Hoy, aquí en esta bondadosa red que es Internet, proveedora de muchas otras cosas más interesantes e inteligentes que leer, les contaré sobre chismes entre amigos que discutían sobre lo bueno y lo malo –dejando de lado el mal gusto- de llevar a J. Balvin el 15 de septiembre a Plaza Juárez de Pachuca para conmemorar la Independencia de México, acto que por mucho no podría ser peor que hacer un homenaje al animador y fiestero Grupo Latino en una feria del libro universitaria; y por otra parte, de los que también recientemente y por todos lados se arrancaron las vestiduras por la importancia o no, de Juan Gabriel en nuestra cultura. Además de contarles de este fin de semana que pasó, en el que asistí a una lectura de poesía en un bar, bailé un pop electrónico sabrosón en el tercer piso y luego guaracha en la planta baja de una pulquería en la avenida de Insurgentes de la CDMX, para al otro día visitar la exposición de Anish Kapoor  y disfrutar gratamente de Azul de Prusia, exposición de Yishaid Jusidman en el MUAC.

Uf, qué difícil.

¿De chile, dulce y manteca?

Sí…

Primero, J. Balvin, ¿qué sí me da risa imaginar la Plaza Juárez en un perreo masivo?, sí, me divierte; pero mi opinión no importa, y si viene Sabrina –la bruja adolescente o la otra, la que gusten-  vestida de china poblana para amenizar, tampoco me preocupa mucho, pues siendo honestos ha de tener 20 años que no voy al “grito” y en aquel tiempo había ido porque creía, junto con mis adolescentes amigos, que podía beber tequila en la calle y sentirme bien mexicano, nacionalismo efímero que se fue junto al amigo y la botella a manos de un granadero entre la muchedumbre.

Pero para mis amigos de quienes les cuento que discutían sobre la mexicanidad, si hay importancia en ello. De ahí la discusión sobre el reggaeton contra rancheras o algo mexicano; del reggaeton decía uno qué era para los millenials, que buscaba apapachar bajo su manto el nuevo gobierno, otro, que eso resultaría como vender sushi en lugar de chalupas en los puestos periféricos del festejo popular,  y, honestamente si con la comida se metían, yo preferiría  un puestecito en que La pizza del perro negro preparara unas de chilaquiles o como sugerencia patriotísima,  una con base de salsa verde, que lleve  papa, pollo, lechuga, queso fresco y rábano pa´ no herir ilusiones identitarias.

“Pásele pásele, las autenticas “chalupizzas” para el hambre más millenial”

Segundo, considero que de Juanga no hay nada de que discutir, e inocentemente me pregunto ¿qué porcentaje de mexicanos adultos  honestamente no sabe quién fue Juan Gabriel y nunca ha tarareado alguna de sus melodías?, pues pienso en este cantautor mexicano como algo parecido al demogorgon de Stranger Things viajando entre dos mundos, pensado en esto claro está, y, parafraseando a mi amigo el Chavis Mármol, “en que no hayamos superado a Clement Greenberg” y su modernísima idea de alta y baja cultura.

Tercero, haber hecho fila para entrar al MUAC y sentirme como en romería o Plaza Sésamo no fue de lo mejor de mi fin de semana, y no porque me choque que mucha gente vaya a los museos, y no porque se encuentren divertidas para los niños algunas piezas de arte, eso está bien, que se nutran de ello, pues siempre he pensado que somos como sistemas digestivos que defecamos/nos comunicamos de acuerdo a lo que consumimos, entonces, para mí siempre será mejor platicar con quien se nutre de toda la pirámide cultural; pero por favor, si algún poder divino está leyendo esto, que vayan cuando yo no voy, los museos son lugares que me gusta disfrutar cuando casi no hay gente, a menos de que sea una inauguración, donde mucha gente y mucho vino siempre hacen buena conversación.

Volviendo al camino, les decía sobre el MUAC, Anish Kapoor, espectacular y especialmente corporal, por eso escapé pronto, por el exceso de cuerpos deambulando frente a los espejos,  acto seguido de un doblete a “Los carpinteros” por el puro gusto, ¿qué pensarían de la nacionalidad si mis amigos que discutían sobre el reggaeton en el festejo mexa vieran la expo de “Los carpinteros”?.

Yishai Jusidman perfecto, con menos gente, disfrutando las excelentes pinturas, representaciones de las horribles imágenes  de cámaras de gas del holocausto relacionadas por el azul de Prusia con que estaban hechos los monocromos pictóricos, ¿bonitas? ¿bellas?.

Y ya para terminar, me regreso al día de la pulquería, en donde pienso en los tres pisos del lugar, tercer piso electrónica con las chicas de Quiero Club en DJ set, planta baja principalmente cumbia, el segundo en un área limítrofe, donde seguramente lo que más hacían era platicar. ¿A dónde voy con tanta paja  y verborrea?.

Regreso al terruño, Pachuca, la bella airosa, donde recientemente hemos cambiado de gobierno municipal, provocando con ello el movimiento burocrático, en donde, para nuestra suerte –añada el tipo a placer- aparentemente se ha designado a quien dirigirá la parte de cultura, dirección muy maltratada en la administración pasada y que nos urge sea revitalizada, pues es doloroso, entre otras cosas, ver un costosísimo centro cultural del reloj, ineficiente, en donde por casualidad he podido ver conciertillos de improvisados cantantes de éxitos radiales cursilones e inaugurado entre arlequines,  payasos – y me refiero no sólo a los que traen nariz roja y zapatotes-, en conjunto con una verbena que nada tuvo que ver con un lugar construido para generar públicos y promover la cultural local.

Considero que las instituciones culturales tienen un arduo trabajo, sus funcionarios deben reflexionar sobre las necesidades de los ciudadanos, desde los más pequeños para inculcarles el hábito del consumo cultural, pasando por los consumidores habituales que merecemos productos de calidad, los productores que necesitan el apoyo para mostrar su trabajo y por supuesto a los visitantes que vienen a conocer lo que somos y hacemos como comunidad, teniendo claro que la cultura no es entretenimiento, sino un reflejo de la diversidad humana correspondiente a diferentes latitudes, por ello es que sólo me queda preguntar ¿si es que Virgilio Gúzman es el adecuado para enfrentar las problemáticas locales frente al arte y la cultura?, ¿si acaso tiene el bagaje cultural necesario y congruente de acuerdo a las formas de consumo y producción artísticas contemporáneas?, ¿si podrá concatenar coherentemente los elementos de multiculturalidad existentes en Pachuca para generar un discurso sólido? o ¿sólo será un discurso largo, exagerado e innecesario como el presente ejercicio escritural?.

Imagen de portada obtenida aquí.

Comentarios

Comentarios