Vaya que este sitio es muy extraño para hacer una fiesta. Y la gente está muy seria. Siempre las fiestas en mi casa son mejores a cualquier otra fiesta. No sé por qué mi madre no quiso ser quien preparara todo, regularmente lo hace o al menos se ofrece a hacerlo. Mira, mira a tu primo “el gonzo”, ve y juega con él, anda, ya tiene mucho tiempo que no lo ves. Cierto, tiene mucho tiempo que no lo veo. Toda mi vida. No sabía que tenía un primo “gonzo”, qué curioso nombre. Debe ser parte de la familia de mi padre. Mamá dice que son unos buenos para nada. Como mi papá. Como yo cuando no levanto mi cuarto.

Ayer me dijeron que hoy habría una fiesta pero era de mis amigos. Creo que hoy es el cumpleaños de Luis, que hace fiestas siempre grandes, tiene una casa con patio y se la pasa invitando a todos. Es de esas personas que no caen mal porque tiene sonrisa sincera y sabe pedir disculpas sin dar lugar a reclamos. Su fiesta sería genial, nos dijo cuando estábamos en receso. Pero me trajeron aquí.

A veces no entiendo qué es ayer y qué es mañana. Hay mañanas que duran semanas y a mis papás no parece preocuparles. Les preocupa más cuándo será mañana, que es justo cuando mi padre dice que va a pagar lo que debe. No sé por qué deba algo, creo que algo tiene que ver con mi hermano, él es un niño especial, me dijo mamá y le tienen que dar medicinas especiales. Yo quisiera medicinas especiales. Tal vez son especiales porque saben rico.

Entonces hoy no creo que sea mañana en relación con ayer, porque debería estar con mis amigos y al menos habría un payaso. De esos que se pintan la cara, no payasos como mi tío Roberto que siempre termina haciendo el ridículo. Más cuando trae a una muchacha nueva a estas reuniones. Siempre se burlan de él y parece ponerse muy nervioso cuando les cuento que me caía bien Irene, aunque no sé por qué ya no la trae. Si la trajera, no tendría problemas. De todos modos, no estoy con mis amigos, o con Irene o con mi tío Roberto, no ha llegado. Debe estar pasando por la muchacha a la que traerá. O lavando su carro para luego pasar por ella, siempre lo hace.

Las fiestas de mi familia me gustan más que las de mis amigos, sus tíos me caen muy mal porque siempre me ven raro, como si me respetaran. O como si no me quisieran cerca de sus hijos. Alguna vez escuché cómo le decían a Marisol (oh, Marisol, con sus ojos enormes y dientes chuecos antes de usar frenos) que no me hablara porque mi papá era una persona demasiado respetada. No entendí qué tiene de malo ser demasiado respetado. Pero creo que mucho.

Laura una vez me dijo que sus papás le dijeron que mucha gente debe dinero a mi padre y que a su vez, mi padre le debe a muchas personas. No entiendo cómo funciona eso. No entiendo por qué deben dinero. No entiendo por qué debe dinero. Pero espera que “mañana” nunca llegue. Entonces creo que cuando las cosas las haremos “mañana” no vamos a hacerlas nunca.

De Laura no hablo mucho porque ya no la veo, no sé qué ha sido de ella y tampoco estoy seguro de volver a verle pronto. Estuvo conmigo un año, en mi salón y cuando le dije a mi padre eso que escuché, dejó de ir a la escuela. No sé qué pasó, pero Alberto me dijo que tenía que ver con hacer enojar a mi padre. No sé si creerle a Alberto, nunca ha sido mi amigo, dice que su padre y el mío han tenido muchas diferencias.

Una vez fui a ver una película de miedo con mis amigos de la escuela. Sabía que las probabilidades de que gritara eran enormes y mi tío Roberto me acompañó. No dijimos nada. Fue nuestro plan. También fue nuestro plan cuando escondimos las llaves de la camioneta de mi padre. Casi se desmaya. Dijo que no era suya y que probablemente queríamos verlo muerto. De nuevo, me parece extraño aquello que me dijeron. Mucha gente le debe. Él le debe a mucha gente.

¿Por qué llora mi tía Elena? Es tía abuela, es la mamá de mi tío Roberto. Bueno, esa señora llora por todo. Recuerdo que cuando cumplí tres años no paró de llorar en toda la fiesta. Lo mismo cuando bautizaron a mi hermano. Puro llorar. Ridícula.

