“No hay peor desentendido que el que no quiere entender”, es una variación que el Instituto Cervantes ha consignado sobre el famoso refrán de uso común “No hay peor ciego que el que no quiere ver”, ambos, durante años, han servido para designar la inutilidad de tratar de convencer a una persona que se ha obstinado en una empresa. Es quizá esto lo que suceda alrededor de los “Diálogos por la cultura”, llevados a cabo en las instalaciones de la Biblioteca Ricardo Garibay en la capital del Estado de Hidalgo.

Digo esto desde lo que he observado en las redes sociales de la Secretaría de Cultura de Hidalgo al seguir la transmisión de las exposiciones de los participantes en estos eventos que mal nombraron “Diálogos”. Déjeme explicar por qué creo que estos no sean unos diálogos. Según la RAE la palabra “Diálogo” proviene del latín dialŏgus, y este del griego διάλογος diálogos, ésta tiene tres acepciones: 1. m. Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. 2. m. Obra literaria, en prosa o en verso, en que se finge una plática o controversia entre dos o más personajes. 3. m. Discusión o trato en busca de avenencia. Ahora bien, en ninguna de estas tres encaja el formato de exposición de ponentes utilizado en los eventos realizados para construir la “Ley de Cultura de Hidalgo”.

Independientemente de la errónea interpretación semántica, los eventos adolecen de la falta de interés de los legisladores locales, quienes no han estado presentes. O de la apretada agenda del Secretario de Cultura, que sólo ha ido a tres de los seis foros.

Por su parte, los ponentes se han dedicado a exponer sus experiencias de vida y en el caso de los invitados externos, han hablado sobre definiciones y abundado en experiencias que pueden servir de referentes, pero que tal vez no serían viables para replicarse en la entidad. En lo concerniente a los asistentes, éstos han sido, casi en la totalidad, funcionarios y trabajadores de la Secretaría de Cultura y diversas dependencias del gobierno estatal. A la luz de este panorama, si lo que se pretendía era la validación de un proyecto de ley ante la ciudadanía, el objetivo está fracasando o es una mera simulación.

Empero, para que un proyecto de esta naturaleza prospere es necesario hacer una convocatoria pública donde los involucrados en la creación, promoción, difusión, resguardo, conservación del patrimonio cultural, así como de los bienes y servicios culturales, participen en el análisis de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, y desde ahí, se integren en un consejo redactor que tome esa ley como base para construir una ley acorde a la realidad de Hidalgo.

Una vez redactada dicha iniciativa de ley, sería necesario que un grupo de juristas revisen las propuestas y apliquen técnica legislativa para que el documento que se vote en la Cámara de Diputados esté blindado jurídicamente, porque de no ser así, los siguientes pasos, que consisten en la reglamentación de la ley y la construcción de las políticas públicas e implementación de los planes y programas, estarán endebles por no tener una raíz sólida.

 

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