En la oscuridad de los cines en nuestro apagón semanal de los domingos por la tarde arrugada ya a deshoras la camisa limpia que habían planchado a hierro candente nuestras madres esa misma mañana nos amábamos con prisa entre olor a palomitas ajenas terciopelo antiguo y espuma de cocacola antes de que llegara el seco lunes de anosmia con las manos rápidas allí torpes buscando a tientas la entrada al reino de los cielos garabateando el camino a la cima alpinistas novatos borrachos haciendo eses en ascenso al ka dos y una vez arriba ebrios de felicidad pero también ebrios sin más nos tendíamos sobre la capa de nieve de la cumbre virgen la cumbre la nieve nuestra mente adolescente y virgen también la pista de aterrizaje entre tus piernas y nos dedicábamos a hacer ángeles sobre ella y a vaciar en suspiros todas nuestras bombonas de oxígeno conscientes a pesar del mal de altura de la euforia de la cumbre perfectamente conscientes de que el descenso fatal seguramente nos traería la muerte conscientes de que después de aquel magreo dominical vendrían las vacaciones y el sueño de una noche de verano nos dejaría conversaciones a medias y medias sin bajar del campo base pero qué demonios también podíamos encontrar la muerte de un resbalón en una placa de hielo o por un edema cerebral que nos dejara tarados tirados a la salida del cine un coche con las luces bajas al que no viéramos llegar por la avenida porque después de la oscuridad de los cines entonces salíamos con las pupilas enormes de tanto amarnos que eran nuestros juegos de manos la droga más perfecta que habíamos descubierto ya llegarían el alcohol en cantidades industriales las hierbas el caballo pero hasta entonces nos valía con conectar las yemas de los dedos a las terminaciones nerviosas de los pezones y la electricidad que se descargaba nos dejaba las pupilas grandes y destacaban en medio del iris como la marca negra sobre la pantalla que marcaba el cambio de rollo, changeover,

el cambio entonces, la respiración fuerte,

la mancha sobre los pantalones y el ka dos que descendía de nuevo hasta convertirse por arte de magia en el lago de los cisnes

antes de que llegaran los secos lunes de anosmia.

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