The Cure es un caso especial en la historia de la música. Descubiertos por Chris Parry allá por 1978, un promotor de Polydor Records quien renunció a un trabajo estable para formar una disquera con el único fin de lanzar a un trío de chicos que no pasaban de los 20 años, ha sido una banda que tuvo que reinventarse varias veces en poco tiempo.

Un año después de grabar su primer álbum, poco quedaba de ese estilo crudo cercano al punk. Lo que siguió fue sumergirse en lo gótico, lo dark, y esto resultó en una de las trilogías más importantes en la historia del género. Dados los acontecimientos, especialmente la salida de Simon Gallup, uno de sus integrantes más notables, Robert Smith decidió darle un giro al sonido de The Cure y acercarlo más al pop. El primer experimento, “The Top”, no fue precisamente sobresaliente, pero fue el inicio de algo que sería esencial para definir el sonido de los ochenta: el pop de The Cure. No hay forma de definir la música de los ochenta sin pasar por los sonidos de joyas pop como “Let’s Go To Bed”, “Close To Me”, “In Between Days, “Why Can’t I Be You?”, “Hot, Hot Hot!!!” o la extraordinaria “Just Like Heaven”.

Para finales de los ochenta The Cure disfrutaba de las mieles del éxito, Simon Gallup estaba de regreso y Robert Smith se acababa de casar con su amor de secundaria, todo parecía estar en su lugar. Pero, la realidad era muy distinta, cuando todo iba perfecto vuelve la depresión y la agonía de Robert Smith a reinterpretar todo en su vida una vez más.

Recuerdo en dónde compré “Disintegration”, la tienda se llamaba “Super Sound” y se encontraba en el corazón de Polanco. Por esa época, junto con un grupo de amigos, gustaba de hacer excursiones a la ahora CDMX para conseguir música. Salíamos de Pachuca y nuestra primera parada era el tianguis del Chopo, íbamos por rarezas, conciertos grabados de consolas y uno que otro intercambio. De ahí a “Super Sound”, en especial por los cassettes que grababa la tienda donde,  muy inteligentemente, recopilaban las novedades y las recomendaciones, esos cassettes eran como la playlist de novedades de Spotify de hoy. A “Super Sound” ya sabía a lo que iba (el presupuesto era corto, aunque para comprar música en realidad siempre era corto) y uno de esos días el elegido era el tan ansiado “Disintegration”, yo apenas pasaba de los quince años.

“Disintegration” gira en torno a hacerse viejo. Robert Smith estaba por cumplir 30 años cuando empezó a grabar el álbum y casi todas las letras reflejan su sentir al respecto. Mucha gente ligó el nombre con la separación de la banda pero la realidad es que “Disintegration” siempre trató sobre el paso del tiempo, sobre la angustia de hacerse mayor, sobre el remordimiento de los errores del pasado.

“Disintegration” es a fin de cuentas un álbum conceptual que nos refleja que el tiempo no pasa en balde, que sentimos angustia hacia eso, hacia lo que hicimos, hacia lo que hemos hecho e incluso hacia lo que nunca haremos. En el álbum, tanto la letra como la música, tienen una estructura argumental. Es un álbum que es musicalmente exquisito, las melodías crean atmósferas de una forma maravillosa, a lo largo del álbum se manejan de forma soberbia los delays, las reverberaciones y los ecos. Incluso la voz de Robert Smith hace uso de esos efectos para potenciar el sentimiento de las canciones. Una auténtica obra maestra.

Pero así como el álbum tiene como  protagonista el paso del tiempo, también tiene su elemento antagónico: la lluvia. La lluvia es el elemento que da esperanza, que da ilusión, es el elemento purificador para poder soportar el futuro. El tiempo y el agua: qué belleza.

Desde la casi instrumental “Plainsong” que está escrita como si fuese otra persona en donde suelta un “Creo que estoy viejo y siento dolor”, pasando por la hermosa “Pictures Of You” que nos plantea cómo nos gusta aferrarnos al pasado, al recuerdo de las personas. “Lovesong”, una de las canciones más románticas que ha escrito Robert Smith, la cual fue un regalo para su esposa o “Last Dance” que nos desarrolla el reencuentro con un antiguo amor al que has querido mucho y no sientes nada (“e incluso si bebiéramos, no creo que nos besáramos de la forma en que nos besamos cuando la mujer era sólo una niña”). Las tan conocidas “Lullaby” o “Fascination Street”, “Prayers For Rain” que es la canción en donde se habla del futuro, de la esperanza por recuperar la ilusión. Hasta “Disintegration” con su agresividad, en donde Robert Smith narra su sufrimiento hacia ser infiel o “Untitled” que en su letra nos habla del arrepentimiento, de nuestros errores, de cómo le vamos haciendo daño a la gente que amamos (“nunca perderé este dolor, nunca soñaré contigo otra vez”), todas son canciones que se me han quedado en la memoria todos estos años.

“Disintegration” es ya uno de los mejores álbumes que se han creado en la historia y aún así hay polémica sobre si es o no el mejor álbum de The Cure. Pocas bandas se pueden dar ese lujo.

Robert Smith declaraba cuando acababa de cumplir 30 años: “No tengo la intención de seguir con esta carga a los 60 años. Nunca pensé que estaría haciendo esto a los 30. Ese era mi límite. Así que he roto una promesa”.

Hoy Robert Smith acaba de cumplir 60 años y da muchos conciertos alrededor del mundo. Qué suerte tenemos. Yo ya lo espero.

 

 

 

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