“El infierno está empedrado de buenas intenciones” dice un proverbio español el cual significa que de nada sirven los buenos propósitos si no van acompañados de las obras. Pienso en ello al saber que a menos de ocho meses de concluir con su periodo, la Comisión Permanente de Cultura de la LXIII Legislatura del Congreso Libre y Soberano de Hidalgo, junto con la Secretaría de Cultura de la entidad, han tomado la iniciativa “Diálogos por la Cultura”, esto con el objetivo de “sentar las bases para fortalecer el marco jurídico en materia de Cultura y protección de Derechos Culturales”. Es decir, pretenden crear, e intuyo aprobar, la Ley de Cultura del Estado de Hidalgo.

A propósito de ello es prudente recordar las experiencias pasadas, las cuales tuvieron como resultado dos iniciativas de ley hechas al vapor, copiadas de otros estados de la república –y otras partes del mundo- redactadas sin la opinión de los actores culturales y como mera ocurrencia de legisladores “apasionados de la cultura y las artes” que sólo hicieron evidente su desconocimiento teórico.

A la luz de este proceso que han iniciado, observo la cuesta demasiado empinada y el trayecto muy atropellado para lograr consenso; tener un verdadero debate, organizar foros de consulta, consolidar un consejo redactor que cuente con especialistas en cada área que atañe a la materia, realizar las negociaciones legislativas y votación de la ley (recordemos que en el caso de que el día de la votación asistieran todos los legisladores, serían necesarios 16 votos a favor de los 30 diputados que integran la Legislatura).

Desconozco de quién fue la ocurrencia de iniciar un proceso de esta envergadura. Pero lo que sí sé, porque profesionalmente lo he experimentado, es que para que una ley no sea letra muerta, requiere una definición muy clara de los términos, alcances y limitantes de la misma, así como del consenso social.

Sin embargo, tengo la impresión de que esto no ha sido considerado, pues en la campaña en redes sociales que han iniciado para convocar a los Diálogos no está presente ningún creador, investigador, académico, trabajador de la cultura, intelectual o interprete de Hidalgo. También es notorio que para las 11 mesas que han organizado, una cuarta parte de los ponentes son especialistas que nada tienen que ver con el estado y las otras tres cuartas partes poco o nada pueden aportar desde el sustrato teórico, que es a final de cuentas lo que se requiere para la redacción de una ley.

En lo personal, tengo demasiadas dudas sobre lo que pretenden y lo que están haciendo. Por ejemplo: ¿Esta ley va a dar más presupuesto? ¿Solucionará problemas de fomento cultural, preservación del patrimonio, creación de públicos? ¿Permitirá tener funcionarios mejor preparados y con un perfil de sensibilización para la cultura y las artes? ¿Garantizará que los ciudadanos puedan acceder a los bienes y servicios culturales como una obligación del Estado? ¿Estará alineada a la Ley General de Cultura y Bienes Culturales? ¿Habrá alguien que haga algo para impedir que esta ocurrencia prospere?¿Alguna vez, en el Estado, podremos hacer una Ley bien?

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