Las invasiones alienígenas han sido uno de esos temas que prevalecen en el cine por nunca tornarse anacrónicos. Las primeras películas de esta índole, que aparecieron tras la Segunda Guerra Mundial y tuvieron su apogeo en la antesala de la Guerra Fría, mantenían una estrecha relación con la xenofobia, el temor a las invasiones bélicas así como al desarrollo tecnológico militar. No es extraño, por lo mismo, que cuando Orson Welles transmitió por radio la adaptación de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, la gente entrara en pánico por pensar que se trataba de una invasión verídica.

Películas como Invasion of the Body Snatchers (Don Siegel, 1956), The Day the Earth Stood Still (Robert Wise, 1951) o Them! (Gordon Douglas, 1954), son ejemplos de esa alegoría belicosa que, más tarde, encontraría expresiones satíricas como el caso de la genial Mars Attack de Tim Burton. De igual manera, los alienígenas del cine sufrieron una mutación importante en los 80’s, transformándose en criaturas que representan, más bien, los temores biológicos de la época. De ahí que los remakes de La cosa (John Carpenter, 1982) o La mancha voraz (Chuck Rusell, 1988), tuvieran un giro particular que resaltaba los temores del combate bacteriológico y la amenaza nuclear.

A diferencia de estos clásicos del cine, es difícil encontrar buenos ejemplos de invasiones alienígenas en la última década. Esto se debe, quizás, a que persiste una sujeción del tema extraterrestre a las fórmulas idealistas de la guerra. De ahí que películas como Invasión del Mundo: Batalla Los Ángeles (Jonathan Liebesman, 2011) o la saga de Transformers, resulten simples pretextos temáticos para exaltar los valores del Ejército Norteamericano. Más de un cinéfilo podrá coincidir que esta clase de cine se ahoga en la presuntuosa fórmula “America saves the day… again”.

Esta premisa, por supuesto, concierne a Día de la Independencia: Contraataque.

Como muchos pueden imaginar en qué consiste la trama de esta secuela, me atreveré a resumirla del siguiente modo: ¡Sí!, los alienígenas de ID4 regresaron después de 20 años. Pero regresaron, al parecer, mucho más estúpidos, ingenuos y digitalizados que antes y sin mayores avances tecnológicos que una mugrosa nave que mide una cuarta parte de nuestro planeta pero que no sirve para absolutamente nada.

Difícilmente, Roland Emmerich puede llegar a ser considerado un gran director (¿o acaso alguien se atrevería a defender bodrios como la versión de Godzilla de 1998, o el filme apocalíptico 2012?); pero creo que Día de la Independencia: Contraataque, llega al colmo de su mediocridad. Emmerich se limitó a insertar un cambalache de personajes insulsos, así como una promesa de batalla que nunca se completa porque los aliens son lo suficientemente imbéciles para dejarse engañar por los “geniales” militares norteamericanos. No dudo que gran parte de este fallido proyecto deba sus errores a los múltiples “escritores” que intervinieron en el guión. Si escribir a cuatro manos es difícil, hacerlo con diez tiene resultados nefastos. Al parecer, los guionistas no lograron ponerse de acuerdo en el rol de cada personaje y terminan embutiendo una multitud de American Heroes que solo expelen testosterona y escupen pésimos chistes. Incluso, la necesidad de rescatar a ciertos protagonistas de ID4 y resituarlos en esta flamante e ingeniosa trama, genera una saturación de individuos que solo entorpecen la historia (el ejemplo más claro es el caso del padre de David: ¿qué carajos hace conduciendo un autobús repleto de niños que, por una extraña razón, se muestran completamente indiferentes ante la posible muerte de sus padres?). Esto provoca, también, que cuando la trama intenta adquirir un tono “dramático” y matar (heroicamente, claro), a alguno de los protagonistas, se siente tan insípida que hasta provoca risa.

Al igual que el conjunto de guionistas, los distintos actores que conforman el elenco se perciben torpes y atolondrados. Jeff Goldblum vuelve hacer el papel de científico “cómico” que nos hace dudar si se trata del David Levinson de la primera parte o una mediocre adaptación del Dr. Malcom de Parque Jurásico (algo que se acentúa cuando vemos la persecución de la gigantesca Reina lovecraftiana a través del espejo lateral del camión de niños). Bill Pullman no tiene tiempo de desarrollar la supuesta demencia del expresidente Whitmore. Menos, justificarnos el hecho de que de pronto abandone su bastón y camine como si nada. El resto del reparto está conformado por los clásicos jóvenes héroes que intentan, solo intentan, generar una supuesta intriga amorosa que se percibe insustancial y forzada.

Tal vez algunos piensen que la película puede ser rescatable para el caso de quienes buscan un poco de acción bélica intergaláctica; pero lo cierto es que, como he manifestado, los alienígenas son mucho más idiotas que en ID4. Su tecnología se mantiene estática (al grado de que cualquiera de los héroes e incluso el expresidente Whitmore pueden subirse a una nave y pilotearla al estilo “lo que se aprende no se olvida”, como si se tratara de una bicicleta). Esto implica, claro está, que la trama busque suplir estas deficiencias tecnológicas con alguna escena “ostentosa” como la aparición de la gigantesca y doblemente idiota Reina de la Colmena (cualquier parecido con Aliens es mera coincidencia: recordemos que el equipo de guionistas es muy talentoso y original).

En resumen, Día de la Independencia: Contraataque, es la clase de películas que demeritan un género que ha dado grandes obras cinematográficas. Se trata de una historia que no solo se estanca en su propósito, sino que además se cuelga de los lugares comunes más mediocres como el hecho de ver, nuevamente, a unos EE.UU salvar al planeta con una supuesta astucia militar que solo recalca la imbecilidad de los extraterrestres. Si la legendaria Área 51 en verdad está compuesta por pelmazos así, solo queda desear que el Universo, en caso de estar habitado, cuente con alienígenas tan estúpidos como los de Independence Day.

 3 notas en negro.

 

 

 

 

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