Una de las características que el fan musical no debería perder nunca es la sana costumbre de adorar el culto. Si algo caracteriza al Festival Marvin es justamente que apuesta por traer propuestas que alcanzan esa etiqueta que no todos merecen y que a quienes nos gusta la música nos cuesta tanto trabajo conceder, pero que además, por una u otra razón no habían podido pisar tierras aztecas. El año pasado la curaduría del festival nos brindó la oportunidad de ver a Daniel Johnston, una de las presentaciones más emotivas que se han vivido en la Ciudad de México y que de algún modo definió el rumbo que no debe soltar el Festival. Para la edición 2015, la Revista Marvin sorprendió con Os Mutantes como uno de los shows estelares, una presentación que sirvió para aclararnos, el por qué ésta agrupación sesentera influenció a varios de los músicos que hoy todos veneramos.

Este año el camino al final del túnel inició con Javiera Mena en el Salón Covadonga, nunca será demasiado temprano, ni el clima lo suficientemente caluroso para dejar de bailar al ritmo del electro pop de la chilena, que a pesar de la hora logró reunir a suficiente gente como para subir la temperatura a niveles tan pegajosos como el beat de sus sintetizadores.

Aún sin haber refrescado la garganta y con la disyuntiva de ver a The Guadaloops o a Sotomayor, la ruta nos detuvo unos minutos en el Caradura para alcanzar a escuchar un par de canciones de los peruanos de Moldes. El venue, todavía con poca gente, nos daba la señal de que el festival estaba arrancando motores. La cercanía del Pata Negra obligó a declinar por The Guadaloops, un combo de hip hop con alma de soul y R&B que nos puso muy de buenas a pesar del calor. Los envidiosos dirán que The Guadaloops es una mezcla entre Sin Bandera y Son by Four, pero si lo dicen es porque en el fondo les falta alma, cosa que Tino y Fermín tienen de sobra.

Después otra disyuntiva, ¿LNG SHT o Juan Cirerol?  El hip hop vence pero sólo por un instante. La inquietud me gana y me asomo a ver cómo van las cosas en el Caradura, demasiada gente. Es hora de hacer una pausa para comer antes del momento cumbre.

Esta vez el Covadonga luce un poco menos lleno que el año pasado en Daniel Johnston, pero la expectativa es similar. La guitarra de Sergio Dias corta como un cuchillo, la canción mas coreada fue sin duda «A minha menina», pero el recorrido es largo. Solos de guitarra festejados por los más entusiastas. Y aunque dio la impresión de que la presentación nunca terminó de detonar, fue suficiente para probar el punto, entender el culto por Os mutantes y celebrar la música.

La fiesta seguía en la Cantina Covadonga con Jessi Bulbo, mientras yo pensaba cómo se la estarían pasando aquellos que decidieron meterse a escuchar chistes de standuperos. Una propuesta que quizá nunca sabré como resultó, pues nadie que yo conozca decidió que fuera buena idea ir a escuchar a Alexis de Anda en plan cómico.

Después de otro leve descanso y con los efectos de varios brebajes que fuimos consumiendo, la opción se encaminó a detonar la fiesta con CLIP! el Dj y productor catalán, que fue preámbulo perfecto para iniciar el camino al ruido con unos bajos de ultratumba que todavía resuenan en nuestros oídos, apenas para llegar a tope a The Raveonettes. Los daneses sin duda dieron el mejor show de la noche. Lograron sumergirnos en la densidad de su sonido. El ambiente como de playa sin luz remitía a su último disco Pe` Ahi, oscura dulzura.

La propuesta de la Revista Marvin ha crecido tanto en actividades, como en experiencia. Actividades como las conferencias que ofrecieron expertos de la industria musical o el recorrido en Turibús a los distintos escenarios, entre otros detalles, son cosas que enriquecen la experiencia. Aunque no se debe olvidar que todo gira al rededor de la música, ahí es donde se logra un equilibrio entre ofrecer propuestas emergentes y leyendas de culto como Os mutantes. La pregunta obligada ahora es ¿Qué vendrá el próximo año?

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Imágenes de César O. González y del Twitter Oficial de la Revista Marvin

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