El otro NO es mi competencia, suena a utopía en una atmósfera global, donde el triunfo del individualismo (Badiou) y el nuevo cínico, finge su sonrisa en esta llamada sociedad de amigos (Sloterdijk). Todos contra todos, o eres digno de mi amistad, sólo si sirves o me sirves, bajo algún mecanismo utilitario. De este modo, la intensificación del Yo y los valores falsos de la vida (poder, dinero, fama) como decía Freud, se convierten en el narciso común que concursa día a día contra su prójimo en esta esfera del malestar on line y del malestar off line (Bauman).

Sin embargo, no podemos ser catastróficos. Tampoco paranoicos o desconfiados. No somos cínicos, no estamos cosificados.

La micro-política amorosa es una posibilidad, una resistencia que unifica y desenmascara esas pequeñas esferas que transitan solidarias y honestas más allá del ser neoliberal. Quizá sea lo menos, pero en ello radica su intensidad. Pequeñas acciones para no mutilar a la otredad, pequeñas acciones para no juzgar-clasificar a la otredad.

Pensar desde la calma, no desde la rabia.

Pensar desde el silencio, no desde la vanidad.

Traslucir el acto amoroso, en cada uno de nuestras formas de relacionarnos en lo social.

El socius es el amor.

El otro no es mi competencia, porque finalmente cada uno está donde le corresponde estar (Tao).

El cínico no es la nueva figura del pensamiento del siglo XXI.

La nueva figura es la alteridad.

 

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