Ahora resulta que todas las empresas son ecológicas, amigables con el ambiente y socialmente responsables. ¡Hasta McDonald’s tiene programas ecológicos! A esto, queridos amigos, se le llama green washing.

El green washing es una práctica que consiste en hacer publicidad acerca de qué tan ecológica y responsable es una empresa; sin embargo, aquellas que lo practican suelen gastar más en dicha publicidad que en crear programas que apoyen al ambiente o a la sociedad.

Las empresas se cambian al green washing por diversos motivos; entre ellos encontramos el estigma de la socidad por las malas prácticas que realizan contra el medio ambiente; otra motivo está en la efervecencia de los productos virtuosos, emergidos de auténticas políticas y programas de responsabilidad social, los cuales están encontrando buena respuesta por parte de los consumidores. Es por ello que, aprovechándose de esta tendencia, algunas marcas simplemente se disfrazan para lucir como environmental friendly sin serlo.

El green washing es como pagar las indulgencias, ya que mientras por un lado, las empresas se dedican a financiar programas ecológicos, por el otro, la actividad que practican va completamente en contra de los principios de sostenibilidad ambiental.

La práctica empresarial del green washing es meramente de forma y no de fondo, transformándose en un uso engañoso de la comercialización verde. Como ejemplo observamos en el mercado el cambio del empaque a un producto elaborado con químicos dañinos, para hacerlo amigable con la naturaleza.

Otro ejemplo está en una famosa marca de refresco que en su producto de agua embotellada anuncia la ecología como prioridad, fabricando botellas «30% hechas de plantas». Sin embargo, el simple hecho de embotellar el agua es una práctica que daña el ambiente: encarece el precio, impide el acceso al agua potable a comunidades marginadas, produce basura, gastos de transporte, emisiones… etcétera. Entonces, ¿qué tiene de ecológico?

Hay que tener mucho cuidado con las empresas que venden la imagen de niñas buenas, y analizar más detenidamente las verdaderas acciones que realizan. Para un verdadero consumo responsable, es mejor preferir empresas locales en las que podemos comprobar el origen de los productos y el destino del dinero que se dice utilizar para beneficio de la comunidad. Pero sobre todo, no dejarnos guiar por la publicidad e investigar lo más posible cómo están las cosas.

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En la imagen podemos observar otro ejemplo de green washing en las áreas verdes de las esculturas de Sebastián que recientemente se colocaron en Pachuca.

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