“Ese mito de las giras en el rock es falso, son muy diferentes a como todos se las imaginan”.

La frase es de Homero Ontiveros, tecladista de Inspector. Cuando la dice estamos sentados tomando una cerveza, antes de que salga junto con su banda a presentarse en el Teatro del Pueblo, en la Feria de Pachuca. Bebemos con calma y dudamos si pedir la segunda ronda.

Estoy aquí porque en la tarde recibí un mensaje extraño y oportuno. Llevo meses como Rocky, tratando de entrenarme para la gran pelea, buscando experiencias que me mantengan lejos de la rutina y el letargo hasta encontrar aquella que me lleve a la ansiada gran historia. Mi principal temor como periodista y editor, es encontrarme un día atado permanentemente a la silla, frente al ojo que pretende observarlo todo desde la ventana de una oficina. Cualquier pretexto para salir de ahí es una gran oportunidad.

El mensaje que recibí me invitaba a ir a saludar a Homero, personaje conocido por ser el tecladista de Inspector, pero que actualmente tiene una revista cultural digital que se llama La Zona Sucia, la cual he seguido los últimos meses porque en ella colaboran varios de mis colegas periodistas y dialoga de manera interesante con lo que hacemos en este portal. Me interesaba descubrir el porqué del interés del tecladista de Inspector en hacer un proyecto como ese.

No lo conozco personalmente hasta este momento, pero el tipo resulta ser un gran conversador, muestra un interés genuino por la literatura, la cultura y el periodismo musical. Es en ese terreno en el que se centra la charla, hay intercambio de recomendaciones literarias en la mesa, comentamos sobre amigos en común y personajes de la noche con los que hemos coincidido dentro del medio cultural. Eventualmente llegamos al tema de Inspector.

“A la mayoría de mis amigos no les gusta Inspector, yo lo sé muy bien porque me lo dicen abiertamente”.

Lo dice sin reparo y nadie en la mesa lo contraria, pero me sorprende la honestidad y la capacidad crítica con la que habla de su trabajo. Me sorprende porque Inspector es una de las bandas que más ha padecido el desprecio tanto de la crítica musical, como de la escena del ska misma, pero al mismo tiempo es una de las agrupaciones masivas más exitosas del país. Yo habría pensado que tal tema sería complicado de tratar. Regularmente lo es cuando se intenta llegar a los terrenos de la brutal honestidad con un músico, pero con Homero las cosas son diferentes. Él permite que fluya la charla y sin tapujos habla sobre lo complicado que fue para ellos enfrentarse de nuevo a los auténticos rude boys tras haber salido en la televisión. Entiende los momentos difíciles y reconoce los logros que han alcanzado a pesar de las adversidades con el paso de los años. Lo hace de manera objetiva y sin pretensiones. Es muy consciente del lugar en el que está parado con su banda para bien y para mal y eso me hace respetarlo.

Hasta ahora, sumergido en ese intento por escapar de los lugares comunes, lo último en lo que pensaba era en asistir a la Feria de Pachuca. Pienso en ella como una gran rutina a la que los habitantes de la ciudad nos sentimos obligados a asistir año con año nomás pa’ cumplir. Pero antes de disculparse para regresar al hotel a cambiarse antes del show, Homero nos invita a acompañarlos a la feria. Yo dudo en aceptar, pero en mi cabeza sigue girando la idea sobre lo dicho anteriormente por el tecladista.  ¿Si las giras de los rockstars son un mito y no pasa todo lo que uno se imagina que pasa tras bambalinas, entonces cómo son en realidad? Pienso en el día a día, en los viajes, en la repetición rutinaria, en el cansancio y la normalización de una actividad laboral que cualquiera preferiría tener antes que estar sentado frente a una computadora, pero que quizá no sea tan cool como todos lo vemos debajo del escenario. Supongo que en algún momento debe parar la fiesta eterna.

Big Javi es un animal aparte. En alguna entrevista con Armando Palomas, yo cuestionaba al cantautor por haber incluido al vocalista de Inspector en su concierto de aniversario. “No he conocido otro cabrón que me aguante la peda como él. Canta chingón y nos la curamos juntos a toda madre, ¿qué más quieren?”. Gran respuesta. Fue con Javi con quién llegué a las instalaciones de la feria. La hielera del auto me confirmó que la afirmación de Palomas era cierta. Polo negra, Dr. Martens, el copete bien engrasado y un vaso de litro en su mano con vodka y agua de jamaica. En el camino escuchamos una nueva canción de Pascual Reyes, una colaboración con un cantante emergente de Guadalajara que a todos nos pareció buena. Noto que Javi está atento a propuestas nuevas y de alguna manera atento a lo que sucede alrededor de la escena musical mexicana y eso me parece un buen gesto.

