Del 2 al 4 de noviembre pasados y con la consigna “Migrar, Resistir, Construir y Transformar”, se llevó a cabo el VIII Foro Social Mundial de las Migraciones 2018 (FSMM), en la Ciudad de México.

El evento congregó durante tres arduas jornadas de trabajo a colectivos y agrupaciones de migrantes, académicos, activistas, organizaciones de sociedad civil, representación eclesiástica, personas defensoras de derechos humanos y movimientos de resistencia del mundo procedentes de más de 70 países, con la finalidad de realizar diversas actividades como mesas de trabajo, asambleas, coordinar acciones globales, diálogos y encuentros alrededor de diferentes ejes temáticos que engloban la complejidad de las migraciones actuales.

El FSMM surge desde el Foro Social Mundial como un proceso colectivo que tiene como principios de organización la horizontalidad y autonomía, con el objetivo de visibilizar, fortalecer y articular distintos grupos y luchas anti-sistémicas a través de las diversas experiencias que derivan de las migraciones en el mundo. De esta forma, se hizo un espacio de encuentro y construcción de un proceso social en favor de la defensa de los derechos de los migrantes y sus familias, para construir una nueva visión de las migraciones y detonar otras formas de hacer política, mediante una perspectiva que va en contra de las políticas dominantes, que permita acoger, proteger, promover e integrar a las personas migrantes y refugiadas, a través de la construcción de sociedades hospitalarias y la valoración de las diferencias.

El Foro representó una oportunidad de articular la sociedad civil y explorar  respuestas alternativas, como lo advirtió en  la inauguración Jan Jarab, quien es representante en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH). Pues, a su parecer, “La política migratoria de Estado está enfocada en el control de migración sin tomar suficientemente en consideración los derechos humanos de los migrantes y refugiados”, y por tanto se hizo un llamado a acabar con políticas cada vez más restrictivas y deshumanizantes y a respetar los derechos económicos, sociales y culturales de los migrantes.

El Foro se lleva a cabo en un contexto muy especial, debido a que desde que el pasado 13 de octubre miles de centroamericanos, principalmente hondureños, salieron en caravana con rumbo a la frontera estadounidense. Frente a ello la reacción del presidente de Estados Unidos Donald Trump es el envío de 5 mil soldados a la frontera para impedir la entrada de los grupos de migrantes a su país. Sin embargo, algo que se mencionó constantemente en el foro, fue que se debería cambiar la palabra caravana por éxodo, pues el grupo es disperso. Ya que de las personas que transitan por México de forma compleja, miles de ellos sufren detención y deportación por parte de las autoridades y victimización por parte del crimen organizado.

Según cifras de UNICEF, aproximadamente 9 mil 300 personas cruzaron de Guatemala a México entre el 19 y el 22 de octubre del presente año. De ellos, unos son 2 mil niños  viajan dentro con contingente de la caravana, por lo que han estado expuestos a temperaturas muy altas y acceso limitado a refugios.

Dentro de la clausura del FSMM también se denunció enérgicamente las tentativas de bloqueo, fragmentación y contención de las que ha sido objeto la caravana migrante que entró en México el 19 de octubre. Sin embargo, la respuesta solidaria viene de la sociedad civil mexicana, que se ha ocupado de alimentación, salud y condiciones dignas de alojamiento. Empero, en el FSMM se mencionó que esta responsabilidad no puede recaer solo en la sociedad civil, sino que el estado tiene que cumplir con sus obligaciones de apoyo.  Además hubo un rechazo a cualquier tentativa de criminalizar a la migración forzada y convertir a las víctimas en victimarios.

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