“Se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “¿Cómo somos?” se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son. (…) Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino!”

José Martí, Nuestra América

 

“La causa nacional latinoamericana es, ante todo, una causa social: para que América Latina pueda nacer de nuevo, habrá que empezar por derribar a sus dueños, país por país. Se abren tiempos de rebelión y de cambio”

Eduardo Galeano, Las Venas abiertas de América Latina

 

Como bien menciona Galeano en Las venas abiertas de América Latina, visto desde fuera, principalmente desde Europa, se tiene la creencia de que “…América es, para el mundo, nada más que los Estados Unidos: nosotros habitamos, a lo sumo, una sub América, una América de segunda clase, de nebulosa identificación”. Esto, en gran medida, es el resultado del desprecio, más que de la ingenuidad o del desconocimiento de la geografía continental. Sin embargo, pese a quien le pese, en América Latina se desarrollan una serie de acontecimientos políticos de gran importancia para la geopolítica mundial, especialmente durante las últimas décadas.

Por principio de cuentas, entre 2014 a 2016, Latinoamérica experimentó un notable desencanto económico no antes visto en el continente. Tan solo la cifra de crecimiento económico registrado en 2016 fue la tercera peor desde hace 30 años, ya que se contrajo un 1% en el Producto Interno Bruto (PIB), después de haberse estancado en 2015. Esto, de acuerdo a especialistas económicos, fue el resultado de una débil demanda interna causada por los bajos precios de las materias primas, los ajustes fiscales y financieros que están en curso en algunos países y, por factores endógenos en cada país del continente.

En 2017, sin embargo, después de dos años de contracciones y ajustes económicos, de acuerdo a la CEPAL, las economías de América Latina volvieron a crecer en promedio 1,1%. Lo cual, advierte un panorama esperanzador para este 2018 que inicia, aun pese a los riesgos geopolíticos que se avecinan. Para este caso, la recuperación se debió, por obvias razones, a la mejora de los precios de las materias primas que se exportan. Aunque las expectativas para algunos países sí han variado considerablemente. Por ejemplo, las cosas mejoraron sustancialmente en Panamá que fue el país que logró el mejor crecimiento con un 5.3% en su PIB. Mientras que Venezuela fue la nación con la mayor problemática al registrar el -9% en su PIB.[1]

A la par de los cambios económicos, en América Latina también se están desarrollado diversos giros en el horizonte político. De esta forma, la región enfrenta un incierto futuro político, el cual dio inició el año pasado con las elecciones presidenciales llevadas a cabo en Perú, Ecuador, Honduras y Chile. Mientras que este 2018, las primeras votaciones tendrán lugar en febrero en Costa Rica, le seguirán Paraguay, Colombia, México y Brasil. Cuba, por su parte, espera un cambio incierto, pues Raúl Castro ha anunciado que para este año dejará la jefatura del Estado y poco se sabe de lo que pueda suceder. Finalmente, las últimas elecciones de 2018 se celebrarán en el mes de diciembre en Venezuela. Quedando pendientes Argentina para el próximo año 2019, así como Bolivia y Uruguay en 2020. A continuación, se presenta un breve resumen de estos comicios iniciando con las primeras cuatro elecciones.

 

Perú

El año pasado Perú, junto con Panamá, fueron los líderes del crecimiento económico de la región, al registrar el mayor avance de los últimos 15 años. Ninguno de los últimos tres presidentes peruanos había formado parte del grupo de mandatarios ligados a la nueva izquierda latinoamericana, sino más bien han sido socios de la Alianza del Pacífico.  Esto se remarcó en 2016, cuando los ciudadanos peruanos eligieron por encima de Keiko Fujimori a Pedro Pablo Kuczynski, un banquero caracterizado por una ideología de centro derecha.

El buen momento económico de 2016 parecía dar buen rumbo al país andino. Sin embargo, el reciente indulto al poco celebre Alberto Fujimori, en nombre de la supuesta “reconciliación nacional”, produjo una complicada severa crisis política. Pues se tiene la sospecha que el actual presidente realizó esta acción para frenar una investigación en su contra, que lo implicaba dentro de la ya conocida trama de corrupción de la empresa Odebrecht. Más allá de lo que cada uno advierta sobre el indulto, el manejo gubernamental ha sido bastante desastroso frente a una sociedad cada vez más informada al respecto.

Este escenario advierte tres cuestiones. En primer lugar, que el Gobierno de Kuczynski parece no percatarse que, en la estructura del sistema político peruano, y de cualquier sistema político, interactúan muchos actores con diferentes fuerzas y capacidades institucionales, por lo cual el Gobierno no es el único que puede actuar y decidir dentro de él. En segundo sitio, en estos tiempos no se pueden pasar por alto los derechos de las víctimas de represión, presos políticos o de desaparición forzada. Está plenamente demostrado que omitir este hecho tiene un alto costo político. Y, finalmente, se percibe una verdadera desconexión gubernamental con la realidad internacional, pues pese a las decisiones y recomendaciones de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y su aplicación, todos estos esfuerzos pasaron a ser una mera ilusión.

Al final, el indulto no es una simple diferencia de opiniones, sino una contraposición entre dos lógicas. La primera que parece más bien anacrónica y otra que va de la mano de la democracia, que es quizá la que más corresponde en los tiempos actuales. El indulto pone en jaque a un país que arrancaba económicamente bien pero que políticamente tendrá severas consecuencias.

