Por: Enrique Garnica* 

 

En el Año de 1980 inicio mi carrera como artista plástico, en ese momento no existía ninguna institución oficial que administrara la cultura, tampoco había espacios para exhibir obra plástica, por lo tanto, mi primera exposición fue en el antiguo Pasaje Río de las Avenidas ahora Viaducto Río de la Avenidas; o sea a ras de calle. Así se estilaban las cosas en ese entonces, sobre todo para los artistas emergentes.

Para 1981 en el gobierno de Guillermo Rosell de la Lama se creó la Secretaría de Turismo Cultura y Recreación. Dos años después, mi siguiente exposición, que fue en 1983 en el Foro Cultural Efrén Rebolledo, disfrutó de un espacio formal para la exhibición de la obra.

De pronto para el año de 1988, en el Estado de Hidalgo teníamos: una Banda Sinfónica, un Museo Regional, la Biblioteca Central, el Instituto Hidalguense de Bellas Artes, el Centro Cultural de Hidalgo, el Foro Cultural Efrén Rebolledo, el Teatro Hidalgo Bartolomé de Medina, el Polifórum Cultural José María Morelos y Pavón, el Museo Regional de Hidalgo, el Museo de Culturas Indígenas, el mariachi Los Gavilanes, el Cuarteto Huasteco, etc, etc, etc… Todo parecía bonito, por lo tanto, el gobernador Adolfo Lugo Verduzco, viendo todos estos organismos culturales decidió crear al Instituto Hidalguense de Cultura, órgano desconcentrado de la Secretaría de Desarrollo Social, el cual se encargaría de coordinar todas las gestiones y actividades que en materia cultural se desarrollaban desde esas instituciones y así administrar la cultura en el Estado.

En 1994, durante la gubernatura de Jesús Murillo Karam, movidos por la moda impuesta con el nacimiento del CONACULTA, se decretó la creación del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes (Cecultah), y administrativamente pasó de la Secretaría de Desarrollo Social a la de Educación Pública.

Para 1999, ya con el gobernador Manuel Ángel Núñez Soto, el Cecultah fue establecido como un organismo público descentralizado del gobierno estatal, con personalidad jurídica y patrimonios propios, aunque en realidad esos eran meros tecnicismos para administrar la escasez.

A partir del año 2011, durante el gobierno de Francisco Olvera Ruiz, la Secretaría de Turismo sumó a sus responsabilidades al Consejo; aunque esto no tuvo ningún avance institucional ya que administrativamente, tal como sucede ahora, seguía perteneciendo a la Secretaría de Educación Pública, es decir, salió del barrio pero el barrio nunca salió de él.

El año pasado, el actual gobernador, Omar Fayad  Meneses, decidió que mejor se convirtiera en Secretaría de Cultura, sin embargo, como algunos sabemos, administrativamente, es decir para la gestión de recursos y operativamente, no se ha extinguido la figura del Cecultah.

A la distancia he visto como sexenio tras sexenio se hacen foros de cultura para diseñar el rumbo de la política cultural del gobernante en  turno, pero hay que ser ingenuo para creer que a nuestros gobernantes les importa saber nuestra opinión, porque pareciera que nada tenemos que aportar, que la experiencia de tantos años no cuenta y tampoco las necesidades, demandas y aspiraciones de la gente de aquí.

Al poder político le preocupa tanto la cultura, que se dedica a asfixiarla, sea con fiero dirigismo o con míseros presupuestos, jamás dándole alas para que  vuele suelta. Para ellos, la cultura despierta miedo y odio. Poder y cultura se repelen. Esa gente cultivada que decide pensar libre, esos creadores con tendencia a la independencia mental son siempre un peligro.

