Podemos reposar durante horas en el caldero holográfico. Nadar en su superficie, hacer largos a su largo de piscina olímpica, contemplando el cielo azulísimo sobre nuestras cabezas cuando nadamos de espaldas, y sintiendo a la vez el cosquilleo de los hologramas más livianos en la capa más externa de la piel de nuestros deportivos hombros. Luego podemos sumergirnos unos minutos, lo que la respiración aguanta, y llenarnos la cabeza de imágenes, a cual más real, a cual más perfecta, a cual más sorprendente. Hundir la testa y detrás el resto del cuerpo en el líquido holográfico, y esperar durante algunos minutos hasta estar rodeados, llenos, hasta que nos saturemos de las delicadas caricias de las imágenes y regresar de nuevo a la superficie.

En ese momento, al final de la tarde, podemos emerger del caldo, más delgados pero con los músculos del pecho más marcados, y quedarnos a secar a la sombra de las ondas electromagnéticas. Y con la vibración rondando arriba y abajo y erizando el vello de nuestros brazos y nuestras piernas, respirar hondo en el instante concreto en el que el escalofrío se sitúa en la rampa de salida del trampolín de tus nalgas, y coge impulso para atravesar la columna vertebral en una danza acompasada por completo con el baile de interferencias que nos rodea, entre las telecomunicaciones móviles y las redes inalámbricas.

Al quedarnos fríos, después, con la noche casi encima, acechando detrás de la tapia, podemos entrar a la casa y conectar a la base de las nucas nuestras gafas de realidad virtual. Y programarlas con una simulación excitante. Así podremos pasar el resto de la velada entre sístole y diástole, entre espasmo y relajación, con los corazones bombeando a miles de kilómetros por hora y la sangre golpeándonos las sienes como las olas, dicen, golpean el mar que hemos visto en las imágenes holográficas.

También, pero solo si quieres, podemos regresar al pasado y permanecer abrazados un buen rato. Lo hacen los pobres y los ancianos, pero ellos dicen que es básicamente lo mismo.

 

Imagen tomada de: http://payload183.cargocollective.com/

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