Hoy desperté del lado incorrecto de la vida, con un aroma a ausencia impregnando mi ropa, inundando cada parte de la habitación.

Cada vez que me golpean tus recuerdos por la noche y decido borrarte, entre el alcohol y las caricias que compro cada tanto, me sucede lo mismo.

Me asquea pensar que veo tu rostro entre los brazos de mujeres compradas y me asquea aún más profundamente saber que las necesito para sentir que, a pesar de que tu cuerpo ya se ha ido, sigo poseyéndote a través de cuerpos inertes y cansados.

Son mi nueva versión de ti, la perversión que me permite sobrevivir a tu ausencia, a tu cuerpo perfecto y tus sombras que me atormentan con sus perfumes que brotan en medio de la noche, en medio de la nada.

Hoy dejo que la mañana me desnude, que se lleve los fantasmas y tomentos que pude poseer en mi borrachera.

Pero lo que en realidad me embriaga no es el alcohol entre mis labios, jodiendo cada muestra ínfima de mi integridad ya consumada, lo que me embriaga es tu ausencia; saber que te fuiste por la causa que quisiste encontrarle a nuestra existencia imperfecta y blanda, por mi falta de virtudes y tus razones de sobra para maldecir cada instante que yo glorifiqué y tu desdeñaste.

Y ahora soy un ente dormido, me he vuelto un desconocido que ensueña todo el día, a quién persiguen los ecos de tu voz que se han quedado adheridos a los muebles.

Ceno el alcohol como parte de una dieta equilibrada que le permite a mi cabeza estar cada segundo más ausente, y busco tu amor; y lo encuentro por las calles cerca de los postes y en las esquinas, lo hago usar el camisón blanco con orillas de olanes, el que dejaste entre las sábanas tiradas, en tu urgencia por transformarme en pasado.

Nada en especial, sólo un poco de tu aroma en cada encuentro, un segundo de tu integridad perdida en cada confluencia entre mis dedos y esos cuerpos que desgarran con las uñas tus memorias muertas.

Pero no te extraño, puedo incluso jactarme de que no te necesito, ni muero por el roce de tus manos.

Disfruto pagar por el deseo fingido de un par de rostros alejados de la divinidad y les pongo la máscara de tu ser, la que usabas conmigo. Tener tu rostro es mi venganza, tomar el ideal de tu belleza entre mis manos para poseer todo aquello que me fue vetado por siempre.

Me gusta saciar mis deseos más profundos con mujeres sin alma que me venden sus placeres teatrales, y las llevo a hacer algo que tú nunca hiciste, les pago por amarme.

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