Por: Asfalto

 Siempre se supo diferente al resto, suspiró, su camino seguía.

De pronto todo en su pueblo se había hecho más aburrido, la gente poco a poco comenzó a emigrar hacia el norte, en busca de mejorar la situación económica de su familia y asegurarles un mejor futuro a los más pequeños. La misma mano invisible se estaba llevado a su primo justamente el día en que celebraba su cumpleaños, casi lo doblaba el llanto al presentir el vacío que su partida le dejaría. Recordó que él era el único que entendía sus juegos infantiles, que lo protegía de los gandallas de sexto año y además lo aconsejaba. Era como el hermano mayor que no tenía porque también, para su mala suerte, lo había abandonado para perderse en el laberinto del gigante del norte. Quiso decir tanto en ese momento, pero todo se le atoró en el pecho y se le acumuló junto a otra madeja de sentimientos que le comenzaban oler a rancio.

Ya había pasado un año y de nuevo su cumpleaños llegaba entre recuerdos y melancolía…

—Primo, pórtate bien, no creas que me olvidé de tu cumpleaños, te mando algunas cosas que  sé que te gustarán. —Leyó con desesperación la carta que venía dentro de la caja de cartón, hizo pedazos la envoltura de papel y el sello que remitían desde Los Ángeles, California.

Destapó la caja. Encontró dentro una gorra negra que decía “Los Angeles kings” con letras bordadas, cinco audio cassettes y una película betamax. Era algo extraño para él, pero lo impactó instantáneamente. La música de los cassettes era totalmente diferente a lo que había escuchado jamás, era enérgica, era brutal e hipnótica.  La escuchaba día y noche. Miraba por horas las portadas y repetía en un muy mal inglés los estribillos de las canciones. Qué decir de los videos grabados del canal gringo  Mtv que ponía en la nueva super  betamax dorada que les había mandado su primo, por fin veía en acción a los famosos NWA, a Public Enemy, a Cypress Hill. Vaya, Era el bichito raro en el pueblo, que en lugar de usar sombrero usaba una gorra, en vez de calzar botines usaba unos tenis Fila de basket.

Compton estaba muy lejos de San Miguel el Alto, pero él entendía toda  esa movida a su manera, y cada que descubría algo más de esa cultura, gracias a su primo, se sentía mayormente identificado. Era color en las paredes, era poesía y mensaje, era una actitud, un modo de vestir y vivir diferente, era la energía del break dance y la habilidad de un Dj, era mucho más que música, era algo más que apenas  estaba descubriendo.

Sonrió al ver sus libretas escolares llenas de versos para una niña que jamás los leería, rayoneó un poema dedicado a la represión materna y sus ganas de escaparse de casa, se le hizo muy tonto. Arrancó la hoja del boceto y se escabulló en medio de la noche con un bote de pintura en aerosol. El Sony walkman tocaba a House of Pain y los perros ladraban, un manto de neblina cubría todas las calles del centro mientras pintaba su nombre en las paredes. Sabía que él era una pequeña célula de algo mucho muy grande. Tomó un respiro antes de sentirse dueño de todas las calles en esas horas de la madrugada, la adrenalina recorría su cuerpo mientras el enervante olor a pintura lo incitaba a arriesgarse cada vez más en sus pintas. Si antes nadie lo conocía en su semiciudad, ahora todos tendrían que tragarse con la mirada sus iniciales abombadas en los muros pálidos de la avenida principal. Palpaba un poco un poder que lo estaba transformando, algo así como el traje negro de Spiderman.

Al otro día, de camino a su casa miró su obra regada en las paredes y escuchó a la gente hablar de ese pinche vándalo. Por fin se sentía alguien. Sonrió, se acomodó los audífonos a sus oídos; continuó escribiendo.

El tiempo pasaba y cada navidad que su primo lo visitaba era una sorpresa y un hallazgo nuevo, cada disco compacto era una  joya que daría vueltas y vueltas interminables en el discman. Cuando entró a la Secundaria no dudó en compartir el Rap con sus mejores amigos y de pronto uno de ellos se atrevió a rapear como Vico C  luego los otros le hicieron segunda, vaya, sintió un poco de celos al haber descubierto antes que ellos el Hip Hop y no tener aún sus propias rimas originales. Se miró al espejo y gesticuló grotescamente tomando un micrófono imaginario con el estilo de MC Ren. Lo de menos era copiar como los demás, calcar los flows, incluso las mismas rimas de los raperos famosos. Él sabía que tenía un reto muy difícil, debía enfocarse en reflejar su propio ser a través del rap.

Día y noche se enfrentó a sus demonios, caminaba ensimismado pensando en una y mil cosas, escribiendo con furia, llenando y llenando hojas con palabras sueltas y rimas, con sentimientos que poca coherencia tenían unos con otros y lloró de desesperación al quebrársele la voz a la mitad de su confrontación contra el espejo, golpeó con fuerza la pared al morirse de miedo y pena, de rabia y asco por su poca elocuencia y valor.

De pronto llegó el internet a su secundaria, justo cuando debía dejarla. Recuerda la tarde en que tecleó en el buscador de “Yahoo” la palabra “hip hop, observó muchas fotos, portadas de discos y reportajes, se dio grasa todo lo que pudo antes que el Prefecto le cayera y lo obligara a irse por estar perdiendo el tiempo en páginas no educativas. Luego de un tiempo llegaron los cafés internet, bueno, en su ciudad había sólo dos, pero tuvo que ir obligadamente a uno para investigar algo de una tarea. Su primo debía saber todo eso. De pronto digitó la palabra “Rap” en el buscador, encontró “instrumentales de Rap”, Hip “Hop Mexicano”, “VLP”, “Sindicato del Terror”, “Sociedad Café”, “Kid Frost”, “SFDK”, “El Club de los Poetas Violentos”. Hojas y hojas en blogs especializados que detallaban lo más fresco del rap en español.  Compró un diskette de 3 ½ y copió lo que más pudo en un archivo de Word.

Pasaba de largo al escuchar las estupideces que improvisaban sus amigos, iba directo al café internet de su calle y grabó algunas, “Rap Instrumentals” las grabó en un cd y comenzó a dejar fluir su ingenio en algunos raps. Algo le faltaba. Esa noche llegando a su casa su padre acababa de recibir la noticia, su primo llegaría máximo en un día, eso lo entusiasmó al momento porque tenía mucho que platicarle, tanto que había descubierto de la cultura del hip hop desde aquel día que recibió ese primer regalo en una caja sellada en Los Angeles, California.

Sabía que le había mandado en una caja al hip hop para que no sintiera la ausencia de sus familiares cercanos, sabía que esa caja contenía algo inmenso que se encargaría de llenar su alma con color, que vaciaría su ser de sentimientos de ira, lo inspiraría y sería un desahogo emocional en momentos difíciles.

Recordó de nuevo. Aquella ocasión su primo había llegado de nuevo a su semiciudad pero maltrecho y en una caja de madera víctima del racismo y la intolerancia del país del norte, dentro de su pecho algo detonó, algo que pudo reflejar en sus raps y transmitir directamente a los oyentes.

Esa noche se miró en el espejo del baño, comenzaba a mirar algunas arrugas en sus ojos. Afuera, el escenario estaba abarrotado gritando su nombre. Esta vez tenía tanto que decir  que el único miedo que le invadía era el de morir sin poder escupirlo jamás.

Siempre se supo diferente al resto, suspiró, su camino seguía.