Al final, como lo estamos viendo, reunirán a “un grupo de expertos” que poco o nada conocen de  promoción y gestión, de los actores, de las problemáticas; en suma, del desarrollo al interior de la cultura hidalguense, pero que cumplen con el encargo solicitado y finalmente crean su propia “visión” de lo que instituyen es política cultural, la cual siempre queda obtusa. Y en ese traqueteo sexenal poco a poco se ha creado un adefesio que no nos representa.

El ejemplo es este encuentro “Diálogos por la cultura” en el que originalmente no nos “convocaron”, y donde no se nos dio voz a los creadores, entre otros actores  de la cultura. Para ellos, los organizadores, ésto sólo fue una “omisión” sin importancia que es fácil de resolver con una fecha más.  Todo esto me hace pensar en que hay un empeño por negar al otro, a los otros, a lo nuestro. Al final este ejercicio termina pareciendo más bien un monólogo donde la gente de Hidalgo desde la barrera  “escucha y aprende”.

Recordemos los intentos que en el pasado se hicieron para crear una  “ley de cultura” y nos daremos cuenta que los “legisladores culturosos” sólo se limitaron a hacer un copy-paste de leyes culturales de otros estados y de otros países sin consultar a los actores culturales, dando como resultado que no pasara dicha iniciativa.

Como dice la abogada, especialista en temas culturales, Norka López Zamarripa:

Hablar de derechos culturales habría implicado meterse a temas como: Temática de derechos culturales; Administración cultural; Estrategias de activación, interpretación y valoración de la cultura; Financiación y fiscalización de la cultura; Visión económica, sociológica y psicológica del comportamiento del consumidor de los símbolos que expresan la cultura; Comunicación cultural; Patrimonio cultural; Arte y derecho; Protección del derecho de autor y nuevas tecnologías; Propiedad intelectual; Derechos culturales e Industrias culturales etcétera”.

También coincido con la visión de Daniel Fragoso que en su columna del Portal en internet Planisferio, publicada el pasado viernes 19 de enero dice:

“…para que un proyecto de esta naturaleza prospere es necesario hacer una convocatoria pública donde los involucrados en la creación, promoción, difusión, resguardo, conservación del patrimonio cultural, así como de los bienes y servicios culturales, participen en el análisis de la Ley General de Cultura y Derechos Culturales, y desde ahí, se integren en un consejo redactor que tome esa ley como base para construir una ley acorde a la realidad de Hidalgo.

Una vez redactada dicha iniciativa de ley, sería necesario que un grupo de juristas revisen las propuestas y apliquen técnica legislativa para que el documento que se vote en la Cámara de Diputados esté blindado jurídicamente, porque de no ser así, los siguientes pasos, que consisten en la reglamentación de la ley y la construcción de las políticas públicas e implementación de los planes y programas, estarán endebles por no tener una raíz sólida”.

Por lo tanto creo que los “Diálogos por la cultura” deben ser solo el principio de muchas más consultas para lograr una iniciativa de ley en materia de legislación cultural que se ajuste a las necesidades del Estado de Hidalgo. Pero para ello, tendríamos que preguntarnos ¿Qué podrán hacer si ya tenemos por encima a la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos y la Ley General de Derechos Culturales?

En mis adentros sé que es casi imposible que se hagan más consultas, por lo cual me sigo preguntando: ¿De qué sirve una Ley de Cultura en estos momentos si aún no se cuenta ni siquiera con una Secretaría de Cultura apuntalada y sólida administrativamente?. Seguramente, en los próximos  meses veremos aprobada, fast track la Ley de Cultura, tal como sucedió con la  susodicha Secretaría de Cultura. La cual aumentará una extremidad más a este esperpento.

Algunos se preguntaran porqué tengo una visión tan pesimista o negativa, la respuesta es: “No nací ayer” o lo que es lo mismo no me gusta que me den  “atole con el dedo”.

 

 

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Texto leído el 29 de enero de 2018 en la Biblioteca Ricardo Garibay en Pachuca, Hidalgo, durante el panel “Creadores” de los Diálogos por la Cultura” organizados por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de Hidalgo.

 

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