Por Alicia Monsalve

Al abrir la primera novela de Hernán Vera Álvarez (Buenos Aires, 1977), La Librería del Mal Salvaje (SED 2018), nos encontramos con una cita que quizás nos advierte lo que vamos a encontrar más adelante: “Una de las pocas cosas que dijo en su vida con algún sentido Camilo José Cela es que una novela es un libro que en la tapa y debajo del título dice novela” (Eduardo Lalo, revista Ñ)

Y es que esta novela rompe cánones sin hacer aspavientos, en la voz de un escritor que por necesidad se hace vendedor de libros en una utópica librería que ofrece solo libros en español. En esa librería, ubicada en alguna ciudad de los Estados Unidos en plena era Trump, el librero encuentra a clientes variopintos y alterna sus historias con las meticulosas anotaciones que hace para una charla de literatura argentina.

Así toma forma un libro sui generis que presenta las anécdotas y las relaciones o particularidades entre los escritores y los libros con una brevedad que oculta una compleja trama de hipertextualidad. Vera convierte en personajes a los libros, a  autores como Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, Elena Garro, Bolaño, Capote, Isak Dinesen y a la propia librería, cuyo destino es incierto y parece que está a punto de cerrar. Un inmenso acertijo tejido con humor e ironía, para descubrir las vidas secretas que esconden los libros entre los anaqueles y, muy especialmente, los escritores argentinos.

Hernán Vera Álvarez se ha forjado un nombre como periodista cultural en Miami en las páginas de El Nuevo Herald, escribiendo de géneros musicales de los que pocos se ocupan en Miami, como el rock en en español, el llamado Latin Alternative y los grupos locales en Estados Unidos. También escribe de cine independiente y reseña festivales de cine internacional.

Su historia personal incluye vivir 8 años como indocumentado, realizando trabajos de diversa índole, como lo dice sin ambages en su biografía. Esas y otras experiencias alimentan su faceta de narrador. Ha publicado los libros de relatos Grand Nocturno y Una extraña felicidad (llamada América), y el de cómics ¡La gente no puede vivir sin problemas!

La investigadora Naida Saavedra lo cita como uno de los gestores del New Latino Boom, por su trabajo como editor de las antologías de relatos Miami (Un)plugged y Viaje One Way, enfocadas en literatura hecha en español en Estados Unidos.

Hernán Vera radica en Miami y ha realizado estudios de literatura latinoamericana y española en FIU (Florida International University) y en la actualidad enseña Escritura Creativa.  Es editor-at-large del suplemento digital Suburbano.net.

Entrevistamos a Vera luego de la presentación de su novela en la más reciente Feria del Libro de Miami. 

¿Cómo es la vida de quien escribe en Miami, dedicado a la literatura a tiempo completo, sin ser ficha de editorial? Los sacrificios y pasiones.

Parafraseando a Ricardo Piglia: “vivo de la literatura, pero no de la mía”. Doy clases, talleres y trabajo en periodismo, lo que me permite dedicarme a tiempo completo, como dices, a la literatura. Sin embargo, todavía falta mucho –y tal vez eso nunca ocurra, como también le sucedía a Piglia– para que reciba dinero de los libros y que ellos circulen más libremente. Publico en una editorial independiente, algo que te da mucha libertad, pero a la vez, ciertas cosas de las grandes casas, como la distribución y difusión de tu obra, se vuelven más difíciles. 

¿Hubo alguna metamorfosis en tu visión de la literatura después de enfrentarte al mundo académico en Estados Unidos?

Sí, absolutamente. Aun con ciertos reparos que tengo sobre la academia – a veces arbitraria, esnob y anticuada– creo que en este país es de los pocos lugares donde realmente se reflexiona sobre ella. Los profesores tienen tiempo y dinero para acercarse a las obras. Antes ese lugar lo ocupaban los suplementes culturales, pero con la paupérrima situación económica que padecen, las críticas se han vuelto en muchos casos gacetillas de prensa. Hay lugares que resisten, pero cada vez menos.   

Se habla de que la gente no lee, sin embargo nunca había sido tan fácil hacer un libro. Hay algo así como demasiados libros y pocos verdaderos escritores. La importancia del curador de libros, como un oficio chamánico que guía a los lectores frente a la hiperproducción de material desechable y los libros impuestos por mercadotecnia.

Creo que el libro quedará como algo muy especial, como ya lo está siendo ir a una librería. Será para pocos. La literatura, se entiende, no los bestsellers. Ellos son otra cosa. Por otra parte, desconfío de “los curadores”: ese dedo que te dice: Qué leer y qué no. Prefiero el azar de la aventura que es encontrar un libro.

