Se terminó el puente, amigos. Es momento de ir a clases o al trabajo. Otros ni siquiera tuvieron ese suspirito y trabajaron. Entonces se plantean dos situaciones: el que ya queremos regresar a las actividades porque se nos ha acabado el presupuesto fiestero, o bien estamos a punto de entrar en shock emocional porque regresaremos a ver caras y actitudes que sin mayor explicación o una muy bien argumentada, nos cagan. Pero bueno, toda recompensa requiere tantito esfuerzo de nuestra parte, si hay que terminar de estudiar la universidad, vale la pena vivir con ese Profe de apodo raro y milenario un par de meses más. Si es el trabajo con los compañeritos molestos, o el jefe jodón, pues lo vale para terminar un Master, comprar un carro nuevo, salir de vacaciones a Cancún, o pagarse las chelas los viernes.

Yo creo que todo depende del cristal con que se mire y como se aprende a no dejarse amargar. La clave es crear detalles para hacerse la vida más chida ó aburrida. Una de esas cosas que pueden marcar la diferencia es la música, así que hoy les recomendaré un disco que puede hacer sus días (con un poco de imaginación). El sountrack perfecto para sentirse en todo momento relajado, dibujarles una sonrisa, comenzar una mañana o una tarde y sentirse como en cliché de película bailando de la nada y sonriendo por montones.

Chemical Chords es el décimo álbum de estudio de la agrupación inglesa Stereolab. ¿Qué quiénes son Stereolab? Para los noventeros de corazón la pregunta sonará burda, para quienes no tengan ni idea, ésta es una agrupación liderada por Laetitia Sadier y Tim Gane. A lo largo de su trayectoria musical han cambiado de miembros paulatinamente, pero este peculiar dueto es digamos la espina dorsal de la agrupación. ¿A qué suena Stereolab? Es muy bizarro como se clasifica la música últimamente, con términos como “pop barroco”, que en lo personal me dan mucha flojera. Yo diría más bien que la música se siente y entonces no se puede explicar, sólo sentir. Aunque si se necesitara la referencia, yo diría que un poco a lounge de los años 60’s, con un algo de Os Mutantes y hasta por instantes algunos tintes de los Beach Boys, con un toque de música electrónica. Un perfecto revoltijo de acordes químicos.

Chananaaaa (leerse en tono de tarareo)… Pero este disco es un sube y baja de ritmos bajo una misma sonrisa. Neon Beanbag, es el tipo de canción que puede sonar perfecto al llegar al trabajo o la escuela.

Tree woman, para tomar el bus en estos días con inesperadas lluvias y sonreír con el paisaje.

O Silver sands, para regresar a casa. Les dejo la versión en vivo, para que vean y escuchen el talento de estos chicos, que va más allá de un álbum de estudio.

Así entre tintes de Jazz y muchos otros ritmos a los cuales no vale la pena encasillar si no disfrutar, quizá su retorno a la escuela o trabajo, sea mucho más dulce. Para muchos, este es el trabajo más importante de la agrupación, para otros (como yo) un disco de ensueño con el cual se puede volar… ¿Listos para el viaje? ¡Despeguemos!

 

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