En seguimiento al artículo ¡Cambio en América!, que publicamos hace unos días sobre cuál es el panorama electoral de nuestro continente, hoy compartimos con ustedes algunos puntos que nos ayudan a tener una perspectiva clara de lo que acontecerá en América Latina en los próximos meses.

 

Costa Rica

Costa Rica se considera una de las democracias más consolidadas y estables de América. Después de la primera vuelta llevada a cabo a principios del mes pasado, el próximo 1 de abril definirá quién será su Presidente. En esta ocasión, sorpresivamente durante la primera vuelta quedaron fuera de la contienda los partidos más importantes del país. Así, el empresario Antonio Álvarez Desanti del Partido Liberación Nacional (PLN),  Rodolfo Piza del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) y Juan Diego Castro, candidato con el discurso más incendiario que aboga por la política sin partidos, quedaron en el tercer, cuarto y quinto lugar, respectivamente. Por lo tanto, las opciones que competirán son: Fabricio Alvarado, líder de la formación confesional Restauración Nacional. Y, por otro lado, Carlos Alvarado, del gobernante Partido Acción Ciudadana (PAC). Un dato de importancia a señalar en esta la primera vuelta fue que en estas elecciones se presentó un abstencionismo del 34%.

El resultado representa un giro en el sistema político costarricense donde, desde hace décadas y hasta 2014, el PLN y el PUSC se alternaron el poder. En ese entonces los liberacionistas perdieron en la segunda vuelta contra Luis Guillermo Solís y tuvieron la peor derrota hasta las elecciones pasadas. En esta ocasión, el PLN ni siquiera pudo acceder a la segunda vuelta. De esta forma, la crisis de los partidos tradicionales se agrava y cede terreno a otros movimientos como las iglesias evangélicas aliadas con un sector de la iglesia católica.

Diversos analistas prevén que en este mes que queda hasta la segunda vuelta crecerá la polarización entre los valores cristianos de familia y vida y la defensa de los derechos de las minorías sexuales. Sin embargo, la urgencia de otros asuntos que han quedado en segundo plano, son la verdadera urgencia de este país, sobre todo las medidas contra el creciente déficit fiscal que ya supera el 6% del PIB y obliga a dedicar a deudas casi un tercio del Presupuesto del Gobierno de Costa rica, hasta abril veremos que acontece.

 

Colombia

Al igual que en Costa Rica, a un mes para la primera vuelta presidencial en Colombia, las encuestas muestran que la pelea por la presidencia será posiblemente entre dos contendientes. El exgobernador de Antioquia Sergio Fajardo y el exalcalde de Bogotá Gustavo Petro. Lejos quedan el exvicepresidente Germán Vargas Lleras y el candidato del Partido Liberal  y exnegociador de paz, Humberto de La Calle, quien pese al apoyo del expresidente Álvaro Uribe, está último en las encuestas.

Los fenómenos de Petro y Fajardo son sustancialmente diferentes, coinciden en que ambos son unos verdaderos genios de la política. Así, mientras Sergio Fajardo encarna el sentimiento de la nueva política, la anticorrupción y la crítica al clientelismo tradicional. Su discurso no polariza y su ventaja actual en las encuestas llama y aglutina aquella parte de la sociedad cansada del discurso entre la guerra y la paz. Por su parte, a Petro lo aman o lo odian, no hay punto intermedio. Representa ese sentimiento del oprimido, la crítica al establishment político y económico, el deseo de equidad al que aspiran las clases bajas colombianas y cada vez más penetra en la empobrecida clase media.

Sin embargo, Petro no es un fenómeno en la política por llevar la bandera de ese sentimiento, sino que lo es por dos razones; primero, tiene todos los medios de comunicación, líderes de opinión y políticos en su contra. Estos le acusan de ser un seguidor del modelo de Castro o Chávez, vamos un seguidor de la izquierda, no en balde le llaman populista. Empero, no para de crecer en las encuestas. Y segundo, ha sido un fenómeno porque supero todas las críticas y adversidades cuando fue alcalde de Bogotá, dichos ataques los convirtió en herramientas para mostrar que es un mártir  político.

Para muchos analistas existe un cierto grado de miedo de varios sectores de la sociedad hacia Petro. Lo cual lo hace un candidato inviable. Además, tiene un porcentaje de aceptación bajo, es decir, cercano al 30%, el cual para una segunda vuelta presidencial es insuficiente. Ahora bien, mientras más crece Petro más se asustan las élites por lo que el país se podría optar por una elección a la derecha radical.

Ahora bien, Petro ha cometido dos grande errores. Primero, creó una lista propia al Congreso de la República y el 11 de marzo, cuando se elija el legislativo, si su lista no obtiene una gran votación, su popularidad puede ir hacia abajo, se debe esperar en todo caso. El segundo error es que no logró crear una estrategia de comunicación para contrarrestar los ataques que lo acusan de ser el Chávez o Andrés Manuel colombiano. Y por ende, para los candidatos de centro se alejan de su plataforma. Casi nadie quiere una alianza con él. En todo caso, el fenómeno de este candidato supone un mensaje para la élite colombiana.

