Por: Arturo Cruz Flores

En los últimos tiempos, al revisar mis redes sociales, ha llamado mi atención la presencia de muchas notas en las que se hace el registro de asesinatos, la mayoría de ellos son sobre mujeres víctimas de violencia.

Casos de hombres a quienes se les hace fácil, en su demencia, partirle el cuerpo a mujeres, destazarlos, cortar extremidades superiores, inferiores, y en algunos casos hacer al canibalismo presente, ya sea bajo condiciones de rituales o ceremonias de atmósferas satánicas o por puro placer.

Me sorprende ver esas notas donde los hilillos de sangre se convierten en charcos rojos expandiéndose en el suelo de la realidad. A veces llevo la cuenta, otras veces ya hasta las dejo pasar en el time line, pero eso no importa, porque  aunque se marchen  esas publicaciones, esto sigue y no hay algún modo de cambiarlo.

Esta humanidad es más violenta, agresiva, ruda, inconsciente, insensible. Eso se aprecia a lo lejos, en las publicaciones que llegamos a leer por parte de algunos medios de comunicación.

No sé si ustedes lo sientan, pero estamos contemplando una pesadilla, cuando leemos encabezados de noticias donde aparecen frases como: “La destazó, la hizo pozole”; “Devoró partes de su cuerpo”. Entones, reflexiono sobre el nivel de podredumbre en el que nos encontramos.

Recuerdo que hace años se hacían bromas sobre publicaciones como El Alarma, que por el estilo crudo y sangriento de su nota roja, hacía creer que si se exprimía el periódico escurría sangre. Sin embargo, eso sólo ha cambiado de soporte, ahora son las pantallas de nuestros dispositivos móviles las que se tiñen de rojo.

A veces me pregunto: ¿Qué es lo que influye para que el ser humano sea capaz de causar tanto daño?

Algunos medios hacen seguimiento periodístico y rastrean datos, conductas y comportamientos de los protagonistas de esas historias, y siguen publicando sus crónicas de la barbarie. Estos actos terroríficos, no eximen a ninguna ciudad de ser locación de estas historias de locura, sin embargo, tal vez por su tamaño, la Ciudad de México ha tenido una fuerte y marcada tradición que ubica a sus habitantes como los protagonistas de muchas desgracias. Y también como el semillero de algunos de los más crueles y sanguinarios sujetos de la historia roja de nuestro país. Por desgracia, en todo el territorio nacional, también se cuentan casos de esta índole.

Por ello, antes de compartir una historia de este tipo, tendríamos que pensar que en una época donde los medios de comunicación explotan el morbo de la sangre para llamar la atención, la foto del cadáver, la escena sangrienta y los encabezados escandalosos, todo esto, lejos de informarnos nos hiere.

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