Abrimos esta sección para traerles noticias y artículos que consideramos interesantes, relacionados con el mundo de la sostenibilidad ambiental. Pero antes de empezar, nos hicimos una pregunta: ¿de verdad sabemos de qué hablamos cuando hablamos de ambiente? Las palabras relativas al tema no siempre se utilizan correctamente, y el mal uso hace parecer que todos los ambientalistas son (somos) una bola de desubicados extremistas que sólo quieren evitar que el mundo progrese.

Así que, en estos primeros editoriales, vamos a discutir algunas palabras controversiales para ponernos todos en el mismo contexto.

La palabra de esta semana, que elegimos para introducir el tema como se debe, es ambiente.

Muchos de nosotros entendemos la palabra ambiente como algo que delimita una cosa externa a nosotros mismos o que no nos concierne. Tendemos a encasillar al ambiente como todo aquello que no es manufacturado (o sea las cosas naturales: árboles, ríos, aire); sin embargo, la etimología de la palabra la define más como “todo lo que nos rodea”. En el diccionario, el ambiente son “las circunstancias físicas, sociales, económicas, etcétera, de un lugar, de una reunión, de una colectividad o de una época”.

Esto implica que al ambiente lo conforman no sólo las cosas que pertenecen a la naturaleza, sino también nuestro vecino, las calles, la cultura y el arte, las relaciones sociales, el dinero…

Cuidar el ambiente no es cuidar algo externo a nosotros, sino cuidarnos a nosotros mismos a través de la
mejora de las condiciones físicas, sociales y económicas que nos rodean. El ambiente es el lugar en el que vivimos y las cosas que lo conforman (naturales o artificiales);ocuparse del ambiente es preocuparse por el bienestar y buscar que el “buen vivir” sea durable (sostenible).


Así que, ¡a vivir bien!

Nos vemos la próxima semana con otra palabrilla interesante…

 

*Todas las definiciones son del Diccionario de la Real Academia Española

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