 

Ecuador

En 2017, Lenín Boltaire Moreno llegó a la presidencia de Ecuador para ser el sucesor de Rafael Correa, un hecho complejo para su figura, pues tiene a cuestas la gran presencia del ex presidente. Empero, su reto es desvincularse totalmente de él e iniciar una nueva etapa.  Aun así, se tiene la teoría de que Lenín fue elegido presidente para dar una diferencia real y una imagen distinta a la de Correa. Y resulta entendible este hecho, pues la última legislatura del gobierno de Correa presentó dificultades económicas, por lo que la popularidad de su modelo se vino abajo. Este hecho se reflejó en el resultado de las elecciones, las cuales de entrada dieron un empate técnico entre los dos aspirantes pero que terminó favoreciendo a Moreno.

Un rasgo particular en el presidente Moreno es que se desplaza en silla de ruedas debido a que, durante un asalto en 1998, recibió un disparo que lo dejó en esa condición de por vida. Sin embargo, se caracteriza por ser un hombre discreto, tranquilo y, menos extremista que su antecesor. Ha escrito varios libros sobre autoayuda como Teoría y práctica del humor. Pero muchos analistas ecuatorianos señalan que no cuenta, en teoría, con la determinación de Correa para afrontar los asuntos públicos. A esta circunstancia hay que sumar las más que probables trabas en la gestión cotidiana.

Por otra parte, los subsidios y las ayudas a los sectores más vulnerables dieron a Correa mucho apoyo entre la población de entornos de esfuerzo. Sin embargo, los recortes en el gasto social, como consecuencia del freno económico o buscar otros tipos de financiación, darán menos margen de acción para que Moreno pueda repetir esto. Por lo cual, será complicado dar esa continuidad a esos programas sociales. Así que los críticos de Moreno consideran que no será capaz de conciliar las necesidades de la sociedad ecuatoriana. Y que, aunque Correa no esté en el cargo, su legado hará que tenga que lidiar con su sombra, al menos durante los primeros años.

 

Honduras

Por lo general, gran parte de los estudios de los sistemas electorales comparados en América Latina, señalan que en el continente se respeta la vigencia de los derechos políticos. Sin embargo, es común observar grandes déficits en otras aristas de los sistemas democráticos. Tal es el caso de las libertades individuales o la separación y el equilibrio entre los diversos poderes, por mencionar algunos ejemplos. La realidad es que se forjó un tipo de democracia participativa pero caracterizada por una limitada ciudadanía.

Así las cosas, Honduras configura un caso particular en los sistemas políticos latinoamericanos. Ya que su elección presidencial se desarrolló en un contexto complejo y caótico, presentando señas de represión y violencia en las calles, dejando al menos 30 muertos. Y es que, de acuerdo a los informes de la OEA, el mínimo margen de votos entre los principales candidatos; así como las irregularidades y errores del sistema electoral que se registraron, impiden determinar quién fue realmente el vencedor. Por lo que este organismo internacional recomendó a las autoridades hondureñas realizar una nueva elección.

Este desenlace en Honduras no es nada novedoso. En 2009 el entonces presidente en turno Manuel Zelaya propuso realizar una consulta para permitir su reelección para un segundo periodo. De inmediato fue destituido mediante un golpe de estado. Bajo este contexto se llevaron a cabo elecciones presidenciales en 2009 y en 2013, siendo elegido en esta última elección Juan Orlando Hernández. En abril 2015, la Corte Suprema de Honduras anuló las clausulas necesarias, reformando la constitución, lo cual permitió la candidatura del presidente en ejercicio. Por lo cual Hernández fue reelecto en noviembre pasado en condiciones nada transparentes y con un cierto déficit de legitimidad de origen. La cuestión no es el qué, la reelección, sino el cómo, cambiar las reglas de juego sin neutralidad institucional, desde el poder y en beneficio directo de quien lo ocupa. En este contexto las elecciones ya no son tan libres ni tan justas, ya que son reducidas a una mera imitación de la democracia competitiva.  Juan Orlando Hernández seguirá en la presidencia de Honduras por cuatro años más. Sin embargo, lo hará sin el respaldo de la comunidad internacional y omitiendo la petición de la Organización de Estados Americanos (OEA), que recomendó celebrar nuevas elecciones.

 

Chile

En Chile, la victoria del conservador Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales de 2017, consolida la alternancia de gobierno en un país que se caracteriza por ser, en teoría, uno de los más prósperos y estables del continente. Además, el triunfo confirma el giro hacia la derecha iniciado por Argentina años atrás. Cabe hacer mención que el presidente electo ganó contra todo pronóstico, pues los conteos fallaron al registrar nueve puntos de diferencia sobre Alejandro Guillier, cuando se daba menos margen de diferencia. De hecho, Piñera consiguió 1,3 millones de votos más respecto a la primera vuelta.

En esta ocasión, durante su campaña el discurso de Piñera fue en cierta forma moderado. Además, aceptó de cierto modo un ligero cambio en la financiación de la educación universitaria. A la distancia parece que a los chilenos les ha costado mucho experimentar un aceptable sistema político democrático. Algo que no es muy común en la realidad política de América Latina. Por ello, la cultura política en chile puede ser la excepción con esta alternancia.

Como sea el caso, la victoria de Piñera fue un duro golpe para la centroizquierda, resultado comprensible pues estos se han mantenido divididos y con un desempeño regular en el gobierno, ya que ha combinado erróneamente aspectos estructurales con elementos prolijos dentro de sus reformas estructurales. Además, este triunfo en cierta medida responde a que Piñera logró conjuntar las promesas de campaña de la derecha con una ligera sensibilidad hacia las promesas de la izquierda. Pero, siempre tuvo cuidado que estas últimas no intervinieran en su ideología. Este hibrido de ideas buscará concretar los efectos de la modernización, la defensa del capitalismo tradicional junto con los beneficios básicos de la protección social. Así que aquí está el reto de Piñera, quien tiene la tarea de construir mucho capital político para trascender local e internacionalmente.

 

Continuará…

 

[1] Información vista en: https://www.cepal.org/es

 

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