Ya en la zona de camerinos me acomodo para ver un rato la presentación del Gran Silencio en una de las pantallas mientras todos se meten a la rueda de prensa. De este lado nada es igual a todo lo que sucede allá abajo. El tumulto, la gente, el calor, la expectativa. Es raro verlo todo desde un monitor. Hacemos comentarios sobre lo que vemos. Parece una noche tranquila. Pienso que es lo que pasa en ese tipo de presentaciones, la gente va más por tradición que por otra cosa. Me explican el itinerario que han tenido las últimas semanas y las fechas que les siguen. De Pachuca Inspector sale hacia Veracruz, de ahí a Guanajuato y de Guanajuato a Durango para terminar la semana. Horas carretera que, según cuenta Homero, ya no son tan divertidas como antes.

“Cuando tienes rato de no salir de gira caes en la trampa los primeros días, como que te gana la emoción y quieres echar desmadre, pero ese es el peor error porque después siguen varios días más de viaje y carretera”.

Viendo la pantalla comentamos que los Gran Silencio están medio parados en el escenario.

“Sí, se ven como arrancando lento. Pero no mames vienen de un viaje muy largo que se aventaron, está cabrón.”, me dice Javi.

Efectivamente hace unos días los del Gran Silencio tuvieron una fecha en Coscomatepec, Veracruz y de ahí tuvieron que viajar a Sinaloa para llegar a otra presentación con apenas un día de diferencia. El viaje duró más de 24 horas. De Sonora viajaron directamente a Pachuca. Pienso en lo terrible que debe ser hacer un viaje de ese tamaño. Mucho peor si se hace estando crudo y desvelado.

Noto que en el camerino todo está bastante en orden. Whisky, cerveza y Red Bull. Todos se sirven animosos. Cuando se baja El Gran Silencio pasan a saludar al camerino. Abrazos, cervezas y small talk de camaradas. Quien más rato se queda es Campa (acordeón), cuenta que está viendo La Casa de Las Flores en Netflix durante los viajes y comparte un par de whiskys con sus amigos. Él y Javi quedan de buscarse para hacer una carne asada cuando coincidan en Monterrey.

Les pregunto a varios si sienten nervios antes de salir y todos lo niegan. Homero me comenta que quizá haya algo de ansiedad por estar ya tocando, pero nervios no. Pienso en todas las noches de gira en las que han tenido que salir a hacer lo mismo. Sin duda es algo que tienen dominado y varios mencionan que tiene mucho que ver también con el concierto y la fecha que sea. Un martes en la Feria de Pachuca no debe significar demasiado reto para ellos. Quizá una noche más.

Durante todo el concierto hubo un niño ataviado como auténtico rude boy que cantó todas las canciones. Subido en los hombros de alguien más, fue quien mejor se la pasó en toda la noche. Al final lo subieron al escenario acompañado de otros niños para cantar junto a la banda. Un encore de cinco canciones prolongó más de lo esperado la presentación. En el momento culminante la conexión entre el público y la banda es notable. Pienso que es un gran cierre para haber sido un martes normal en la Feria de Pachuca, pero me frena pensar que quizá es solo percepción mía y que en realidad eso pasa en todos los conciertos de todas las ciudades que visitan.

De vuelta al camerino todos celebran y se sirven alegres. En la mesa del catering hay unos pastes recién servidos y todos reaccionan emocionados. Es curioso que les gusten los pastes. Aprovecho para intercambiar palabras con el mismísimo Padrino, Chuy Arriaga (sax). Lo cuestiono sobre si fue una noche normal o en verdad tuvo algo de especial.

“Me sorprendió porque habíamos visto al público muy tranquilo, pero la verdad es que al final respondieron muy bien”. Concluye que fue una buena noche y que siempre el público es el que determina cómo serán los shows. Big Javi comenta algo similar y afirma que en realidad todo lo hacen por esa sensación de estar conectado con su público de una manera especial.

La noche no terminó ahí para todos, pero sí para la mayoría. Regreso mentalmente a lo que dice Homero, pues es verdad que aunque fue una buena noche para la banda, todos pensaban más en que al otro día salían de nuevo temprano a carretera que en prolongar los festejos. Supongo que para él la correa y la silla de mi oficina serían vivir eternamente en una cruda de carretera de la que nunca terminarías por recuperarte. En algún momento hay que salir del letargo para explorar otras experiencias. Me da gusto que él esté tratando de explotarlas buscando en el periodismo lo que quizá yo busco de otra manera en la música.

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