Un día lejano habiéndola olvidado

encontrarás su perfume enredado al colchón.

Dirás tal vez que su aroma fue suave

como lo era su piel y

las comisuras de sus labios.

Ella era, bella gimiendo, llena de deseo un día de mayo

en el que te dejabas llevar por el humo…

Levedad en la altura

fuego entre muslos

y una persiana abierta para verla

de cerca

o comérsela

con mantequilla

y un taladro de música de fondo.

Ondulando hierba, estera vacía

ficha invertida

vinilo de los ochenta dentro de un melandro alado.

Ayer y perder

dados sin par

camuflando a tu Samsa,

metamorfosis inútil.

Traspasar el orden

detonar archipiélagos de pensamientos turbios

no poseer.

Aceptar el placer

teniéndola dentro

conduciendo su boca con las manos

intuyendo el instante ciego.

Ayer es pasado y hoy a pesar de la aurora

el plazo aniquila “el después”.

Estás solo de nuevo en medio de minutos eternos

la bruma del asfalto, la humedad en el trópico

tu cuello menguado en ella, selva expectante.

Ayer se hace

extraño.

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