“Ser latinoamericano es tener la misma lengua, pero un habla completamente distinta”

Mónica Ojeda

 

Con ciertas antologías hay que avanzar con calma y más cuando ofrecen 39 escritores; no se trata de un conjunto pequeño –todo lo contrario-, entonces el riesgo es caer en la dispersión y en no ir identificando con cuidado cada una de las propuestas. Aunado a ello puede darse ese prejuicio relativo a que este tipo de compilaciones muchas veces resultan muy disparejas en cuanto a calidad. Bogotá 39 deja en claro que los encargados de crearla trabajaron minuciosamente y la elección resulta mucho más que afortunada.

Se trata de esos libros que funcionan perfectamente para tenerlos sobre el buró y acudir a ellos en las sesiones nocturnas de lectura, ya que la extensión breve de los textos permite completarlos con facilidad. Con el paso de los días, fui confirmando que se trataba de un volumen para ir paladeando lentamente –como un buen whisky single malt-. Me iba enfrentando a cada uno de los participantes quizá esperando algún desencuentro y este no se daba. Los registros y temáticas iban variando mucho, pero la solvencia narrativa acompañaba a cada uno.

¿A qué obedece pues la existencia de Bogotá 39? Se trata de una iniciativa del Hay Festival, que se celebra simultáneamente en Gales (donde tiene su sede principal y donde nació) y ciudades de Colombia, México, Italia, Brasil, España y, Perú, entre otros países. Para la selección realizada en 2017, y editada por Galaxia Gutenberg, se conformó un jurado integrado por Darío Jaramillo (Colombia), Leila Guerriero (Argentina) y Carmen Boullosa (México), a quienes dieron el encargo de seleccionar a los talentos más destacados de la literatura continental que fueran nacidos después de 1977 (y con al menos un libro publicado). Valga comentar que el gremio editorial realizó una preselección y entrego más de 200 autores postulados para que pasaran por el filtro final.

La primera presentación del libro se llevó a cabo en Barcelona y con ese motivo los participantes tuvieron oportunidad de compartir sus puntos de vista con la prensa internacional. En dicho evento, la costarricense Mónica Ojeda (quien ofrece La dentadura de papi) señaló un aspecto de fondo: “Lo interesante también es que se puede ver esa diversidad en el agenciamiento de la lengua, cómo se escribe en países como Bolivia o Perú, donde se ve la riqueza que adquiere en cada país el idioma español. Ser latinoamericano es tener la misma lengua, pero tener un habla completamente distinta“.

Bogota 39 se ha publicado ya en once en once países latinoamericanos y está conformado por cuentos, fragmentos de novela y otros géneros narrativos de ficción. Se trata de una excelente instantánea en la que priva la enorme diversidad estilística y de asuntos planteados. Por supuesto, que no podían faltar algunas figuras que ya se encuentran entre lo más alto de la literatura latinoamericana; y esto le atañe a la argentina Samanta Schweblin, que recientemente publicó la novela Kentukis (Ed. Random House). ¡Escritora tremenda!

Pero también hay otros nombres conocidos, y que ya han entregado obras muy destacadas; en este grupo se encuentran Laia Jufresa, Emiliano Monge, Brenda Lozano, Gabriela Jauregui y Eduardo Rabasa. Siempre será importante conocer y aquilatar lo que están escribiendo los jóvenes mexicanos. Aquí existe probada calidad, por lo que las verdaderas sorpresas provienen desde otras latitudes.

En primer lugar, debo destacar a la argentina Lolita Copacabana y su texto Physiologus; ella es nacida en 1980 y está por arrancar una maestría en la Universidad de Iowa. Y a continuación viene el peruano Juan Manuel Robles, quien fuera muy elogiado por el siempre atinado escritor boliviano Edmundo Paz Soldán en su columna Río Fugitivo.

Robles recién ha publicado la novela No somos cazafantasmas (Seix Barral, 2018) y que acá aparece con el cuento Valentina en las nubes. Del nacido en 1978 y también autor del libro Lima Freak (2007), Paz Soldán apunta: “crea una mitología perturbadora sobre la forma en que la memoria de los individuos puede manipularse gracias a las nuevas tecnologías”.

Así las cosas, Bogotá 39 no es una apuesta orientada al futuro; más bien es una muestra de la potencia literaria que América Latina tiene en el momento presente.

 

Nota.- versión completa de un texto que apareció publicada y reducido el domingo 4 de noviembre en Milenio Hidalgo.

 

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