Nunca entiendo las fiestas temáticas, ya habíamos vestido todos de negro pero ninguna había sido tan seria como esta. La boda de Araceli, esa que mi mamá me dijera que es mi prima, estuvo maravillosa. Hubo gente en zancos. Lo mejor, sin embargo, fue el desplante del tío Roberto cuando tiró a cuatro de esos tipos. Los del grupo musical se le fueron encima. Él pudo como con tres, los demás estaban gordos. Esa vez dieron una carne en salsa de no sé qué, de esas que son agridulces. De esas que no como. Mi tío Roberto me llevó a comer tacos. Siempre tan considerado.

Me extraña que no llegue. Más si sabía que yo iba a estar aquí, siempre he sido su consentido. Mi hermano no le cae mal pero no habla mucho, entonces, yo le quito el tiempo. A mi hermano parece no importarle demasiado. Quisiera tener un celular, así podría preguntar dónde está. Mis papás no quieren hablarle, dicen que no va a contestar pero no dicen por qué.

La otra vez fuimos al parque, mi tío Roberto siempre con nosotros, no vemos mucho a nuestro padre, eso es bueno, supongo, porque siempre está nervioso. Cuida que no lo sigan y nos ha dicho que no hablemos con nadie, que jamás hay que ir con un extraño y que la única persona que nos va a cuidar es mi tío Roberto. Nos hemos vuelto muy amigos, nos compra helado a pesar de que mi hermano se pone un poco raro cuando lo come. Creo que es parte de ser especial. No quisiera ser tan especial como para no poder comer helado, o cualquier cosa que me gusta. Me gustan muchas cosas que le gustan también a mi tío Roberto, tal vez de grande sea como él, bien vestido siempre, traje negro, camisa blanca y una corbata que regularmente es negra también, aunque a veces se pasa de listo y la usa roja, un puro en la mano que tarda horas en fumar mientras nos cuenta historias. Por las historias que nos ha contado, él y mi padre son héroes, estuvieron en el ejército y ahora se dedican a defender a mucha gente de mucha otra gente. No entiendo por qué tienen que defender a gente que no conocen y sigo sin entender por qué, si se dedican a defender gente, le deben dinero a mi padre y mucho menos entiendo por qué mi padre debe dinero. O cuánto. O a quién.

Tal vez es una nueva muchacha. Es lo único que tendría sentido. Hay que acondicionarlas, yo hago muchas preguntas. Toda mi familia hace muchas preguntas. Es necesario que mi tío Roberto le diga a esa muchacha que va a traer que no se me acerque demasiado, que no sé recibir abrazos y que, si quiere caerme bien, me tiene que llevar al partido el domingo. Supongo que por eso tarda, aunque dicen que ya no tanto, en llegar. Es cuando más tardan.

Mi tío Roberto es primo de mi padre, es muy igualito a él menos en el bigote, el de mi padre es menos. No sé, es menos “algo” pero no sé. No es el mismo, vaya. Tienen casi todo igual menos el bigote. Y la esposa. Y a mi hermano. Y a mí. Mi abuela y mi tía Elena les quieren mucho a ambos, son los mayores de la familia. De los hermanos hombres, pues. Mi hermano y yo somos los más pequeños y mi tío Roberto no se casó nunca, creo que por eso le caemos bien. Aparte nos parecemos a mi padre. Con todo y que mi hermano sigue siendo especial y tomando su medicina especial.

Cuando salimos a cualquier parte parece que nos están siguiendo unas personas pero no es así, son amigos de mi padre a los que les caemos muy bien y que siempre acompañan a mi tío Roberto a que nos cuide, creo que mi tío tiene que ir acompañado de adultos, cuidar a dos niños todo el tiempo no debe ser tan divertido para él como lo es para nosotros. Al menos para mí. A mi hermano no parece importarle nada.

Quería ponerme hoy la playera que reservo especialmente para las fiestas, es de un tipo que les cae muy bien tanto a mi tío Roberto como a mi padre, el tipo es de una película, algo con cara o cortado, no recuerdo bien. Pero esa playera les encanta a ambos y hoy quería ponérmela. Mi mamá no me dejó y eso que es negra. Hoy nos quería a todos de traje. Tengo puesto un traje negro con camisa blanca y una corbata negra delgada, como mi tío Roberto suele vestir diario. Yo solamente visto así en fiestas muy, muy, muy importantes. Tal vez es una fiesta sorpresa para mi tío Roberto. En ese caso, gritaré como nunca, con tal de que note que estoy aquí, probablemente él y la muchacha con la que venga piensen que yo organicé todo esto. Aunque es más seguro que mi abuela haya sido quien planeó esta fiesta. Tal vez por eso llora mi tía Elena. Siempre las dos al pendiente de sus hijitos, por eso no me muero, dice cada una, que porque tienen todavía algo que hacer en este mundo. No sé si haya otros mundos. No sé si uno se pueda mudar así como así de planeta. Debe ser más difícil que mudarnos de casa y nosotros estamos acostumbrados a eso, cuando alguien entra a la casa en que estamos viviendo, mi padre decide que es mejor irnos. Pierdo muchos amigos así.

