Por Alfonso Morcillo

Si bien la Revista Generación no fue un parteaguas cuando nació, con el paso del tiempo se volvió la única sobreviviente de toda una generación de revistas literarias, underground, de arte, culturales e incluso de política.

Porque Generación nació en un momento políticamente convulso del país. Y porque hubo una efervescencia de publicaciones underground y alternativas, incluso de revistas que llegaron con toda un respaldo publicitario encima.

Generación se ha convertido en la enterradora de todas y cada una de esas publicaciones que nacieron a fines de los 80 o principios de los 90. Puedo enumerar sólo unas cuantas. La Pus Moderna, Moho, A Sangre Fría, Nitro, La Guillotina, La Mosca en la Pared, por parte de las underground y alternativas; Complot, Origina, Despegue, Macrópolis, Rino, Viceversa, Etcétera en su etapa de periódico no especializado en medios, sino cultural, y hasta la revista Milenio Semanal, que nació antes que el periódico homónimo; entre decenas de muchas más de amplio respaldo publicitario.

 

Poesía puerca, cuentos de cuero cabelludo débil, sesiones fotográficas gamberras, reportajes políticamente incorrectos y hasta una sección de sociales plena de cochambre. Eso era Generación, para quien importaba tanto el fondo (hablo de la prenda que debajo de las faldas vive y de lo que en el piso de los vasos habita) como en la forma (y aquí me refiero a la silueta que tetas, vergas, nalgas y culos revelan a contraluz). Y, vaya, a la fecha, luego de treinta años de historia, la publicación dirigida por Carlos Martínez Rentería sigue asomándose incómoda y trasgresoramente a la vuelta de la esquina, como ese alcahuete que invita a desobedecer. Un logro digno de aplauso”.

Alejandro González Castillo

Lo curioso es que aquellas, las que no gozaron de planas y planas de publicidad lograran sobrevivir muchos más años que éstas, que sí tuvieron compromisos con ciertos anunciantes.

Incluso sobrevivió a revistas creadas e impulsadas por el consorcio Televisa, las revistas Eres y Somos, en cuya categoría, obviamente, nunca jugó, pero a las que enterró gustosamente.

Será justamente por esto que la longevidad de Generación se ha extendido. No tuvo compromisos comerciales que honrar. Mucho menos tuvo compromisos con los políticos de turno, que siempre se han encargado de patrocinar revistas o periódicos a modo, por tiempos cortos o largos.

Generación no tuvo compromiso más que para con sus lectores y con ella misma. Eso, que puede sonar a equivocación, ha sido uno de sus aciertos para permanecer en esto que se llama la república de las letras.

Así que si bien el nacimiento de Generación no fue un parteaguas más que para ciertos, pequeños, círculos, sí se convirtió en eso con el correr de los años, cuando justamente su longevidad, su irreverencia, su necedad, su provocadora y gozosa cachondería, su defensa de las libertades, su apología de la noche y la vida nocturna, su apuesta por la despenalización de ciertas drogas, entre muchas otras posturas y tomas de posición que le dieron la autoridad moral para erigirse, ahora sí, como una revista indispensable en la vida cultural de fines del siglo XX e inicios del XXI.

 

“No tiene fin la espléndida vida del mundo”, escribió en uno de sus poemas Lawrence Ferlinghetti, figura insigne de la Generación beat, y esa línea representa a la perfección los afanes dionisiacos de Carlos Martínez Rentería; se trata de un periodista que ha encarnado -como muy pocos- los ideales de la contracultura y les sigue dando de beber para mantenerlos vigentes.

Los 30 años de la revista Generación reflejan cómo es que ha asumido el apostolado de los excesos y la apología del disenso y los ánimos libertarios. Carlos es un santo bebedor que preserva la borrachera intelectual y etílica de aquellos que hacen todo a su manera y que espantan a los conservadores con sus prácticas hedonistas.

Juan Carlos Hidalgo

Pero Generación no sólo ha visto morir a las revistas mencionadas, también ha visto desaparecer una enorme cantidad de bares, cantinas, cafés y sitios en donde llegó a presentarse, desde el tugurio conocido como “La Escondida”, en donde nació, pasando por el café Reforma, que fue su segunda casa, hasta lugares como el Bombay, El Orizaba o La apestosa, el Jacalito y un largo rosario de bebederos en donde se desataron las noches más largas de Generación.

La equivocación es la dignidad de la certeza, escribió Carlos (Martínez Rentería) en la editorial del número conmemorativo de los 30 años de equivocada felicidad, la certeza de que Generación seguirá enterrando revistas y bares, pero que también atestiguará la muerte, como ha sido en los últimos años, de algunos de sus muy queridos y destacados colaboradores. Que el último paso, como afirmó Fadanelli, se posponga indefinidamente.

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