Fajardo, por su parte, se ubica en el centro del espectro político. Es un candidato que no asusta a las elites ni a los sectores de esfuerzo. Es un candidato que encarna esa sensación de un país tranquilo, que logre sacar a Colombia de las décadas de violencia y avance hacia una democracia moderna. Además, cabe señalar que cuando fue alcalde y gobernador, siempre denotó una gran capacidad administrativa. Él no representa la discusión actual de la política colombiana caracterizada por noticias falsas y manipulación política. Sin embargo, Fajardo no la tiene fácil pues debe superar al menos cuatro obstáculos. Primero, debe escoger muy bien su fórmula vicepresidencial, pues de ello dependerán sus posibles alianzas a futuro. Segundo, superar las elecciones legislativas del 11 de marzo. Tercero, debe trabajar electoralmente en la Costa Atlántica, uno de los cinco bloques de votación, pues allí le va mal. Cuarto, deberá tomar posición sobre temas críticos, pero manteniendo su característica posición de centro.

 

Ecuador

En otro contexto, la sociedad ecuatoriana ha cerrado el paso la vuelta de Rafael Correa. El referéndum celebrado el mes pasado agotó la posibilidad de su reelección indefinida, la reforma que había sido introducida en la Constitución en 2015, hubiera permitido al expresidente presentarse de nuevo en las elecciones. Sin embargo, la consulta de siete preguntas impulsada por Lenín Moreno no garantiza que Correa desaparezca del panorama político. El actual presidente ganó con una media del 64%, un dato que muestra que el expresidente aún mantiene un significativo apoyo.

Ahora bien, el principal objetivo de la votación consistía en limitar los mandatos de los gobernantes. No obstante, el trasfondo de esta contienda tenía que ver también con el poder del Ejecutivo. Lenín Moren fue  vicepresidente de Correa entre 2007 y 2013, y fue elegido hace apenas un año. Tras asumir el cargo, pidió autonomía para tomar sus decisiones. Esta demanda derivó en un conflicto con Correa, quien se había mudado a Bélgica, país de origen de su esposa, mencionando que volvería a proteger su legado en caso de que ganará la oposición. Al final se impuso su candidato, pero no pensaba que limitarían su regreso.

La votación también planteaba endurecer la lucha contra la corrupción y reestructurar el Consejo de Participación Ciudadana. Por lo cual, el triunfo de Lenín Moreno, en gran parte,  se debió al voto de la oposición. El actual mandatario siempre estuvo en contra de la reelección indefinida de los cargos públicos. Pero el referéndum, que le legitima y abre la vía a una etapa de consenso nacional con las demás fuerzas políticas, era sobre todo una forma de decirle adiós a Correa.

Aunque Correa no pueda aspirar a presentarse nuevamente e unas elecciones presidenciales, con seguridad tendrá otras opciones para no perder el protagonismo. Pues, le queda el ámbito local. Ahora podría dedicarse a su ciudad, Guayaquil, y cultivar una red de seguidores a través de su nueva plataforma, Movimiento Revolución Ciudadana. Lo evidente es que después de la consulta, Correa intentará ser un opositor férreo de Moreno.

 

Venezuela

En un país complejo, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela, dominado por funcionarios alineados al presidente Nicolás Maduro, anunció en un primer momento que las elecciones presidenciales serán el próximo 22 de abril. Con esta medida, el Poder Electoral acataba la solicitud hecha por la Asamblea Nacional Constituyente de celebrar los comicios de forma anticipada, antes del 30 de abril. Además, ese mismo día anunció que la campaña electoral de los partidos se desarrollará entre el 2 y el 19 del mismo mes, es decir en apenas dos semanas. Este comunicado se hizo oficial casi inmediatamente después de que fracasaran las conversaciones entre el chavismo y la oposición venezolana, al no llegar a un acuerdo.

La parte medular de lo negociación entre las delegaciones del chavismo y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), era acordar un marco transparente para poder pactar una elección con credibilidad. La parte chavista había acordado una declaración en la cual se admitía la presencia de observadores internacionales y un marco proselitista equilibrado. Sin embargo, se negaron en acordar que las elecciones fueran después de abril y nombrar nuevos integrantes del Consejo Nacional Electoral.

Por su parte, los dirigentes de la MUD proponían que las elecciones debían ser, como mínimo, durante el mes de junio, y exigieron al gobierno venezolano que suscribiera un acuerdo en el cual quedara establecido cómo, y en qué plazos iban a instrumentarse las medidas que garantizarían la igualdad de acceso a los medios televisivos y spots; el veto al uso de los recursos públicos en la campaña y el comportamiento equilibrado de las Fuerzas Armadas. La MUD también argumentó que unas elecciones en abril colocarían al país ante un insólito escenario de tener un presidente en funciones y un presidente electo es espera durante ocho meses, puesto que la toma de posesión del nuevo mandatario sería hasta el mes de enero de 2019.

Sin embargo, este jueves 1 de marzo se informó que se posponen las próximas elecciones presidenciales del 22 de abril a la segunda quincena de mayo tras un acuerdo entre el Gobierno y partidos minoritarios de la oposición.

Aunque se extendieron un poco los tiempos, para mayo el chavismo tiene la escena perfecta para organizar unas elecciones a modo. Pues, tendrán una campaña electoral breve, que no expondrá  demasiado a Maduro; gestionada por funcionarios electorales oficialistas; el control casi absoluto de los mensajes televisados; el uso discrecional de los recursos públicos; y la colaboración de las Fuerzas Armadas Venezolanas.

El escepticismo en torno a la elección que organiza el chavismo es manifiesto y generalizado a nivel mundial. Sin embargo, aunque cunde el pesimismo y la poca credibilidad de las autoridades electorales, en algunos sectores políticos y ciudadanos de la oposición, persiste la convicción de que el momento político actual perjudica a Maduro, y que esto le llevaría a la derrota. Al tiempo.

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