No hace mucho nos enteramos de una gran pérdida, el creador del concepto “modernidad líquida” falleció a los 91 años. Para muchos el tema está desgastado, sin embargo, la razón para no abordarlo de inmediato fue muy simple, Bauman requería de tiempo, de mucha pausa, de mucha dedicación, de mucho líquido.

Su historia fue muy singular y avala su autoridad intelectual. De origen polaco (Pozman, 1925), y nacionalizado británico, muy joven, a los 13 años se trasladó junto con su familia a la ex Unión Soviética, a comienzos de la II Guerra Mundial, escapando de la invasión nazi de Polonia en 1939. Ahí se alistó en la división polaca del ejército rojo, lo que le valió una medalla en 1945. Al finalizar la guerra, regresó a Varsovia en donde se casó con la escritora Janina Lewinson, superviviente del gueto de Varsovia y su fiel compañera hasta que muriera en 2009. En Polonia, empezó su carrera en la docencia dentro de Universidad de Varsovia, además de participar activamente en la militancia del Partido Comunista. En 1968 tuvo que exiliarse nuevamente por cuestiones políticas tras una serie de protestas estudiantiles y de colectivos de artistas contra la censura del régimen polaco y con el contexto internacional de la Guerra de los Seis Días. Su nueva aventura lo llevó a Israel, donde vivió un par de años siendo profesor de la Universidad de Tel Aviv hasta 1970. De ahí se trasladó a Reino Unido, de donde no se movió más hasta ser profesor emérito de Sociología de la Universidad de Leeds. Empero, antes de llegar a Reino Unido ya era una autoridad en el ámbito de la sociología. Posteriormente, impartió clases en universidades de Estados Unidos, Australia y Canadá.

Los que nos formamos con sus lecturas y textos, no podemos pasar inadvertido su carácter crítico e irónico que siempre nos ofrecía una nueva explicación sobre la sociedad inmersa en la globalización. Como Thomas Hobbes, Norberto Bobbio o recientemente Sartori, se configuró como una de los científicos sociales que culminaron su obra en plena madurez. De hecho desde los años ochenta del siglo pasado tuvo su mayor productividad y un incansable activismo intelectual. Casi semestralmente publicaba algún libro o un texto individualmente o con otros pensadores, pronunciaba conferencias, escribía artículos de gran interés en un diario de relevancia o regalaba alguna entrevista controvertida en las que el periodista estaba obligado a seleccionar cuidadosamente las preguntas, porque sus respuestas se extendían por muchos minutos, pero nunca eran momentos tediosos sino  de enseñanza sólida. Por ende, su ausencia conlleva un gran vacío, un espacio que nos deja sin guía, sin un sabio consejero, sin un maestro que supo poner luz en tiempos de oscuridad  y desconcierto teórico.

Bauman es un digno representante de la más brillante tradición intelectual del pensamiento social, centrando sus investigaciones en la estratificación social y el movimiento obrero, así como en la modernidad y la posible conexión de ésta con el Holocausto. Para lo cual, formuló instrumentos conceptuales muy valiosos para entender el cambiante y acelerado mundo en el que vivimos. Esto mediante un análisis de las transformaciones de las estructuras sociales contemporáneas. Sus teorías sobre la era actual, en la que el hombre está carente de referencias consistentes, valores perecederos y lleno de conceptos que son más frágiles que nunca, han sido una inspiración de gran influencia en los movimientos antiglobalización.

Entre muchos de los reconocimientos a su trayectoria académica recibió el Premio Europeo Amalfi de Sociología y Teoría Social, otorgado por la Asociación Italiana de Sociología (1989), el Theodor W. Adorno Prize (1998) y el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2010.

Los premios antes mencionados se derivan de su potente producción académica, que comenzó en los años cincuenta, cuando empezó a profundizar en temas relacionados con la sociología y la globalización como “La cultura como praxis” (1973). Para después  alcanzar fama internacional a finales de los ochenta con los textos “Modernidad y holocausto” (1989), donde define el exterminio de judíos por los nazis como un fenómeno relacionado con el desarrollo de la modernidad. “La posmodernidad y sus descontentos” (1997), “La globalización: consecuencias humanas” (1998), “En búsqueda de la política” (1999), “La sociedad individualizada” (2001) y “Vidas desperdiciadas. La modernidad y sus parias” (2005), en este último expone las consecuencias inevitables de la modernización tales como las migraciones, los refugiados, el desempleo, la nueva pobreza y la necesidad de fijar identidades. A estos textos le siguen trabajos publicados en español como son “Vida de consumo” (2007), “Archipiélago de excepciones” (2008), “Múltiples culturas, una sola humanidad” (2008) y “El arte de la vida” (2009).

