Desde la primera entrega de Saw (Juego macabro, 2004), he seguido con entusiasmo la carrera del director James Wan. Más de uno de sus proyectos han logrado consagrarse como cine de culto y entrar, de lleno, en los anales del género de horror. Sin embargo, creo que esto último no hubiera sido posible sin el trabajo del brillante guionista Leigh Whannell

Sin duda, la dupla Wan/Whannell ha sabido explotar los elementos comunes del cine de terror y dotar de fuerza a las apariciones demoniacas, así como a la tradición fantasmagórica de la ghost story victoriana. Un ejemplo de ello es Insidious (La noche del demonio, 2010), que recientemente tuvo una tercera entrega y para la cual ya se anuncia una cuarta. A pesar del declive común que padecen las secuelas, Insidious se mantiene como una buena saga.

Contrario a esta trilogía, las dos películas de El conjuro me parecen, más bien, la faceta mediocre (y meramente mercadotécnica) de James Wan. No lo digo, únicamente, debido a la ausencia de su guionista de cabecera (ya los dos tuvieron oportunidad de entregar un filme tan malo como Dead Silence), sino porque Wan prescinde de toda argucia dramática para centrarse, exclusivamente, en las técnicas más usuales del cine de terror comercial. De esa manera, El conjuro 2 se presenta como una película seca, con un sello tan predecible y estereotipado que poco se diferencia de otros proyectos igual de fallidos como el spin-off de Annabelle (me parece, incluso, que a raíz de El conjuro 2 planean, ahora, un spin-off de The Nun, basado en el demonio que acosa a los Warren). A pesar de que la historia de la familia Hodgson puede resultar envolvente (sobre todo por las atinadas actuaciones del elenco infantil), la necesidad de encajar a los esposos Warren en la historia (y su fútil y mediocre persecutor demoniaco) desvían una trama que, de por sí, se siente bastante larga y predecible.

No niego que me gustó la referencia a los sucesos que tuvieron lugar en Amityville en 1974. El hecho de la película de Wan inicie con una recreación de la intervención de los Warren con la familia Lutz, me pareció una buena técnica para remontarnos a al filme clásico dirigido por Stuart Rosenberg en 1979. Aun así, la pretensión de hacer encajar la supuesta “presencia” que acosará a Ed y Lorraine Warren durante el resto del filme, me pareció completamente fuera de foco. De hecho, lo anterior es la causa de que la historia que se desarrolla en Enfield (que pudo funcionar perfectamente por sí sola) se sienta fragmentada y, peor, sujeta a la necesidad de contar con un héroe masculino. En este aspecto, el director parece esforzarse demasiado para que sintamos empatía por Ed Warren (Patrick Wilson), de modo que el personaje resulta absolutamente pedante (sabe pintar, cantar y, además, no solo posee amplios conocimientos acerca de fenómenos sobrenaturales sino, también, sobre fontanería). Ni su cover de “Fools Rush In” logra salvar la petulancia de su estereotipo. Es más, el personaje resulta tan caballeroso que ni siquiera la tal Peggy Hodgson o alguna de sus hijas llegan a enamorarse de él, algo que hubiera servido para darle mayor tensión y veracidad a la trama. Después de todo, tener a un grupo de personas encerradas en una casa donde habita un espíritu demoniaco es, en mi opinión, escenario apto para desarrollar cierta tensión sexual.

A pesar de lo anterior, debo elogiar la maravillosa dirección artística de El conjuro 2. Como he manifestado, James Wan ya tiene una firma reconocible y creo que la atmósfera de sus películas es parte sustancial de la misma. Tanto la época en la que se desarrollan los sucesos, como la lúgubre locación, presentan buenas herramientas que el director supo explotar. La casa, en sí, presenta un escenario inquietante. James Wan, cuidadoso de los detalles, procura que todo el decorado resulte armónico dentro del cuadro general.

En este aspecto, creo que la película contaba buenos elementos para entregarnos un filme de terror contundente. Sin embargo, reitero, hubo un importante fallo en el guion que se aprecia en la intervención de los esposos Warren. Pienso que hubiera resultado mucho más eficaz tenerlos como personajes secundarios y, al igual que en películas como Poltergeist o la primera parte de Insidious, usar a los investigadores de fenómenos paranormales como elementos de tensión para la trama principal. En lugar de esto, Wan convirtió los fenómenos de Enfield en un pretexto para resaltar a estos dos personajes, enredándolos en un misterio que termina por aletargarse hasta el cansancio. Las resoluciones del mismo resultan, de igual manera, bastante forzadas, y es posible identificar más de un plumazo en el libreto con el fin de “sorprender” a la audiencia.

En resumen, El conjuro 2 es un filme que puede gustar a quien se asusta fácil e incluso entretener a un público más exigente. Los seguidores de Wan encontrarán una película concisa con su obra y los que no, podrán usarla de puente para explorar sus demás filmes. Aún así, creo que la película se pierde en ese tropel de cintas mediocres que uno olvida después tan pronto sale de la sala.

6 notas en negro.

 

Comentarios

Comentarios