Hace algunos años, en Tasmania, un chofer de autobús esperaba en una calle a sus pasajeros, quienes previamente habían reservado su lugar para asistir a la ejecución de la obra Eclipse, de Anthony Johnson, la cual formó parte de un conjunto de trece proyectos de arte público presentados bajo el nombre Iteration: again.

El autobús partió a las 2:42 p.m del 24 de septiembre de 2011 con pasajeros a bordo. Avanzó hacia la esquina y dio vuelta a la izquierda, más adelante giró hacia la izquierda de nuevo y así hasta dar la vuelta a la manzana. Al llegar al punto de inicio, el conductor detuvo la unidad y agradeció a los pasajeros por su asistencia. El recorrido duró 5 minutos. Los asistentes decepcionados descendieron y regresaron a casa. Claire Doherty (2015) equipara esta pieza con 4’33” de John Cage, en donde los músicos guardan silencio durante cuatro minutos y treinta y tres segundos.

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Eclipse, Anthony Johnson, 2011. Imagen tomada de aquí.

Las rutas alimentadoras del Tuzobús también pasan en silencio por las calles de Pachuca, con menos pasajeros que la obra de Johnson. Es por eso que hoy se manifiestan los ciudadanos que están siendo forzados a utilizar este proyecto fallido.

Para mí es inevitable comparar la fotografía de los pasajeros de Eclipse y la fotografía del primer viaje del Tuzobús, hace unos meses, en donde el gobernador y otros funcionarios aparecen a bordo. Pareciera que ellos viven en el terreno de la ficción y la fantasía. La esposa del Gobernador Olvera mira hacia el infinito, pensativa, como si le ilusionase llegar a la Plaza del Reloj.

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El gobernador de Hidalgo, Francisco Olvera y su familia en el Tuzobús. Imagen tomada de aquí.

En días recientes, se llevó a cabo la controversial inauguración del Centro Cultural El Reloj, como resultado de una remodelación completa a la plaza central de Pachuca. Para su reelaboración se eliminaron las jardineras y los árboles. En su lugar se construyeron sobrios bloques ornamentales con plantas y discretas bancas que permiten observar y disfrutar del Reloj monumental.

Bajo la superficie de la plaza se habilitó un espacio cultural que incluye una galería, una biblioteca, una ludoteca y una cafetería, las cuales rodean un espacio central multifuncional.

Un par de días después de la inauguración fui a conocer la plaza y específicamente la nueva galería. Llegué a pie. Un espacio árido se abrió ante mí y pude percibir una multitud de personas sentadas en bancas alrededor del Reloj.

Caminé hacia unas puertas de cristal, posteriormente bajé una escalera y lo que vi fue decepcionante. La galería no tiene muros útiles para colgar obras y en su lugar usaron vulgares mamparas de madera. El estrecho espacio de exposición fue dividido en dos partes y, por lo tanto, en dos exposiciones.

Atravesando un muro de vidrio, en un espacio reducido, se exponen varias fotografías y un espantoso periódico mural que describe la costosa remodelación de la plaza. La “galería” incluye un segundo nivel que se limita a ser un pasillo con balcón. El muro de este pequeño lugar permitió que únicamente pudieran ser colocadas cinco fotografías de Alicia Ahumada y su semblanza curricular.

En las fotografías de Ahumada se documentan rituales de purificación hechos por chamanes. Al ver el muro del lado izquierdo, el siguiente movimiento lógico es voltear hacia la derecha y recargarse en el balcón que permite ver la grotesca muestra de fotografías documentales del Reloj y, a través de los cristales, el espacio central lleno de gente.

Lo único que me agradó fue que los adultos mayores, quienes desde hace años se reúnen todos los viernes, regresaron para seguir bailando y recuperar el espacio público que les pertenece. Esta vez abajo, en la nueva plaza subterránea. Sentados sobre sillas de colores, aún cubiertas con plástico, aguardaban a que iniciara la presentación de Felipe Urban y su danzonera.

Salí para tomar el transporte público hacia mi casa. Me pareció extraño ver pocas personas en la parada. Esperé unos 15 minutos y pregunté al despachador por las rutas que me llevan a casa y me contestó que ya no pasaban más desde el 1 de abril. Caminé hacia la esquina y tomé un taxi.

Arriba del auto reflexioné acerca de la vil estrategia del gobierno. Recordé las notas del periódico, en donde se reportó que los policías detuvieron a los manifestantes que cerraron el paso a las rutas alimentadoras del Tuzobús.

Nadie utiliza el nuevo transporte del gobernador. No sirve, no era necesario. A cambio tenemos tráfico, manifestaciones y represión. Para obligarnos a subir al costoso sistema de transporte colectivo, el gobierno eliminó las rutas que no son administradas por el gobierno. La ciudad está hecha un caos. Los costosos ornamentos, como el Tuzobús y la Plaza del Reloj que simulan que Pachuca ha tomado buen camino hacia el progreso de la modernidad, son el síntoma de nuestra sociedad enferma, son la brecha que separa al gobierno de sus gobernados.

Los viajeros de la obra de Johnson terminaron decepcionados, los funcionarios responsables del Tuzobús también la están pasando mal. Yo fui a ver arte a una galería nueva y terminé frustrado. Vivimos en la era del arte del fracaso.

Referencias

Doherty, C. (2015). Out of time, out of place. Public art (now). Nueva York: Art/books.
Imagen de portada tomada de aquí.

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