¿Dónde queda la librería ideal? ¿Cuál es la tuya? Descríbela.

La librería ideal son las historias que contaba mi abuelo. Se fue hace muchos años pero a menudo sueño con él. 

¿Cuándo y cómo supiste que con este material tan sui generis tenías un libro?

Desde el primer momento que empecé a trabajar en una librería. Me parece un ámbito que muchas veces se idealiza. A medida que pasaban los días tenía más claro el libro. Regresaba a casa y me ponía a escribir mucho de lo que pasaba. A la vez, volvieron recuerdos del local de mi abuelo en el que solía yo trabajar durante el verano: un puesto de diarios y revistas. Por ahí pasaban todo tipo de personajes.

Los libros sobre libros son una categoría. Sin importar el género en el cual sean escritos, son algunos de los libros de culto. Este libro se me antoja como una prueba de fuego para conocer a alguien. Un libro de esos que recomiendas para saber si te gustaría hacerte amigo de alguien, o ir a una segunda cita.

Me gusta eso. Una segunda cita lo es todo a la hora de definir una… ¡tercera!

¿Qué relación tiene tu faceta de caricaturista con las viñetas, algunas tan breves como dos o tres frases? En el libro se nota el proceso de observación, el sarcasmo y la virtud de la paciencia de la que no presumes, pero sale a relucir.

Yo no sé dibujar, pero dibujo. Hago trazos muy sencillos y rápidos. La lectura de esta novela, por el tema, una librería, no quería que se hiciera pesada. Por eso, una de las cosas que me planteé antes de empezar a escribirla era el ritmo: que sea rápido, pero con sustancia. Una novela falsamente ligera. En mis dibujos el fondo es siempre blanco, eso otorga una espesura infinita. 

Háblame del Mal Salvaje, ¿por qué ir al mito primigenio?

Desde que Colón piso el Nuevo Continente instauró el mito del buen salvaje – nativos aptos para recibir la fe católica– para que los Reyes Católicos enviaran más dinero para seguir con la conquista. En los tiempos de Trump, los latinos pasamos a ser los responsables de todos los males de Estados Unidos. Este presidente sacó todo lo oscuro que acecha en la sociedad norteamericana: la ignorancia.

Encuentro a este libro como las nuevas definiciones de género. Fluido. Un texto detiene al lector en la puerta y lo increpa. El autor también deja su marcada ironía desde el inicio. Quisiera que hables de las citas y el porqué.

El nexo entre la Baja y Alta cultura quedó definitivamente abolido en el siglo XXI. Lo mismo está sucediendo con los géneros, sea literarios como sexuales… En este libro jugué con todo eso, y me divertí mucho. Espero que eso sienta el lector. Las citas son declaraciones de principios, qué mejor entonces que Bioy Casares y Borges, que más allá de escritores, eran excelentes lectores.

En este libro. No me atrevo a llamarlo de otra manera. La brevedad de los textos se enfrenta a la ubicua hipertextualidad. Puedes leerlo de un tirón o quedarte para siempre perdido entre libros y autores que viven entre sus páginas. Es como la vida secreta de los libros, de quienes los leen, de quienes los aman, de quienes viven de ellos y de quienes los escriben.

Este libro es un homenaje a los autores y libros que he disfrutado.

Háblame de tu papel en el New Latino Boom, de los editores, y si puede hablarse de un movimiento literario contemporáneo de autores en español en Estados Unidos y sus características o particularidades.

En los primeros años del siglo XXI comenzó tímidamente un grupo de escritores en varias partes de Estados Unidos a escribir en español. Esto sucedía aquí y allá, y de manera solitaria, no había sellos ni revistas. Los “latinos” escritores eran solo aquellos que escribían en inglés. Eso fue cambiando gracias a los mismos autores a base de novelas y libros de relatos de calidad. Ese eco llegó a universidades y a algunos medios grandes de comunicación. Las distintas mareas migratorias, sea de Argentina, Chile, Colombia, España y por supuesto Venezuela, fueron alimentando un corpus –sin olvidar las históricas migraciones del Caribe, México y Centro América– que ya tiene nombres y libros que encontrarán nuevos lectores más allá de Estados Unidos. Están allí, no hay que buscar, solo encontrarlos.

Qué importancia tienen los libros corales y por qué tu interés en las antologías de narrativa breve hecha en América que has producido.

Una buena manera de difundir temas como escritores es a través de las antologías. Si el texto que lees te gusta, es probable que vayas a buscar más cosas de ese autor. Una antología debería ser una revelación. Eso busco como editor y lector.

Foto: Eduardo Rubin

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