Qué tranza pandilla, esta vez mi columna está dedicada al festejado medio donde ustedes desde hace más de un año me leen. Saben hacía una reflexión sobre lo que hoy ha crecido esta ciudad en cuanto a la expresión artística se refiere; recuerdo cuando llegué a vivir a Pachuca, allá por el 2001, que a pesar de ser una ciudad muy tranquila, era una ciudad muy rara, y no me mal interpreten, pero durante toda mi niñez rodé por muchas ciudades altamente turísticas y llegar a un lugar donde te rebasa la calma era algo extraño.

Además recuerdo mucho que musicalmente hablando, pues no era muy del lado del rock esta ciudad, más bien estaban inmersos en esas épocas los artistas de la música grupera, había un boom de sonidos como el de los Temerarios, Los Acosta, Los Felinos, Los Tigres del Norte; y bueno lo más que se leía era el Sol de Hidalgo. Aún recuerdo que lo más fregón que pudo pasar unos años después de mi llegada a esta ciudad fue un concierto de Radiohead, después algún toquín de La Lupita, algo de urbano, pero siempre sobresalían los bailes populares.

Sin embargo, creo que la cercanía con la ciudad de México hizo que poco a poco la ciudad mutara, y también creo que habíamos muchos locos en este pequeño mundo, que quizá dispersos en todo el territorio de la capital hidalguense, pero que sabíamos que algún día y en algún momento nos encontraríamos para hacer algo distinto a lo que siempre se hacía en Pachuca. Todavía recuerdo que a quien me invitó a esta aventura lo conocí en la escuela y en algún momento en el Consejo de Cultura cuando hacía yo mis prácticas profesionales.

Poco a poco todo comenzó a cambiar, empezaron a surgir otras expresiones artísticas, tomaron fuerza, la música ha ido cambiando, las mentes se abrieron para conocer algo más que la banda y lo grupero; pero ahora solo faltaba que algún medio se atreviera a salir de la clásica zona de confort de hablar únicamente de lo que el gobierno hace o de lo que no hace. Entonces un día en redes sociales allá por el 2015 encontré Planisferio y me detuve a checarlo y dije, mira un medio distinto, un medio de contracorriente, y decía ojalá le abrieran un espacio a la música que tanto escucho desde hace muchos años.

¿Y qué creen? En alguna fiesta me topé con mi buen carnal Daniel Fragoso y dentro de la plática le comentaba lo bueno que era Planisferio y como un acto de sorpresa me hizo la invitación a integrarme y escribir; cosa a lo que de manera sorpresiva cuestionaba que si estaba hablando en serio, y no por el hecho de que no me sintiera capaz de escribir; sino por el hecho de que lo que quería era escribir sobre ska y reggae, pero el liberó mis dudas diciendo que nadie escribía sobre esos géneros y que le gustaría que lo hiciera.

Y así fue cómo surgió “La Casa Rasta & Rudy” y sé que quizá aún no domino mucho esto de la redacción, que tuve que vencer de inicio ese miedo a expresar con palabras escritas lo que sentía, lo que quería que la gente supiera de estos dos grandiosos y grandes movimientos, más cuando veía que gente muy leída y con niveles altos de conocimientos y sobre todo con una redacción muy pro, pues decía no me agüito, me rifo y seguiré rifándome, porque vamos para largo.

Y desde entonces he aprendido a confiar más en mí, en lo que hago, y todo eso gracias a la oportunidad que me brindaron, ahora aunque aún no todavía a la perfección, he buscado mejorar en muchas cosas, y vamos poco a poco, siempre agradeciendo a cada una de las personas que me leen, pero sobre todo a quien me abrió la puerta de pertenecer a este grupo de locos que nadando contracorriente, vamos haciendo crecer este medio, que más que eso, es una forma distinta de ver el entorno no sólo artístico, sino cultural y hasta político que vivimos en este país. ¡Gracias Planisferio! ¡Gracias a todos!

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