Como nación, Brasil tiene razones serias razones para avergonzarse, pues fue el último país esclavista, no sólo de América, sino también del mundo. De esta forma, desde sus inicios y durante el siglo XX, en sus entrañas Brasil atravesó grandes desigualdades entre su población. Sin embargo, a fin de ese mismo siglo se presentó un inmejorable nivel de desarrollo industrial. Lo cual, llevó a que, a principios del siglo XXI, la nación brasileña tuviera los argumentos suficientes para enorgullecerse, ya que su nivel de desarrollo creció colosalmente. Además, el buen momento económico y las adecuadas políticas le dieron la capacidad de convertirse en la quinta economía del mundo. Y por ende, participar en una alianza dentro de los BRICS, esto consolidó su liderazgo en el Mercosur. Existe un dato importante a resaltar, y es que este crecimiento no logró acabar con las injusticias sociales que continuaban en su población.

Mucho de ese éxito se debe a la llegada de Luis Ignacio “Lula” da Silva a la presidencia de ese país, pues con él comenzaron a implementarse políticas y reformas sociales, que buscaron y en gran medida, consiguieron reducir la suficiencia alimentaria, la discriminación, la exclusión y la desigualdad. De este modo, la inclusión económica, educativa, universitaria y territorial llegó a los sectores más vulnerables, dando a Brasil la opción de situarse en un lugar protagónico en el escenario mundial. Obviamente que un presidente de origen obrero y de izquierda asumiera el control de todo implicaba un cambio sin precedentes. Así pues, Brasil se codeaba con las potencias mundiales y era capaz de integrar a 40 millones de personas en el programa “bolsa familia”, iniciativa política premiada por la Unión Europea como mejor programa de desarrollo social.

El gobierno de “Lula” lo colocó en un pedestal y no sólo consiguió ser uno de los políticos con mayores niveles de aceptación en la historia de Brasil, con un 80% de aprobación a final de su presidencia, sino que también es uno de los líderes más admirados del mundo. En donde quiera que se presentaba solo recibía ovaciones y aplausos. Desde la derecha le admiraban por someterse a la ortodoxia económica. Y desde la izquierda, por haber sacado de la pobreza a millones de brasileños.

La sucesora de “Lula” fue Dilma Russeff y todo parecía seguir encaminándose. Pero en 2014, en la reelección de Dilma, el país se dividió. En esa elección Aecio Neves estuvo a punto ganar a Dilma pero no lo consiguió por muy poco. Además, en ese mismo año Brasil tuvo problemas, como todo el resto de los países latinoamericanos. Entre todas las posibilidades que Brasil tenía en ese momento, sólo había una vía ambigua, que era el inicio de su autodestrucción. Por ese tiempo también aparecieron serios casos de corrupción que llevaron al derrocamiento de la presidenta Dilma y con ello se dio la instauración de un gobierno sin legitimidad ni popularidad que en dos años ha tomado decisiones tenebrosas para el futuro del país.

Los casos de corrupción alcanzaron también al gran líder sindical, al ídolo de la gente, al presidente con mayor popularidad y carisma que ha tenido Brasil y América, pues “Lula” tiene una orden para ingresar a la cárcel bajo una acusación ignominiosa. Es decir, aceptar el regalo de un apartamento en la playa de una empresa constructora favorecida con contratos de Petrobras.

De esta forma, “Lula” vuelve a la cárcel. No será su primera vez, hace 38 años la policía militar brasileña lo encarceló por tratar de encabezar una huelga de obreros metalúrgicos. Ahora, es acusado de haberse valido de su cargo como presidente del país para obtener beneficios personales.

Una vez que “Lula” tuvo conocimiento de la orden judicial para su ingreso en prisión, se refugió en la sede del Sindicato de Metalúrgicos, donde comenzó todo. Ahí, junto a sus seguidores esperaba poder revertir la situación. Empero, a pesar del dictamen judicial, “Lula” sigue siendo un héroe para millones de personas. Pero, del mismo modo también en los últimos años ha crecido el número de sus detractores. Esos millones de brasileños opositores están obsesionados con su encierro. Encarcelar al líder obrero es una gran conquista, es acabar con todo, es encerrar al genio en la botella.

El caso da para mucho análisis, pues con su encarcelamiento prácticamente las autoridades de Brasil no lo dejarán ser candidato. Pero, no sólo no le permiten competir y ganar. Sino que también le impiden a cualquier oponente enfrentarlo legítimamente e intentar vencerlo. Así que, no habrá un gobierno legítimo en Brasil sino es de Lula o alguien que sea capaz de vencerlo. Por eso, Brasil entra en una aguda crisis política. La sociedad brasileña, dividida desde la elección anterior, se ha movilizado y lo ha hecho para exigir condena a los asesinos de la activista  Marielle y para defender a Lula y  de paso a la democracia brasileña.

Quienes observamos a la distancia el suceso, apenas podemos creer que quizá termine encarcelado aquel personaje que logró erradicar el hambre en muchos sectores de su país. Y también, se advierte que la alta clase política y los poderes fácticos y económicos de Brasil manifiestan su coraje y venganza frente a cualquier actor político que no cede ante sus pretensiones y necesidades. Vamos, estarán siempre en contra de un presidente que no se comporte como su asistente. Se desconoce hasta dónde llegará la destrucción de la democracia brasileña, que es la autodestrucción de cualquier proyecto. Pero, de lo que si hay certeza es que el destino de Brasil es necesariamente el destino de nuestro continente, porque lo que ocurra ahí tendrá una repercusión en toda la región.

 

Comentarios

Comentarios