Por: Elías Pimentel

¡Hola, Andrés! ¿Cómo estás? Espero que te no te moleste que me dirija a ti por tu nombre de pila. ¿Peje? ¿Viejito? ¿Cebollín? Tal vez, pero estoy seguro de que tu mamá y tu papá (o quizá tus abuelos)  quisieron que te llamáramos Andrés; y por eso hoy decidí respetar tu nombre. Quién sabe mañana. El caso es que antes de seguir con este texto me gustaría saber cómo te encuentras, pues me da curiosidad cuántas personas te lo han preguntado últimamente, ya que lo que más he visto es que se acuerdan de tu progenitora. Yo siento feo cuando eso pasa, por eso decidí escribirte esta noche.

Hace un rato me puse a pensar que cuando tu búsqueda por la presidencia de la República comenzó, yo pesaba 68 kg; todavía podía correr más de 3 minutos  e incluso podía darme el lujo de jugar futbol y basquetbol los fines de semana, a veces hasta de a 2 o 3 tandas por día. Hoy, cargo conmigo con más de 50 kg de esperanzas nuevas y  también de desilusiones que por supuesto nada tienen que ver contigo, pero que en este momento me sirven de ancla para saber qué, aunque no las entiendo muy bien, las cosas que le pasan a mi país me preocupan tal vez más que hace 6 y 12 años, aunque me considero un cínico ignorante (vaya combinación), creo que llega un momento en el que simplemente uno no puede cerrar los ojos y seguir caminando como Juan por su casa sin preocuparse por los focos fundidos.

¿Y éste pendejo qué trae? Tal vez te preguntarás, y con justa razón. Ni yo mismo lo sé a veces, pero esta noche siento la necesidad de regalarte mis letras y mi tiempo, pues tú llevas la mitad de mi vida buscando conducir el timón de esta tierra tan bonita que es México, y eso me hace saber que mereces esto y mucho más, pero por ahora es lo que tengo.

Me preocupas mucho, Andrés. Me preocupa que ¡Al fin, alcanzaste la meta que tanto buscabas!, pero en tus aventuras y desventuras se te han ido los años, y tal vez las energías. Por fin lograste vencer a esos tiranos que minaron tu camino. Esos bribones que con base de engaños nos convencieron de que tú no eras la mejor opción, y sólo con lágrimas y sangre hemos aprendido nuestra lección. Vamos, que demostraste ser un corredor de resistencia. El pedo es que tu carrera realmente comenzó hace un mes y un par de días. Todo lo que recorriste y viviste antes fue meramente un calentamiento. Si te soy sincero yo ya te veo cansado, un poco desgastado y más bien cenizo, por ello, mi primer preocupación es porque te esperan 6 años de la chinga de tu vida, y no sé si las rodillas te van a dar para tanto, aunque me queda claro que corazón y huevos te sobran. O al menos eso nos has dicho, y yo decidí creerte en julio del año pasado.

Sí, decidí creerte, pero no tanto por tus aciertos o tus promesas. Decidí creerte porque estoy hasta la madre de ver pasar a un chingo de trajeados que, en su mayoría, lo único que quieren es ponernos de rodillas para dejárnosla ir toda. Igual y eso quieres también (realmente me sorprendería sino), pero creo que al menos tú lo harás con amor, ternura y comprensión, pero…

Creo que el mundo y el progreso no se han construido sólo con bonitos sentimientos, y en ese sentido aunque no dudo de tu inteligencia o de tu visión, tus decisiones todavía huelen a naftalina, y el hecho de que a tu alrededor no haya mucha gente menor de 40 años me hace dudar un chingo de hacia dónde tienes dirigida la mirada, pues finalmente será la nuestra durante los próximos 36 meses, y eso es un chingo de tiempo para una nación lastimada. Entiendo que es muy poco para enderezar las cosas. Me da mucho miedo que la vida ya te haya rebasado y no logres ponerte al día con las ansiedades y necesidades del mundo moderno. También te percibo suave y blando, y creo que te esperan situaciones en las que tendrás que sacar garras y dientes.

Sé que la tuya es una posición imposible, pues tienes en los hombros el peso de 100 años de pendejadas, pero agarra la onda de que justo eso fue lo que nos vendiste, así que no debería de sorprenderte que a escasas 4 semanas, ya tengas un chingo de buitres esperando ver a qué hora la cagas. ¿Has visto a esos weyes del metro que venden cosas bien baratas? Pues cuando las compras en chinga las revisas, y si están chuecas luego luego agarras al vendedor y con amabilidad (siempre con amabilidad) le haces ver su error. Haz de cuenta eso, pero mucho más cabrón y por todos lados, pues se te ocurrió decirnos que la educación, que los salarios mínimos, que la corrupción, que la gasolina, que los aeropuertos y no sé cuanta mamada más. Ahí sí te la mamaste, pero está bien, era tu grito de guerra y finalmente te salió. Bien por ti, Andrés.

A estas alturas me queda claro que tu persona como tal está más cercana a la de un RP de un bar o de un antro, que a la del dueño o los socios, pues así como que tengas la libertad de decidir todo el pedo para todos, nel. Ahí va a estar cabrón, pues aunque quieras quitar a todas las arañas, arpías, serpientes y ratas asquerosas, no va a ser tan sencillo y yo no creo que la gente vaya a tenerte tanta paciencia. Por mí no te preocupes. Yo puedo ver cómo se seca un charco sin mover un dedo. Tres charcos si quieres, pero estamos hablando de que ahorita la gente se pone histérica sino les respondes el whatsapp en 15 minutos. Estamos hablando de que cuando la gente se queda sin gasolina un día, dos días o tres días, eres el mayor pendejo del mundo. Ahora imagínate cómo te va ir con todas las estupideces (muy nobles todas) que has venido gritando como merolico desde hace tanto. Es más; hace como 4 años estaba yo muy feliz en mi antiguo trabajo y cuando bajé por unas quecas ahí estabas entre la multitud (léase la gente que iba pasando y los que cupieron en 5 camiones). Apenas se asomaba tu cabecita blanca y se escuchaba tu vocecita entre cortada por tanta conmoción. Ese día la neta sí me contagiaste y si dije ¡A huevo! Pero, como decía yo atrás, de ¡A huevos! No se hace el mundo. Aunque es un gran comienzo.

Yo te quiero ayudar, Andrés. Yo te quiero ayudar en el sentido de que sé perfectamente lo que se siente qué, cuando algo sale mal, es tu culpa, y cuando algo sale bien, pues es tu chamba. Lo entiendo y sé que tú también. Por algo llevas tanto en esto y a estas alturas me sorprende un chingo cómo has logrado revolver a toda una nación, cuyos habitantes ahora se desgarran las vestiduras por probar ante todos que cada uno de ellos tenía y tiene razón respecto a ti. Yo te quiero ayudar, pero aún no sé cómo. No creo que el cambio esté en uno mismo, pero no me imagino una sociedad más elevada sin haberse construido paso a paso y piedra por piedra.

Se te ha dicho pendejo. Se te ha dicho estúpido. Se te ha dicho loco. Se te ha dicho inocente e iluso, y tal vez justo es eso lo que te ha hecho diferente a los demás: tu optimismo, tu entrega y tu pasión por querer cambiar las cosas, que algunos llaman “obsesión por el poder”. Igual y sí es eso y eres el mayor hijo de la chingada que habremos de conocer. Eso depende ti. Y de todos.

 

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