Hace algunos ayeres, la cadena Oxxo quiso sacar su lado ecológico y empezó a dar a sus clientes unas bolsas de plástico que decían ser «ecológicas». La bolsa decía «100% biodegradable», pero leyendo detenidamente las letras chiquitas, descubrimos que la bolsa está hecha de polímeros.

Técnicamente las bolsas no mienten, ya que biodegradable significa «que puede ser degradado por acción biológica». Técnicamente todo (o casi todo) se degrada -eventualmente- por acción biológica. Las bolsas de plástico comunes tardan de 150 a 600 años en degradarse. Los microorganismos se encargan de degradarlas, pero eso les toma mucho tiempo, y los compuestos nocivos que se encuentran en los polímeros en realidad nunca desaparecen, sino que se integran al ambiente (contaminándolo).

Las bolsas que utilizó esta famosa cadena, así como Bimbo y el grupo Barcel, son tratadas con un aditivos que se llaman oxi-biodegradables, pero se aplican en los mismos polímeros. El peligro de estos compuestos es que descomponen los plásticos más rápidamente (3 años), lo cual puede eliminar la contaminación visual y de volumen, pero lo que hace en realidad es transformar un objeto grande de plástico en pequeñísimas partículas de lo mismo.

¿Cuál es el problema? Esas pequeñísimas partículas se integran más fácilmente en el ambiente, pueden ser absorbidos por el suelo o llegar al mar y a través de éste llegar a plantas y animales gracias a la cadena alimenticia. De esta manera, obviamente terminan en nuestros alimentos, y son tóxicos.

Entonces, ¿qué podemos hacer? El primer paso es no confiar en los famosos plásticos biodegradables. Hay otras sustancias que sí son 100% biodegradables y que imitan a los plásticos, que hoy en día les dicen «bio-plásticos», hechas con almidón de maíz y no con polímeros. En México ya existen bolsas, vasos, platos y cubiertos desechables hechas con bio-maíz, que no son para nada plástico, sólo lo imitan. (Aclarando que utilizar maíz para hacer plástico trae otras implicaciones sociales, que podemos discutir en otra entrega.) Otra solución es utilizar bolsas de papel, o, la mejor: no utilizar bolsas desechables sino bolsas del mercado, de tela o de cualquier material durable, que se pueda utilizar varias veces.

La industria está cambiando, y mientras hay muchos defensores de la industria de las bolsas de plástico, hay países (y ciudades) que están prohibiendo su producción. En 2011, Italia se convirtió en el primer país en el mundo en prohibir las bolsas de plástico. Contrario a lo que muchos pensaban, la legislación fue un éxito. Las empresas italianas tuvieron un año entero para detener la producción de bolsas de plástico, y otro año para deshacerse del stock que tenían. Así, en 2013 las empresas estaban preparadas para afrontar la prohibición total. Este tipo de legislación -con metas a corto, mediano y largo plazo- hace posible cambios que creemos imposibles (a diferencia, por ejemplo, de la legislación mexicana, que prohíbe la utilización de animales en espectáculos de circo), con la satisfacción de empresas, población y un claro beneficio al ambiente.

Así que, a la próxima, ¡mejor lleva tu bolsa!

(Todas las definiciones son de la Real Academia Española)

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