He cambiado de escuela muchas veces, de maestros e incluso un tiempo tomé clases con una señora que se enojaba por todo y se tronaba los dedos a cada rato. Manuel se cambia de escuela conmigo, menos cuando me dieron clases en la casa, es un buen amigo y mi tío Roberto me dijo que su papá no le cae mal a mi padre, aunque también le debe dinero. Muchos le deben dinero, recuerdo. Y él le debe dinero a muchos.

No llega mi tío Roberto, nunca ha sido tan impuntual, esa muchacha que va a traer me está cayendo más mal conforme pasa el tiempo. Y eso que no la conozco. Cuando no estamos con mi tío, mi hermano y yo no podemos hablar con nadie, todos están en sus temas, todos platicando de otras cosas y nunca nos dicen de qué. Dinero, casi siempre hablan de dinero, debe ser del dinero que le deben a mi padre. O del dinero que debe.

Ha llegado mi abuela y corrió a abrazar a la tía Elena, siempre olvido decirle tía abuela porque una vez me dijo que se sentía vieja, que le dijera Elena o tía Elena, tampoco me deja hablarle de usted como mi padre me obliga a dirigirme a él, dice que quiere sentirse un poco menos vieja de lo que es. A mi abuela la acompañan mis tías, hermanas de mi papá, tiene dos hermanas mayores que se casan a cada rato. Igual que sus hijas. La última vez mi tía Euge se casó con un señor muy alto que creo que tiene borregos. Mi tía Espe ya pasó cinco años sola, creo que ya se acostumbró a estar así o ya se cansó de tantas fiestas. Dicen que sale caro.

No me quiero casar muchas veces, me gustaría encontrar a alguien como Irene pero que tuviera mi edad. No me quiero ver como mi tío Roberto se ve con las muchachas que trae de un tiempo para acá. Si me voy a casar me gustaría que fuera con alguien como Irene, ella es muy especial, es bonita y alta y tiene esa cara que me gusta mucho. Sus ojos son muy verdes a veces y a veces muy azules, pero siempre son bonitos y su cabello es muy negro, brilla con el sol. Las chapas parecen salir de la nada cuando sonríe. Me quiero casar con alguien como Irene.

Creo que mi tío Roberto ya viene, todos se pusieron de pie, estamos dispuestos a sorprenderlo mucho, yo más que nadie, saltaré frente a él. Ya después podré reclamarle a la muchacha que traiga el haber tardado tanto. No entiendo por qué todos lloran.

Mi mamá me dice que el tío Roberto ya está aquí pero no lo veo, no hay muchacha nueva, no hay nada que me diga que está aquí. Tampoco está Irene. Todos señalan a la caja. Todos lloran cuando se acercan. Qué triste, dicen, tan joven que era. ¿Quién? No lo sé.

Me pude acercar a la caja esa que metieron, mi mamá me dijo que ahí estaba mi tío Roberto y no entendía nada, no puede estar muerto. Creo que se está escondiendo o nos juega alguna de las bromas que siempre juega. Mi mamá me cargó para que lo viera y le dijera adiós, no sé a quién, si el que está en la caja no es mi tío Roberto. Se parece un poco a él pero le falta la sonrisa, no tiene color y su peinado está al revés, era para el otro lado. No puede haber muerto, no mi tío, cualquiera menos él.

Ha pasado tiempo desde esa fiesta. No hay día en que mi padre no esté sudando y mamá no llore por las noches. Extraño a mi tío Roberto.

¿Qué es la muerte? No sé, no termino de entenderla, escucho mucho de muertes en la casa pero escuchar de eso no me hace comprenderlo. Los amigos de mi papá mueren a menudo y no me interesa. Pero mi tío Roberto no pudo haber muerto. La muerte debería existir solamente afuera de la puerta de mi casa. Ausencia, creo que eso es la muerte, cuando alguien falta y con su falta te hace falta.

Ya nos mudamos. No importa. Sigo esperando en las tardes, sentado en el primer escalón, como hacía hace tiempo a que llegue. Mi tío. O mi muerte. Lo que sea, sigo esperando. Como hice ayer. Como haré mañana.

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