Empero, su libro más importante es, por supuesto, “La modernidad líquida” (2000), obra que lo consagra como uno de los grandes pensadores sociales de nuestro tiempo y en la cual define los tiempos actuales como una era de cambio y movimiento constante, en donde los conceptos son más inestables que nunca. A este trabajo como una saga le siguen “Amor líquido” (2005), “Vida líquida” (2006), “Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus temores” (2007) y su culminación “Mundo consumo” (2010), en donde manifiesta que la globalización económica no sólo ha afectado a las relaciones laborales sino a todas aquellas que vertebran el cuerpo social, incluidas las familiares y las sentimentales.

De forma más puntual, muy pocos científicos sociales pueden presumir de haber propuesto una metáfora tan sutil para describir y exponer los nuevos tiempos marcados por el desarrollo de la comunicación y el triunfo del libre mercado. El concepto se define como Modernidad líquida. Resulta Líquida porque, según Bauman, vivimos en un periodo marcado por la inestabilidad y la precariedad. Es decir, es una expresión para delimitar “el fin de la era del compromiso mutuo”, donde el espacio público se abandona y se impone un individualismo que lleva a “la corrosión y la lenta desintegración del concepto de ciudadanía”. Esta forma de organización social en la que nada permanece, en donde todo es fugaz, incompleto e indefinido. Aquí es donde todo lo concreto, lo que era sólido se desvanece en el aire. En donde se observa la pérdida de la dimensión de ética pública. En donde  poder ya no está en manos de la política, sino que ha pasado a otras instancias alejadas de los sistemas democráticos. De forma tal que, la economía está cada vez más lejana al Estado pues los derechos políticos se han reducido al control de los mercados regulados del neoliberalismo y los derechos sociales son reemplazados por el deber individual de velar por nosotros mismos.

El resultado es una situación de vulnerabilidad social. El mal no sólo reside en las guerras o en las ideologías totalitarias, también está contenido en la indiferencia ante el sufrimiento de los demás, como en la cuestión de los refugiados. En este sentido, en uno de sus últimos artículos, Bauman describió la situación de los refugiados de las costas de Lampelusa,  donde señaló que “las fronteras no se trazan teniendo en cuenta las diferencias; las diferencias se buscan, se encuentran o se inventan en función de unas fronteras que ya han sido trazadas”. Además de ser muy crítico con la transformación de la Unión Europea comparándola con una fortaleza que ha creado las condiciones que han causado tantas muertes. Al mismo tiempo, las expresiones de solidaridad con los seres humanos que viven esta tragedia han quedado relegadas otra vez a los márgenes, de forma que el proscenio político queda a merced de los alarmistas, y el escenario público, en manos de la insensibilidad moral y la indiferencia.

Sorprendentemente, la muerte de Bauman fue un hecho que se volvió viral, pues el número de tweets, estados de Facebook y de comentarios en las redes sociales fue abrumador. Sin conocer a Bauman, con seguridad este fenómeno le hubiera dejado sorprendido. Pues en muchas ocasiones había manifestado sus dudas sobre la eficacia de las redes sociales ya que criticaba que la idea extendida en una parte de los usuarios de las redes de que escribir mensajes revolucionarios, no tenía el mismo impacto que intervenir en un espacio público. Hay mucho revolucionario que no sale de casa, en lugar de estar peleando en la calle. Las redes sociales son eficientes para conjuntar la atención de muchas personas, pero no son apropiadas para configurar un discurso coherente en el espacio público. Por eso son incontrolables, inestables y efímeras, pues crecen rápidamente y se desvanecen con la misma rapidez. En suma, desconfiaba del “activismo de sofá”, es decir, querer cambiar el mundo con un clic.

Con la muerte de Bauman se va una de las plumas más críticas con la sociedad contemporánea, individualista y despiadada. Quien fuera uno de los más importantes e influyentes observadores de la realidad social, fuerte crítico del liberalismo impulsado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Plasmó con diligencia el actual descontento ciudadano frente a un mundo que no ofrece seguridades. Estableció al “precariado” como una nueva forma de proletariado, con la diferencia de que no tiene conciencia de clase. Fue un personaje muy respetado por los movimientos de indignados tales como los del 15-M de España o los Occupy Wall Street de Estados Unidos, pues él comprendía sus motivos y se interesaba por sus experiencias, pero también les señalaba sus debilidades e incongruencias, convencido de que era más fácil unirse dentro de la protesta que en la propuesta.

 

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