smith.

También estoy escribiendo un ensayo sobre la relación entre Roberto Bolaño y la literatura argentina, y que a su modo irresponsable es una suerte de biografía tentativa de Bolaño.

¿Por qué es tan difícil conseguir tus libros en México?

Porque el mundo es un lugar injusto y despiadado. Y yo estoy en guerra contra el mundo. Por ahora: vengo perdiendo. Deséame suerte para más adelante. Nevermind: hay que seguir. 

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