Para los confusos, para quienes no sabemos a dónde nos llevarán nuestros pasos de baile. Cuando no se encuentra la respuesta, huyendo a la idea del auto-sabotaje. Porque los ritmos te llevan lejos de donde quieres bailar o elegiste a la persona menos indicada para menear las caderas contigo. Cuando sólo buscas alivio y un paso firme que te haga volver a bailar esa canción que tanto te gusta. Para todos los que estamos tratando de no perdernos va este Chicle de Menta.

Bailar bien, bailar mal… Esta canción está incluida en el cuarto álbum de estudio del chileno Gepe, titulado GP. Después de este disco Gepe encontró que no puede escribir fórmulas, decidió que sus letras (a partir de ese momento) se basarían en lo que pasa en su vida y lo que dicta su corazón. Esta canción habla justamente de encontrar nuevamente el ritmo, o más bien cuestionarse cuál es el sentido de bailarlo.

“¿Bailar bien, bailar mal? Ésa es la pregunta, ¿o sólo es bailar? Tengo lo que soy y nunca voy a cambiar, tengo lo que cambia ahora no fui nada más. Tengo lo que soy a veces nada más, lo sé muy bien…”.

Ya, mucho cuestionamiento. La realidad es que debemos asumir las consecuencias de nuestros actos, hasta la física lo dice: para cada acción hay una reacción. Pero igual, aunque sea pesado o incomodo, no es algo que nos dictamine: ¡yo quiero vivir todos los días de mi vida bailando!

“Y cada sábado morir en la pista: ¡Y cada sábado morir en la pista! Prefiero divagar a funcionar yo quiero otra historia, otro final”. Danky, Tunacola, 2014.

Y es que al final del día, la vida es un recorrido que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de cruzar… de construir. Nos mueve el amor, en cualquier obscura o maravillosa dirección. Y el amor más bonito e increíble es el que nos manifestamos todos los días frente al espejo… ¡crucemos los dedos!

 

 

 

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