Se celebraron nuevas elecciones en Venezuela.

Este domingo en Venezuela no hubo ninguna sorpresa, Nicolás Maduro se reeligió nuevamente y gobernará hasta 2025. Con ello echa a perder lo poco que el progresismo pudo lograr en ese país hace unos pocos años y sigue satanizando y ridiculizando a una casi olvidada izquierda latinoamericana.

Sin embargo, la verdadera victoria en Venezuela no es de Maduro, sino de la abstención, que logró un récord en estas elecciones presidenciales. De acuerdo a los datos del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, la participación electoral alcanzó el 46%, aunque fuentes extranjeras aseguran que al cierre de los colegios electorales se ubicaba en el 32,3%. Este hecho es muy significativo, pues en las últimas presidenciales del año 2013, se presentaron a votar casi el 80% del total de personas inscritas en censo. Pero, esta vez, no se puede mencionar que hubo una paridad de condiciones en la elección, ya que los principales partidos políticos como la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), ahora agrupados en el Frente Amplio, rechazaron participar en la elección al no contar, según ellos, con las  garantías democráticas para participar abiertamente en la elección. El único rival directo y real de Maduro era Henri Falcón, quien obtuvo 1,8 millones de cotos, pero al saber los resultados finales, desconoció públicamente los conteos denunciando irregularidades en el proceso.

En esta elección cabe la pena preguntarse, quién fue el gran derrotado de hoy, Falcón, los opositores o la  abstención. Pues, la elección está rodeada de denuncias, irregularidades y sospechas de fraude. Lo cual, muestran el alcance de la caída de Venezuela, que sigue sumida en una terrible crisis económica, pero la participación más baja de la historia del país refleja también el respaldo de los planteamientos de la oposición. Aun ganando la elección, Maduro es más débil que nunca antes. Al parecer y sin temor a equivocarnos, estamos en la fase final de un ciclo complejo.

Quedamos pendientes de las reacciones de las principales instancias internacionales como la Unión Europea, Estados Unidos y las naciones importantes de América. Ya desde ayer, la Administración de Trump reiteró que no piensa reconocer los resultados de las elecciones. Esperemos a ver que manifiestan los demás actores internacionales.

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