No sé si soy de tu raza. Soy un ser de cuatro patas, celeste y azulado. ¿Qué pensás mientras dormís? ¿Sentís la lluvia? Afuera pasa el viento, hacemos giros, nos mojamos, damos media vuelta y vagamos conservando el estilo, sobre todo el estilo. De mí dicen que soy chamière, suena bien, ¿te parece? Yo lo inventé, como no soy científico, ni músico, me conformo con ser lo que soy, Guau Batbi. Me dedico a inventar palabras o ladridos sordos como vos o simplemente miento, a veces mentir hace bien. Sabes, las cosas no son nunca lo que parecen, aunque afrancesándolo suene mejor. Chamière es una mezcla de «chanda y mierda». Si me miras con detenimiento no soy tan feo como perro de playa, ni tan desgraciado como ese/aquel de iglesia. Poco clerical y medio nudista, deslizo mis patas en la arena dulce y caliente como las buenas hembras. Mi pobre vida ahora es más larga y menos sospechosa que la tuya. Podría considerarse maravillosa o mezquina como la de un gato porque en cada lugar juego a ser otro, un poco como vos, a veces a esos nos exponemos los artistas con cierto gusto y perversión de convertirnos en espías. Infiero que esa es la mezcla del idílico «yo» disfrazado en «el otro». A veces me pregunto ¿qué otro sos vos?

 He recorrido lugares escabrosos, donde solo yo con mis aspectos puedo entrar. La vida de los otros quizá me interesa, es el resultado del aburrimiento; aunque a veces me atormenta; al fin de cuentas perro soy; no tengo atrás ni adelante, me limito con lo que me cae frente al hocico. Bien dicen por ahí que el infierno es el presente, a eso se debe que el aquí y el ahora siempre sean rituales macabros de morir en el intento de ser lo que no somos ni seremos. Las trampas humanas cuando se ignora qué hacer del minuto que sigue. Si quisiera contarte mi historia sería bastante básica para ser considerada un best seller, pero al menos podría entretener tu sueño. ¿A qué jugamos entonces? Yo quiero ser contador de historias, a vos, de ponerle música a mis aullidos.

Me pregunto por esos poetas que me topo en las calles armando versos sigilosos, no llegaremos a leerlos, ni los veremos publicados, no tendrán algún ejemplar exhibido en la vitrina de la librería del barrio. Además a quién le importa que ellos escriban, si los que leen son pocos. Autores hay muchos, tantos como perros en esquina de arrabal. Autores de vidas y fracasos, de asados de domingo, de sueños y quimeras a la hora del mate. Pero hay que ser muy perro para montarse en estos oficios, vos sos un buen perro, naciste para esto. Perro porfiado para hacer de tu música poesía. Porque eso del arte es cosa de fracasados, pendejos soñadores y tímidos luchadores. Lo dijo una joven señora que me tiró un par de huesos, mientras le hablaba a un niño de cinco años que la miraba horrorizado mientras ella inhalaba polvo blanco. Como soy fracasado, pendejo soñador y tímido luchador, me vine a encontrar con vos, para enseñarte cual es ese Guau de la vida ahora que te dedicas a soñar, pretencioso suelo ser por haber sucumbido ante tus aires. Olfato perruno o absurda soledad que caracteriza a los de nuestra raza.

Mi color no logro reconocerlo, me creo algo metálico. Eso es para que te hagas a la idea de qué clase de perro te está hablando. Tú eres violeta, parece que ese tono te da brillo, pero te falta baño y un poco de peluquería. ¿Le vas a dar violeta a tu marcha, pibe? Es una mezcla de rojo y azul, colores primarios que al unirse le dan destellos a tu pelaje. Si me creyera amarillo formaría un crepúsculo con un salpicado de tu rojo, pero prefiero el verde porque es más ácido y sabe a menta. Cuál sería la teoría de los opuestos, los cromas determinan imágenes taciturnas en donde se es o no se es. Eres perro, ladrás, sufrís, llorás, reís y qué más da, acaso aúllas historias, eso en que cambia las cosas, si a esa que le tiraste de la lengua nunca fue tuya. La lengua es para embaucar o para moverla bien, pero dentro de alguien. Enseñame vos a conquistar al menos del alba a la alborada un poco de sosiego.

Dejame reírme en tu cara, mentiroso, pobre vagabundo a cuatro patas. Creo que eso me responderías si hablaras. Tal vez me mandarás a la mierda y me pedirás que no vuelva, porque ya estarás a un millón de años luz de casa. Yo batiré mi cola lleno de júbilo y de emoción si al menos tú despertaras para decirme que valió la pena. Hay un montón de cretinos que esperan enviarte rosas y palabras de consuelo. Yo simplemente soy BaTbi, nada de BaMbi, perro porteño de color azul celeste, abandonado a su amparo, triturando su paso o devorando pedazos de ciudad a través de tu silueta. Me voy a la mierda porque así deberían ser todas las moralejas:

Apreciado Sr. Lector, gracias por perder su tiempo con esta retórica naturalista e infeliz crónica de barrio. Tenga Vd. El gusto de irse a la Mierda. Y váyanse todos Vds. lectores de pacotilla a la Mierda. Déjenos la paz que cuando ninguno de nosotros haga parte de esta mentira, la historia dará cuenta de nuestra fuga, llegaremos camuflados al paraíso, sin huesos roídos ni dientes rasgados por el flujo de la materia.

Llegaremos invictos al lugar del universo donde él ni yo somos nada.

 París, otoño de 2010

 

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