El cine de horror encuentra, por encima de otros géneros, una clara influencia del cuento moderno. La estructura narrativa de una buena cinta se sostiene en elementos sobre los que han teorizado autores como Edgar Allan Poe (como en el caso de la “unidad de efecto”) o Ánton Chéjov (con su “Teoría del arma”). Es por lo anterior, que muchos guionistas y directores buscan esta entelequia estructural que permite, ocasionalmente, crear una obra contundente con un final sorpresivo en el más puro estilo de Otra vuelta de tuerca, la imperecedera novela de Henry James.

Entré a ver El niño con bajas expectativas. Pensé que se trataría de una película mediocre, en la línea de El títere (Dead Silence, James Wan, 2007), cuyos elementos terroríficos se sostendrían, únicamente, en la presencia ominosa de un muñeco. Afortunadamente, cuando parece que la película se ha estancado en esta fórmula fútil, suscita un giro afortunado que, al menos en mí caso, resultó lo suficientemente imprevisto para regresarme al filo de la butaca.

De ahí mi comentario sobre la influencia del cuento moderno en el cine de terror. Existen numerosas obras cinematográficas que logran consolidar esta vuelta de tuerca. Por citar un ejemplo burdo, El sexto sentido, de M. Night Shyamalan, logró asombrar a una gran cantidad de espectadores al revelar que Bruce Willis estaba muerto (me disculpo por la remotísima posibilidad de arruinarle el final a alguien que no haya visto la película; pero, por favor, esta revelación es tan clásica como la de la paternidad de Darth Vader sobre Luke Skywalker). Lo anterior, a pesar de que la fórmula del fantasma ha sido repetida hasta el cansancio por una gran cantidad de cuentistas de corte moderno (cito, entre los mejores de ellos, “Una niña perversa”, de Jehanne Jean-Charles). De la misma manera, están aquellas películas que no logran un final contundente. Por el contrario, el desenlace, la revelación o epifanía, termina por arruinar toda la hipótesis en la que se sostiene la trama del filme. Por mantenerme en la misma línea, pongo de ejemplo a todas las demás películas del mismo M. Night Shyamalan.

No me atrevería a decir que El niño posee un giro genial, ni que la vuelta de tuerca reivindica las numerosas fallas argumentales de este filme. De hecho, lo más probable es que su final sorpresivo sea algo completamente previsible y simplemente yo no fui lo suficientemente inteligente o suspicaz para preverlo. Aun así, creo que esta película posee buenos elementos cuentísiticos que permiten, al menos, pasar un buen rato.

El niño nos narra la historia de Greta Evans, (interpretada por Lauren Cohan, la bellísima mujer que hace de Maggie en la espectacular serie The Walking Dead), una mujer que, por huir de su pasado, acepta trabajar como niñera para un matrimonio de británicos acaudalados. El único problema es que su labor consiste en cuidar a Brahms, un muñeco que es tratado por los padres como si estuviera vivo.

La trama, en sí, no es muy verosímil. Después de todo, ¿quién aceptaría un empleo en una casa, vieja, solitaria y aislada en el bosque de una tierra foránea, después de ver que sus dueños están los suficientemente enfermos para tratar a un muñeco como si fuera un niño de verdad? A pesar de estas incongruencias, creo que la historia logra situarnos en un contexto lo suficientemente particular para mantener una tensión que muchas veces se percibe irregular en los filmes de fantasmas. Y aunque el director acude a los clásicos sustos sorpresivos estilo “Jack-in-the-box” (música angustiante, silencio, una súbita aparición acompañada de un fuerte sonido), la presencia de Brahms es, en sí, bastante inquietante.

No hay mucho que añadir a El niño. La presencia del muñeco, sutil y por ende, perturbadora, solo ayuda a sostener una porción mínima de la trama. Es por ello que el “giro sorpresivo”, cercano al final, me pareció bastante oportuno. Estoy seguro de que muchos lo encontrarán previsible y, por lo mismo, la película les parecerá mediocre. Aun así, creo que tanto el director como el guionista supieron ocultar bien algunos elementos y distraernos con otros para conducirnos hasta un buen desenlace. En resumen, El niño es una película “palomera”, que entretiene y funciona, aunque dista mucho de convertirse en un clásico de terror o en una cinta de culto. En todo caso, reitero: ¡actúa Lauren Cohan!, y ella es pretexto suficiente para acudir al cine.

7 notas en negro.

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