Hace algunos días me topé con cierto revuelo generado en las Redes Sociales a raíz de un artículo firmado por el blog especializado en música, México Indie,  dónde se habla de un supuesto fallecimiento de la escena musical mexicana. Y sí, un poco porque el título del artículo consiguió remitirme a una época de la vida en la que fui adicto a publicaciones como el Alarma!!! y el ¡Óooorale!, y otro poco porque tenía algunas semanas pensando en el tema, abrí el link que me redirigió al texto que se dedica a criticar todo lo que acontece al rededor de la industria musical en México, es decir, todo lo que al verdadero fan musical no le interesa; pero además lo hace con un sobresaliente conocimiento de causa y con un spanglish bastante curioso, de ese que se caricaturiza cuando se cae en cuenta de que existen palabras en español que se pueden utilizar para describir lo que se tiene que describir, pero que se siguen utilizando en inglés, supongo que para que las personas a las que va dirigido sientan que en verdad se les está hablando a ellos. Me refiero a cosas sin importancia como el uso del término Circle Jerks en una oración. Cosas que uno no se sabe si quien las escribió lo hizo como para presumir a sus amiguitos del Harmon Hall que ya sabe aplicar los idioms que se aprendió en la semana, o nada más porque le da miedo poner «un grupo de mamadores» así tal cuál, en su texto; pero en fin.

El artículo llama la atención, por un lado, porque da con una de las problemáticas que más aqueja el escenario musical no sólo de México, sino a nivel mundial, (ahí está Coachella) que es el exceso de banalidad en el que caen los encargados de promover, difundir, producir, consumir y vender la música; así como la falta de creatividad que tienen al hacerlo, cuando la esencia de la música que consumen primordialmente los jóvenes, es más bien contestatario y contracultural. El texto habla sobre las fiestas de promoción, sobre las personas que cobran por exhibirse y pasearse en eventos, festivales o toquines, los que se pasean en El Plaza Condesa con atuendos súper producidos, en fin, se habla de algo que a todos nos molesta y que está ahí, pero que definitivamente no es todo lo que acontece en la «escena»; la crítica de México Indie se hace de tal modo que parece que se está leyendo una conversación entre Paty Chapoy y su hijo músico (el de Motel), o alguna otra charla que pudo tener Joan Rivers (Q.E.P.D.) con algún sobrino hipster, muy preocupado por «su escena».

Pero ese no es el problema, el problema es que a la hora en que al artículo le corresponde plantear un análisis profundo, un ejercicio reflexivo o tocar la llaga en temas de mayor trascendencia, simplemente se queda sin argumentos. Y no es que yo sea un defensor de la escena musical mexicana, de hecho tengo una relación amor/odio con ella, pero me parece que si pensamos que la escena se remite a lo que hagan o dejen de hacer las marcas y los medios, a centrarse en traer propuestas nuevas y «frescas» que a la postre carecen de alma, en culpar al público por no conocerlas, además; pues estamos completamente jodidos o le estamos terminando de dar el tiro de gracia a «la escena» que tanto amamos. El famoso artículo de México Indie efectivamente sirve para desenmascarar una de las enfermedades más graves que aquejan a la escena musical nacional porque está escrito desde la entraña de la enfermedad misma. «La escena» no se forma solamente haciendo eventos o juntándose con emprendedores que «le echan ganas». Me queda claro que cuando el amigo que escribió el artículo llegó al D.F. le deslumbró lo que ahora tanto critica de «la escena» y que 4 años después, aburrido, quisiera que alguien además de Sicario le revolucionara el parque de diversiones, pero vamos, no se puede tomar en serio a alguien que piensa que antes las cosas estaban mejor porque había “empresarios Indie” que valían la pena porque decían: (cito textual) «Sí, a huevo! Hagamos esto, y pasará esto otro. Estará chingón.” En cambio, piensa que ahora la escena «está muerta» porque pasaron de la brillantez anterior, a balbucear frases como: (vuelvo a citar textual) «Ah, sí, haremos esto, así y asá, ya sabes».

Algo que me pareció por demás interesante después de reír a carcajadas y asimilar que en nuestro país existen toda clase de medios; fue que casi simultánea a la aparición de este controversial artículo, la Revista Tierra Adentro publicó su número 203 dedicado a la realización de un mapa sonoro que propone, ésta sí de manera seria, darnos un pulso de cómo se encuentra el escenario musical actual del país, un número que por un lado garantiza la ausencia de las vacas sagradas del rock mexicano para mostrarnos propuestas nuevas, y que por el otro profundiza en temas que cualquier fan musical (que no empresario de «la escena») se ha planteado en alguna ocasión. Aquí los argumentos provienen de periodistas especializados y músicos inmersos en «la escena», pero de una forma distinta. La preocupación es autentica y mucho más allá de las pasarelas, de los empresarios que quieren cambiar el rock mexicano haciendo eventos y exhibiéndose en todos lados. Muchas de las preguntas que buscan respuesta en los textos ahí vertidos, surgen de preguntas tan simples de plantear y al mismo tiempo tan complejas de responder como: ¿En verdad existe una escena del rock mexicano actual?

Cuándo tuve la oportunidad de platicar sobre el proyecto con Juan Carlos Hidalgo, editor invitado en este número y responsable de reunir a los periodistas y músicos que participan en él, me llamó la atención la ambición del proyecto por el ejercicio que implica zambullirse en todos los rincones del país en busca de propuestas nuevas, pero sobre todo la auténtica convicción que noté, al estar plenamente convencido de que se encontrarían propuestas con la suficiente calidad en cada uno de los Estados. A pesar del optimismo y el resultado exitoso, la revista no excluye su lado crítico; en ella se encontrarán, por ejemplo, textos como el de Luis Arce, en el que plantea diez posibles problemas de la escena nacional del rock (mucho mejor desarrollados y fundamentados que el que plantea México Indie, pero sobre todo centrados en temas mucho más trascendentes y acordes al momento que vive la música actual) o el de Alejandro González Castillo, que a través de una charla con el Sr. González, Sal Toache y Hugo Coyote Milanés, busca responder a una de las interrogantes que más nos intrigan en nuestros tiempos ¿Existe mercado para las productoras independientes mexicanas en la era del streaming?

Quizá no es casualidad que justo a la mitad de la segunda década del siglo XXI, seamos varios los que nos cuestionemos qué momento vive la escena musical del país y que busquemos encontrarle un rumbo que aparentemente no está tan definido, a final de cuentas, tal vez sí sea algo que se debe tomar en serio. Esperemos que sea un ejercicio que ayude a replantear el rumbo si es necesario, o a voltear hacia los lugares correctos en caso de no estarlo haciendo.

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