El milagro del arte se da espontáneamente cuando la canción suena y nos transporta; hace falta muy poco más, porque el momento es pleno y satisfactorio. ¿Mera experiencia sensible? ¿acceso dimensional? ¿masaje para el alma? ¿La suma de todas las anteriores? Así de completa es la escucha de una canción que uno considera magnífica; ya sea porque nos brinda placer puro o también porque nos regodeamos en el sufridero con ella.

Sin duda alguna, Feel Good es uno de los mejores temas del año y se alinea a esa parte hedonista y de gozo. Es música electrónica que hace intuir que surge de una banda completa –de un live act– y que pone en marcha un caleidoscopio de sensaciones de alto poder. Dan ganas de despegar en una fiesta interminable a través de un cabaret de galaxias.

Hace unas semanas, el guitarrista Alejandro Marchovich lanzaba una pregunta en redes sociales para saber si es que las líneas de bajo se recuerdan y se tararean igual que las que surgen de las liras; seguro que lo acompañaba la ironía y los dados cargados, las guitarras se llevan absolutamente las palmas por la naturaleza misma del instrumento. Pero, ¿qué hay con Feel Good ya que su arranque es contundente y conducido por lo que parece una línea de bajo, pero en un rango un poco más agudo. ¿En realidad se trata de un bajo procesado o una guitarra filtrada y hecha sonar más grave?

Pasan los días y Kingdoms In Colour (Counter Records) es uno de los álbumes que más repito en lo que va del 2018. Es “el disco” que en los últimos años ha anhelado hacer Thievery Corporation y no lo han logrado. Desde el inicio, con Beginners Luck nos sumergimos en un viaje de fina electrónica con marcados acentos étnicos -¡toda una delicia!-. Pero, aun con más tiempo de por medio, no conseguía resolver la duda sobre el comienzo de “Feel Good”; si se trataba de un bajo, ahí tendría Marcovich un buen ejemplo memorable.

Compartí mi duda con Skoz Acosta, experto en el tema, y al poco tiempo me remitió una sesión en vivo para la estación BBC 6, en la que Chris Davids y Liam Ivory se hacen acompañar de un baterista y todo su arsenal de programaciones. Lo que hay en Feel Good es una guitarra procesada que casi roza los rangos de un bajo (rumbo a la parte media del tema se incorpora un bajo físico).  Obtuve la respuesta deseada y reconfirmé mi creencia en el segundo álbum de un dueto conformado en Hertfordshire.

Tras debutar en 2011 para FatCat Records con el Ep Habitat, siguieron por esa ruta de discos cortitos y sumaron 5 más antes de pasar a su primer larga duración:  Portraits (2015).  Ahora militan en una filial más pequeña del influyente sello Ninja Tune y para su segunda incursión partieron de sus enormes deseos de viajar y su gusto tanto por la música del resto del mundo, como por los instrumentos de cuerda (que se despliegan elegantes y discretos en la decena de cortes).

Liam y Chris se dieron vuelo –más bien varios y muy largos- y pasaron por Lisboa, Sydney, Nueva Delhi y Marruecos, para luego profundizar en China –un territorio que les apasiona de verdad-. Así fue como se encontraron en Beijing conociendo, tocando y grabando con el guzheng, un instrumento tradicional de cuerda que les prestaron en una tienda de música. El resultado luce pletórico en Nervous Tics, en la que cuentan con la intervención de Holly Walker y que le aporta el punch de una letra llegadora: “You control your heartbeat, but you can’t shut down” (y que además tiene un gran remix de parte de Maceo Plex).

Pero con todo lo bueno e interesante de Kingdoms In Colours, todavía no he mencionado que el resto de las colaboraciones son fundamentales. Vayamos por partes.

Por si acaso Feel Good no fuera fascinante por sí misma, en ella está uno de los grupos más calientes del momento; los texanos de Khruangbin aportan desde Houston su maraña psicodélica y la sangre asiática que corre por las venas de 2 de los miembros de trío. Han cocinado una delicia de esencia globalizada que ha asimilado muy bien los prodigios creados por The XX (amos totales del bajeo) y Bonobo (todo un master para incrustar sonidos étnicos en la electrónica).

Otro acierto absoluto se llama “Turnmills” –el sencillo de adelanto- en la que nuevamente convocan a la londinense Holly Walker; juntos se sumaron a la campaña #SaveNightlife de The Night Time Industries Association, enfocada a hacer contrapeso al cierre de lugares que está ocurriendo en la capital británica, especialmente de electrónica (¡Cómo se extrañará al Fabric!). El Turnmills fue clausurado en 2008 y se le rindió un homenaje a través de una sesión en Corsica Studios, que más que otra cosa sirvió para reflexionar bailando. La sedosa y sensual voz de Herdon también está presente en Slow Heat.

Para confeccionar Vale optaron por samplear a la cantante de jazz procedente de Bélgica Mélanie de Biasio y con ello no sólo saltar de frontera geográfica sino también estilística (ella misma es una heterodoxa). Esta electro-odisea, con ese toque multi-cultural, cierra con “Kāma”, que baja la velocidad y tiene un aire un poco más abstracto que nos recuerda que todavía nos queda mucho por recorrer, aprehender y disfrutar de “la gran canica azul”.

 

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