Las últimas investigaciones dirigidas por el Catedrático de Psicología Social de la Universidad de Cornell, el honorable Doctor Gerard C. Pastore, apuntan a la existencia de un nuevo fenómeno patológico relacionado con la emergente obsesión por las nuevas tecnologías de comunicación.

YouTube está transformando el mundo, amor mío.

Pastore denomina Catarata Tecnológica Autoadquirida o CTA, a un extraño comportamiento que se manifiesta mayoritariamente, según los últimos estudios epidemiológicos, en adolescentes de 14 a 18 años de países de la denominada Sociedad Occidental.

Este neotrastorno histriónico de la personalidad aparece sobre todo en grandes conciertos y ante los principales atractivos turísticos que pueblan el Mundo. Es allí donde puedes identificar a un CTA de libro, interponiendo un dispositivo fotográfico o de grabación de video entre sus ojos y el prodigio. C. Pastore eleva este fenómeno a la categoría de conducta desadaptativa, cuando dicha interposición ocurre antes incluso de que el individuo haya presenciado el fenómeno a pelo. Y digo a pelo porque los ojos son la piel extendida. Los ojos son la única telepatía que conocerá nuestra naturaleza frágil. La cámara trasera de un gran iPad es la evolución de tus ojos e Instagram el arca de la memoria.

Estuve bajo el descomunal sol de Turquía, en la plaza amarilla de Éfeso y lo vi todo con mis propios ojos. Compartimos aquella luz con niños americanos vestidos de los Lakers de cintura para arriba y con una CTA como la Catedral de Burgos. Me moría de calor; tú escribías postales que relataban mi derretimiento y las depositabas en buzones, quizá azules, en los atrases de la ciudad de Estambul.

Yo quería filmar un documental sobre la luz y tus chanchullos con un Samsung Galaxy SIII que se quemó espontáneamente en el siguiente Invierno de Madrid. El generoso corazón de Instragam y su galería perenne salvaron mi memoria, como pensaba que tú me salvabas de la vida en aquellos inicios de década, tan inaugurado por oportunidades que celebré con Moët en botella rota y deditos.

Los domingos de café y café y canciones secuestradas.

Del amor quedan los campos semánticos y las rutinas de higiene aprendidas.

Uno teme usar tus palabras a favor o en contra de alguien.

Los amantes unilaterales besamos con artillería de Diccionario y los deditos cruzados del corazón.

Los aires acondicionados que acortan la vida del Planeta como si fueran cartones de tabaco, me esperaban en aquellas habitaciones de hotel occidentalizadas y me sobrevivían con besos y toses silenciosas. El filtro Amaro te engalanaba a ti como una flor digital en los lentos paseos en barco entre Continentes.

Donde voy yo va la electricidad, pensé.

Pero la vida es un fenómeno reciente en el Universo, lo dice Manuel Vilas.

Entre aquel entonces y este Madrid de respiración contenida, han ocurrido 150 domingos de terror. Gran Vía arriba, Gran Vía abajo.

En la noche de 10 de Septiembre del año 2013, celebré mis 30 al milímetro y a solas en la Plaza de Canalejas. En silencio y sin gafas miré las hermosas y esperanzadoras cuádrigas de Higinio Basterra que dominan Madrid desde lo alto del edificio del Banco Bilbao.  Unos ojos con astigmatismo e hipermetropía mirando una figura lejana en la oscuridad. Los afectados por el CTA, afirma C. Pastore, necesitan de la virtualización y socialización instantánea de la vida de sus ojos. La vieja guardia seguimos con nuestros filtros/defectos oculares para registrar este confuso paso por el mundo.

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