Por @escupeletras

Un espíritu recorrió ayer la Ciudad de México. Fue el Global Spirit Tour de Depeche Mode que retumbó con el mejor synth pop del planeta en cada rincón del Foro Sol. Después de casi una década de ausencia, los ingleses regresaron a la capital del país demostrando que no han perdido un ápice de calidad.

Bien se sabe que los seguidores de DM son devotos, casi religiosos, especialmente en México. Se pudo ver entre la muchedumbre lo mismo a niños pequeños que a jóvenes y no tan jóvenes disfrazados de reyezuelos como en el videoclip de “Enjoy the silence”, grupos de fanáticos con mantas, banderas, playeras y otros motivos de la banda. Bien se sabe que un concierto de DM es un ritual, es como una misa que se vive con fervor.

A Rey Pila le tocaría la gran responsabilidad de abrir el concierto, con una presentación cumplidora que sirvió para aumentar la expectativa por el plato fuerte de la noche. Después de media hora, los mexicanos bajaron del escenario y las luces se apagaron. Tras unos minutos en la oscuridad irrumpió un riff conocido por todos: “Revolution” de The Beatles sonó a tope en el sonido local para terminar de calentar los motores, haciendo que la gente gritara. La oscuridad en el foro prevalecía. Sólo unos segundos separaron al último acorde de los de Liverpool de los ambientales sintetizadores de los de Essex. Depeche Mode por fin subía al escenario ante el griterío de los presentes que ya casi abarrotaban el recinto. Tal como estaba programado, justo a las 8:45 PM, con la puntualidad inglesa que los caracteriza, inició el concierto con “Going Backwards”, un corte del álbum en promoción Spirt.

El concierto subiría la intensidad con la segunda canción de la play list de la noche: “It’s No Good”, fue la primera coreada por todos, le siguieron “Barrel of a Gun” y “A Pain That I’m Used To”, que tuvo un arreglo distinto a la versión por todos conocida, en el que la guitarra de Martin Gore cobraría un papel fundamental, tendencia que continuó todo el concierto. Muchas canciones sonaron con nuevos arreglos, que ofrecían un sonido orgánico, más cercano a la formación tradicional de una banda de rock: guitarra-bajo-batería, sin descuidar, claro, sus características bases de ritmos, los sintetizadores y ambientes de la mano de Fletcher.

Siguieron “Useless”, “Precious”, “World in My Eyes” y “Cover Me, con un David Gahan en plenitud, bailando a lo Jagger por todo lo largo y ancho del escenario y haciendo gala de su característica voz, invulnerable al paso de los años.

Después del dinamismo al mando de Gahan, el concierto entró en una fase de relajación. Con una versión acústica de “Insight”, Gore se adueñó del micrófono y demostró que una vez más que no sólo es el cerebro de la banda, también puede ser un buen cantante. Uno de los momentos climáticos del concierto llegó con “Home”, inundando al foro con un mar de nostalgia y éxtasis. Gore recorrió la larga pasarela que sobresale del escenario hacia los lugares de las primeras filas y el público se le entregó mientras ejecutaba el suave riff, cuyas notas al final se fueron diluyendo, sustituidas por un coro monumental que estremeció cada espacio del inmueble en un ambiente de ceremonia. “Oh oh oooh ooooh oh oh oh ooooooh”.

Gahan retomó el mando del micrófono con “In Your Room”, que en las pantallas fue acompañado por un extraordinario visual que mostraba una pareja bailando intensamente al compás de la canción. Con la provocadora “Where’s the Revolution” el vocalista principal incitaba a la masa a levantarse con puño en alto, mientras un grupo de fanáticas aparecía en las pantallas agitando una bandera mexicana.

La intensidad volvió a tope con “Everything Counts” y “Stripped”, los momentos más bailables. Luego apareció una de las más esperadas: “Enjoy the Silence”, sin duda la más coreada de la noche, al grado que David descansó la voz a la mitad y dejó que la gente hiciera su parte. Fue esta vez el foro entero el que le cantaba a la banda ante la gran sonrisa de satisfacción de los integrantes. Gracias a unas micas adheribles de colores que se habían repartido previamente para pegarse en las lámparas de los teléfonos celulares de los asistentes, un mosaico gigante de luces verdes, blancas y rojas tapizó el foro entero al rimo del coro: “All I ever wanted / All I ever needed / Is here in my arms / Words are very unnecessary / They can only do harm”. Un delirio total que seguiría de filo con “Never Let Me Down Again”.

Las luces se apagaron y la banda salió del escenario. La gente sabía que regresarían y no insistieron demasiado. El encore duró poco y la banda estaba de vuelta para el tramo final del viaje. Con una versión acústica en piano de “Strange Love”, Gore retomó el control del micrófono principal, acompañado de nueva cuenta por el coro monumental del Foro Sol. Gahan volvió con una rockera versión de “Walking in My Shoes”, que también estuvo escoltada en pantallas por un clip especial que presentaba la historia de un chico gender fluid de larga y verde cabellera, que maquillado y ataviado con un traje sastre y unos zapatos de tacón alto se disponía a tocar en un bar. Ponte en mis zapatos.

Una renovada versión de “A Question of Time” aportó una dosis de post-punk que cambió la tradicional línea de teclado por una trepidante guitarra en las manos de Gore. La mesa estaba puesta para el gran final. El cerrojazo vendría con “Personal Jesus” y un Foro Sol en pleno frenesí, entregado en cuerpo y alma a los británicos. “Your own personal Jesus / Someone to hear your prayers / Someone who cares / Your own personal Jesus / Someone to hear your prayers / Someone who’s there… Reach out and touch faith”, rezó Gahan cual maestro de ceremonias. Todo estaba dicho. La gran misa se daba por concluida. Todos podían irse en paz.

Fotos: Arturo Ayala Depeche Mode México.

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