El vértigo del presente es poco menos que desolador; bastan unos pocos minutos ante un noticiario televisivo –nacional o internacional- para caer en una depresión –algo a lo que ya nos acostumbramos-, pero si también nos dejamos llevar por el “piensa global, actúa local”, el pasado lunes fue una cumbre para la pésima manera en que se hacen las cosas en Tuzopolis (tengo que dejar de usar Tuzolandia porque también la están poniendo de moda y hasta portal tiene: ¡Vaya voracidad!).

Una comisión internacional dio cuenta por la tarde del montón de irregularidades en torno al caso Ayotzinapa –que son muchas y de todos tipos-; luego una sinvergüenza Secretaría de Desarrollo Social pretende verle la cara a todo mundo presentando cifras que indican que han logrado avanzar en contra del hambre; una vez más se resguarda en cifras encargadas a otra comisión de dudosa ralea. ¡En este país creamos comisiones para todo, sin que sirvan para algo!

Y el asunto del crimen de la Narvarte se va retorciendo como si saliera de la mente del más avezado guionista de HBO o TNT. Inexactitudes, fantasías, manoseos. Los acontecimientos se manipulan según las estrategias de expertos que pretenden sacar a las autoridades involucradas del atolladero. ¡Ya nadie les cree!

Según lo especulado durante meses, a lo largo del lunes, en las redes sociales diversos conductores se quejaron de su suerte en los atascos en la carretera México-Pachuca. Otros tantos documentaron el primer día de funcionamiento del Tuzbobus con imágenes que detallan los primeros choques o la impunidad de los choferes pasándose los altos. ¡Nuestra ciudad una vez más debió ser un trending topic en Twitter gracias a los ciudadanos! ¡En Facebook el lunes fue un hervidero a propósito del nuevo sistema de transporte!

¿Será que ya se veía venir ese caos pachuqueño? Pasa el tiempo y nadie espera que se resuelva cosa alguna de los estudiantes desaparecidos. ¿De verdad el Gobierno logrará algún nimio avance con los más de 50 millones de pobres? ¿Seguirá siendo tremendamente peligroso ejercer el periodismo en México? ¿Cómo fue que llegó al poder un tipo con mirada de psicópata como el Gobernador de Veracruz? ¿La idea fue que la cotización del dólar se emparejara con la del euro?

El asunto es que vivir inmersos en la confusión es la norma. Propios y extraños, connacionales y extranjeros, se van acostumbrando a subsistir dentro de un principio de incertidumbre. Son muy escasos los momentos en los que contamos con la información suficiente. Como si al mundo actual se le hubiera cubierto de una especie de bruma de dudas y falta de veracidad. ¡Algo impensable para la sociedad de la información!

Ni siquiera los emisores de ciertos comunicados se plantan delante de la gente con total convencimiento. Se pide calma –una y otra vez- y se insiste en que la confusión habrá de disiparse, pero ello no sucede –ni sucederá-. “En el caos no hay error”, Santiago Auserón dixit.

Muchas cosas parecen quedarse como incógnitas permanentes; como nuevos galimatías que irán tirando para adelante como eternos embrollos. La confusión va emparejada a ir improvisando día con día. Ocurrencias y poca o escasa planeación metodológica; sumerge en la confusión y vencerás, parece el lema.

Otra frase apunta: pinta tu casa y colorearas al mundo. ¿Será que sólo un milagro hará que el tráfico en Tuzopolis se ordene? ¿El Tuzobus se normalizará en su funcionamiento? ¿El peso recuperara su cotización? ¿Alguna vez tendremos verdaderos culpables?

Nada es predecible; la confusión es el principio rector del hoy por hoy. ¿Todavía habrá a quién le resulte extraño? Ya lo anticipaba una vieja canción de Santa Sabina: “Puedo intuir, puedo oler, puedo pensar… pero saber jamás”.

No se diga más… la confusión nuestra de todos los días. ¿O no?

Imagen tomada de: musicdor.deviantart.com

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