Por: Gustavo Godínez 

José José fue el más grande entre los grandes intérpretes de la balada romántica en México y, me atrevo a decir, en toda el habla hispana. Nadie como él para cantarle al amor y al desamor. Fue leyenda viva, ahora es leyenda inmortal.

Su inconfundible voz se metió desde temprano y para siempre en el gusto de la gente, siempre intensa, siempre en tono.

Presumió en sus mejores momentos una capacidad pulmonar fuera de serie que le permitía sostener notas por largo tiempo sin desafinar o perder potencia, así lo demostró en la histórica «El triste» en el II Festival de la Canción Latina (predecesor del OTI) en 1970, cuando el público atónito por el apoteósico final cayó rendido a sus pies y lo despidió deshaciéndose en gritos y aplausos en medio de una lluvia de flores. Ese es seguramente el momento más épico y recordado de la música latinoamericana.

Se dice que la importancia de un cantante se puede medir por la cantidad de canciones que logra colocar en el consciente colectivo, por el número de piezas que se cuelan en la banda sonora de la vida de las personas, José José logró como muy pocos colar docenas de canciones en ese lugar.

Cuántas declaraciones de amor habrá enmarcado, cuántas serenatas habrá rubricado, cuántos habrán sido concebidos mientras sus padres lo escuchaban, cuántas borracheras, cuántos karaokes habrá ambientado, cuántos amores se habrán llorado con él de fondo y cuántos fondos de botella habrá acompañado.

A finales de los 60 y durante los 70, los compositores encumbrados se daban el lujo de elegir al cantante que interpretaría sus canciones, José José era tan exitoso y respetado que se daba el lujo de elegir él a los compositores encumbrados que le harían canciones, era un botón de orgullo que él solicitara una canción tuya porque la llevaría a la cumbre interpretativa y a un éxito seguro.

Tan grande fue que hasta sus amores y adicciones fueron legendarios.

Más de 100 millones de copias vendidas, un legado de talento y recuerdos sonorizados nos quedan.

Hasta siempre, Príncipe de la Canción, el príncipe que fue rey.

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