“Esto es una amenaza./ ¿Sabéis lo que es una amenaza?/ No tengo vida privada./ Os suicidaréis/ o seréis como yo”, escribió Leonard Cohen en el poema 53 de “La energía de los esclavos”, regreso a estos versos, que punzan como llagas reventadas, cuando me miro contando las horas que paso vestido de traje en una oficina, frente a un ordenador que en su luz vibrante va lijando capa tras capa mis retinas.

¿Nunca han tenido esa sensación de mandar a la chingada todo? ¡De sentirse hasta la madre de su vida! Pues eso es precisamente lo que me ocurría ayer. Y no es que no esté a gusto con mi vida, al contrario, me encanta. Pero creo que así como uno tiene el firme derecho de levantarse cada mañana y engrosar el club de los optimistas, también creo que uno se puede levantar de malas y pasar todo el día de malas.

Según la American Psychological Association “el enojo es un estado emocional que varía en intensidad. Varía desde una irritación leve hasta una furia e ira intensa. Como otras emociones, está acompañada de cambios psicológicos y biológicos. Cuando usted se enoja, su frecuencia cardíaca y presión arterial se elevan y lo mismo sucede con su nivel de hormonas de energía, adrenalina y noradrenalina. El enojo puede ser causado por sucesos externos o internos. Usted puede enojarse con una persona específica (como un compañero de trabajo o supervisor) o por algo ocurrido (embotellamiento de tránsito, un vuelo cancelado), o su enojo puede ser causado por estar preocupado o taciturno debido a sus problemas personales. Los recuerdos de hechos traumáticos o enfurecedores también pueden despertar sentimientos de enojo”.

Y estoy seguro que los párrafos anteriores le valen madre, y después de esto le han causado enojo. Lo cual lamentaría en sobremanera. Sin embargo, mientras los minutos transcurren, y el frío cala, porque hago esto de madrugada, en una oficina de un edificio histórico, con un teclado que hace un ruido horrible, pienso que las duras teclas de este teclado son como los enojos momentáneos de la vida, que aunque sabes que ocurrirán, sigues viviéndolos porque están ahí para que eso pase. Mientras todos nos enojamos y nos contentamos (porque como decía mi abuelo, el que se enoja tiene dos trabajos: enojarse y contentarse), yo me largo que ya es viernes.

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