Me empeño en seguir una línea del tiempo que me permita permanecer en la Tierra por otros miles de millones de años, mendigando vida y tiempo para poder gastarlo en frivolidades. Me doy cuenta que con cada paso que doy hacia el futuro comienzo a pasarme de tiempo, como las frutas de varios días que al final sólo atraen a las moscas.

Cada día se va clonando, cada hora se multiplica, cada rasgo de originalidad desaparece y soy capaz de camuflarme con el entorno hasta el punto en el que sólo me notan cuando estorbo. Supongo que eso es normal, dada nuestra incapacidad de percibir algo más allá de nosotros mismos. Eso siempre me ha bastado. Es un ideal inalcanzable, aquel de concebirme como algo fuera de lo normal, como ese punto y aparte en la historia mejor contada.

Pero hora algo ha cambiado. Desde hace varios días he comenzado a darme cuenta de que empalidezco; empalidezco al punto de perder de vista mis propios miembros; me veo transparente, como una mancha borrosa que se mueve a prisa por todos lados. ¿Acaso desaparezco?

Como mi cordura me ha enseñado, no me pierdo; trato de tranquilizarme racionalizando mi situación, de acuerdo a los libros de autoayuda llenos de polvo que se encuentran colocados por colores en los estantes de ikea que hay en mi casa.

Ahora bien, eso de desaparecer, así nada más, sin un motivo, no sólo me parece una locura, sino que rompe por completo con las leyes de la Física y con mi capacidad controlada de concebir una realidad alterna a la superficialidad en la que vivo.

Esto no llega a ningún lado… no se puede no existir, no, porque mi cotidianidad me impide aún creer en ello. No se puede dudar de lo que existe y de lo que tantos artículos que medio leo medio me informan puntualmente a diario. La vida que nos hemos fabricado no da para pensar en eso, no es real y si no es real nos empeñaremos en mostrar su ineficacia en beneficio de algo o alguien.

Tal vez no me vuelvo invisible, tal vez es sólo el olvido que se crea con mis acciones diarias, mi pasar inadvertido, o que en mi incapacidad de racionalizar algo que no sea este mundo de cartón en el que nos escondemos a diario, he dejado pedazos de mí en cada día de mi pasado, en cada segundo de mi tiempo regalado en el eterno día a día en el trabajo, sin planear un futuro que pueda ser narrado en algo más que cuatro líneas.

No puedo crear una imagen de mí que no haya visto en algún aparador de Galerías, y, por ende, me transformo en la imagen del mundo, en la burbuja de esmog y en el eco del eco de las acciones que alguien más hizo; las que finalmente nos derrotan convirtiéndonos en el polvo de los días, en el sueño guardado de una realidad a medias, en la mancha borrosa que se mueve aprisa entre semana y que espera con ansias los días de asueto.

Pero aún no me extingo, mañana tengo trabajo.

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